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Viernes, 19 de Octubre 2018

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- “¡Ah raza…!”

Por: Jaime García Elías

- “¡Ah raza…!”

- “¡Ah raza…!”

Como no se trata de hechos aislados sino de prácticas recurrentes, cotidianas, es válido como tema informativo el asunto que un diario local (“Mural”) ha manejado a últimas fechas: el robo de piezas metálicas del equipamiento urbano: desde las letras de bronce en los pedestales de estatuas y monumentos, y del alambre de cobre en las instalaciones del alumbrado público, hasta bancas de plazas y jardines, hidrantes, tapas de alcantarillas y registros, postes de arbotantes, etcétera, pasando por la espada que blandía, gallardo y desafiante, representado en bronce, desde su nicho en la inmortalidad, entre el bullicio permanente del Mercado Corona, hasta antes de que los cacos incurrieran en la insolencia de dejarlo con el inerme puño en alto, el “Amo” Torres.

En efecto (como decían, entre suspiros, las abuelas de antes): “¡Ya no hay moral…!”.

-II-

En el Ayuntamiento de Guadalajara hay una dependencia encargada de la misión –por demás ingrata e ingente– de confeccionar y actualizar el inventario de los faltantes. Es la Dirección de Mantenimiento Urbano. En el inventario referido se incluyen (o deberían incluirse) edificios, mobiliario y espacios públicos, y, en general, todos los elementos cuya sustitución, reparación y mantenimiento corresponden a la administración municipal... El titular de dicha dependencia, Gabriel Real, afirma que ni el paso del tiempo ni el rigor de los elementos causan tantos estragos como el vandalismo, el grafiti y los robos.

-III-

Ante la imposibilidad de poner un policía en guardia permanente al lado de cada elemento del mobiliario público susceptible de ser blanco de vándalos y rateros, o de someter a vigilancia e inspecciones sistemáticas los centenares de fundidoras dispersas por el monstruo de ciudad en que nos tocó vivir, y ante la desoladora y cotidiana demostración de que los ladrones suelen ser más astutos que los policías –condenados por el destino a hacer el papel de los tontos de Patolandia–, sólo queda resignarse ante un fenómeno que refleja dos realidades: una, que la necesidad no sólo es la madre del ingenio o de la industria, como dicen algunos refranes, sino también del delito; y la otra, que si el ciudadano ve en sus gobernantes la preocupación por sus beneficios personales y de grupo como la norma suprema de sus actos, pedirle muestras de respeto por la casa de todos e interés por el bien común, es como pedirle peras al olmo… o guayabas al nopal, para que lo entendamos mejor.

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