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Martes, 19 de Junio 2018

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- Bancarrota educativa

Por: Jaime García Elías

- Bancarrota educativa

- Bancarrota educativa

Para los jilgueros del sistema, el tema de la educación –hablando de “Los Grandes Retos Nacionales” (así: con mayúsculas)— tiene una ventaja significativa con respecto a los relacionados con la seguridad y la salud: que éstos aportan cifras funestas para la estadística (tantos muertos al día por la violencia en las calles; tantos más por falta de atención, por atención tardía, por errores o negligencias médicas), en tanto que las insuficiencias, vicios institucionalizados y rezagos acumulados en materia de educación parecen ser incruentos…

Habría necesidad de aplicar un mecanismo dialéctico demasiado sofisticado para encontrar la relación de causa a efecto entre una buena (o mala) educación y las expectativas o la calidad de vida de las personas.

-II-

En todo caso, a partir de paradojas que se dan en México, como la deficiente vinculación entre la educación que ofrecen las universidades y las necesidades del mercado laboral, o el fenómeno de que los niveles de desempleo parecen ser directamente proporcionales a los niveles de educación que se tiene (a mayor escolaridad, más desempleo), es probable que vengan al caso las reflexiones de Moisés Naím (“El País”, Madrid, II-18-18) acerca de la que él llama “la mayor estafa del mundo: la educación”.

Naím señala que una gran parte del dinero que se invierte en educación en el mundo (un 5% del producto mundial bruto anual), “se pierde”. Señala que los mil 500 millones de niños y jóvenes que diariamente van a la escuela, “aprenden poco o nada que les vaya a ser útil para moverse eficazmente en el mundo de hoy”. Con datos del Banco Mundial, consigna que “entre 1950 y 2010, el número de años de escolaridad completados por un alumno promedio en los países de menores ingresos –México, obviamente, entre ellos—, se triplicó.

Sin embargo –apunta—, “escolaridad no es lo mismo que aprendizaje”. La suma de ausentismo de los mentores, mala alimentación de muchos niños y jóvenes, falta de materiales didácticos, equipos y laboratorios, precariedad de las aulas y que “muchos maestros (…) son tan ignorantes como sus estudiantes”, con el agravante de los altos niveles de corrupción en los sindicatos de trabajadores de la educación (“partes importantes de los sustanciales presupuestos para la educación no benefician a los estudiantes sino a los burócratas que controlan el sistema”, indica el artículo), sería la “bancarrota educacional” que el autor ofrece como desoladora conclusión.

-III-

Moraleja de la historia: “Por eso estamos como estamos…”.

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