Miércoles, 19 de Febrero 2020
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- Abyección

Por: Jaime García Elías

- Abyección

- Abyección

Sus adversarios -como él denomina a sus críticos, porque es obvio que aún no acaba de entender... o nadie ha tenido el valor de explicarle que criticar significa juzgar de las cosas basándose en los principios de un arte, una ciencia o cualquier otra disciplina, y que la crítica seria, informada y honesta es un ejercicio constructivo- dirán que es una abyección. Juan Gabriel se hubiera limitado a preguntar: “Pero, ¿qué necesidad…?”.

-II-

Se trata de los afanes que, de manera conjunta, realizarán las secretarías de Educación y Turismo, al efecto de hacer en el calendario escolar los ajustes necesarios para acatar la que se planteó como una propuesta, pero a la que se ha dado el rango, si no de orden perentoria, sí, al menos, de capricho que será mejor acatar para no caer de la gracia del tlatoani. (Después de todo, ya se sabe que la política es, para los subordinados, “el arte de tragar sapos sin hacer gestos”).

Como se explicó en su momento, la intención es revertir una de las herencias de las administraciones neoliberales: no la relacionada con el Horario de Verano, que hasta la fecha -casi un cuarto de siglo después- sigue  generando resistencias, sino la de sustituir los feriados en el calendario cívico por fines de semana largos (sábado, domingo y lunes). El cambio, en su momento, se implementó con la intención de acabar con los “puentes”, en que un feriado que cayera en martes o jueves era, para muchas personas, una tentación irresistible para juntar el lunes anterior o el viernes siguiente con el correspondiente fin de semana, lo que generaba ausentismo laboral, pero principalmente estudiantil.

-III-

La “explicación de motivos” -como se dice en la jerga legislativa- para la propuesta, capricho u ocurrencia referida, consiste en que descansar el 5 de febrero, el 21 de marzo, el 5 de mayo, el 16 de septiembre y el 20 de noviembre -aunque eso obligue a hacer maromas para ajustar el calendario escolar-, acrecentará, ipso facto, el conocimiento de algunos de los capítulos más notables de nuestra historia y eventualmente generará la imitación del ejemplo de los héroes por parte de todos los ciudadanos...

Vaya: como si hacer efectiva esa buena intención no dependiera, en teoría, de las enseñanzas de maestros bien preparados, y, en la práctica, del ejemplo de gobernantes sensatos y honestos… (que, por desgracia, en este bendito país parecen haber sido la excepción y no la regla).

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