El sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa que requiere atención cuidadosa para evitar complicaciones y reducir el riesgo de contagio a otras personas. Aunque no existe un tratamiento específico, los cuidados en casa y el aislamiento son esenciales para favorecer la recuperación.Lo primero es mantener reposo absoluto y permitir que el cuerpo combata la infección. El paciente debe permanecer en un ambiente ventilado, tranquilo y con luz tenue, ya que la luz intensa puede agravar la irritación ocular provocada por la enfermedad. También es importante hidratarse constantemente, bebiendo agua, caldos o sueros orales para prevenir la deshidratación que suele acompañar a la fiebre. La alimentación ligera y rica en nutrientes —como frutas, verduras y sopas suaves— ayuda al organismo a recuperarse más rápido.La fiebre y el malestar general pueden controlarse con medicamentos antipiréticos o analgésicos recetados por un médico, nunca automedicándose. En caso de presentar tos intensa o dificultad para respirar, se debe buscar atención médica de inmediato. El aislamiento es clave: el sarampión se transmite por vía aérea, por lo que el enfermo debe permanecer separado de otras personas, especialmente niños no vacunados, embarazadas y personas con defensas bajas, durante al menos cuatro días después de la aparición del sarpullido.Por último, es fundamental mantener actualizadas las vacunas de todos los convivientes para evitar nuevos contagios y seguir las indicaciones del personal de salud. Con los cuidados adecuados, la mayoría de los casos se resuelven sin complicaciones graves. EE