Lunes, 20 de Septiembre 2021
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Ladrillo a ladrillo, Luis Vázquez construye su "sueño americano"

Llegó a Estados Unidos en 1994 y luego de mucho trabajo en 2005 fundó Toro Construction. Junto a su esposa y su hermano también ha emprendido en la industria restaurantera

Por: El Informador

Ladrillo a ladrillo, Luis Vázquez construye su

Ladrillo a ladrillo, Luis Vázquez construye su "sueño americano"

Más de 3 mil kilómetros separan San Julián, Jalisco, con Chicago, Illinois. Pareciera que es mucha distancia entre dos ciudades que no podrían ser más diferentes. Por la avenida Michigan, donde se concentra el metro cuadrado más caro de Estados Unidos, circulan diariamente más habitantes de los que viven en el pueblo de la Sierra Sur jalisciense. Sin embargo, hay algo, que une estas dos ciudades tan diferentes: casi todos los habitantes de San Julián tienen un familiar viviendo en Chicago o en sus alrededores.

Una de las empresas hispanas de construcción más grandes es propiedad de una familia que está orgullosa de sus orígenes en San Julián. Luis Vazquez, fundador y vicepresidente de Toro Construction, es el protagonista de otro “sueño americano” que hoy vale la pena contar en estas páginas. Con sangre, sudor y lágrimas fue, literalmente, colocando ladrillo sobre ladrillo para construir ese sueño.

La empresa factura miles de horas y genera cientos de empleos. ESPECIAL

San Julián es reconocido por su devoción católica, que viene de hace exactamente 100 años, en que se registró el primer levantamiento armado de la Guerra Cristera entre el Gobierno y las milicias de católicos que se resistían a limitar y controlar el culto religioso en México. Es por esa devoción que la fiesta principal de La Candelaria, que se celebra cada 2 de febrero y que dura casi dos semanas, marca a todos los nacidos en San Julián. Luego de aquellas fiestas de 1994, Carlos Vázquez, hermano de Luis, decidió que era el momento de migrar en busca de mejores oportunidades. Llegó a Chicago en mayo de aquel año. En Julio, ya estaban ambos hermanos de aquel lado de la frontera.

El duro camino del ascenso

Luis trabajó primero en un restaurante mexicano, donde sólo recibía un plato de comida al día. Le fueron dilatando el pago semanal y, al final del primer mes, se tuvo que ir sin nada. Luego se fue a una panadería en un suburbio de Lincolnwood. Eran dos horas de transporte público y media hora caminando para llegar (y el mismo tiempo para volver) Ganaba el mínimo de 5 dólares la hora y trabajaba hasta 12 horas para poder terminar de pagar deudas que tenía en México.

En 1995 su hermano Carlos ya estaba trabajando en una tortillería en Pilsen y le consiguió trabajo a Luis por 5.75 dólares la hora. Ahí duró casi tres años. En 1998 entró a trabajar a una fábrica de paneles de cemento donde le pagaban 9 dólares la hora. Para ganar un poco más que el promedio debió inscribirse como miembro de la Unión de Carpinteros de Chicago. Aquella tarjeta de afiliado al sindicato, de la que se burlaban muchos de sus compañeros, fue su tabla de salvación cuando lo despidieron por recorte de personal un año después. Como miembro del sindicato pudo acceder a estudiar múltiples cursos que lo capacitaron para ser supervisor de obra.

Un cuñado le consiguió un trabajo en una constructora mientras estudiaba. Apenas dormía 4 horas diarias, porque ya tenía responsabilidades familiares tras casarse con Socorro Vázquez. Los estudios que le dio el sindicato le permitieron poco después asumir como superintendente de obra y ganar mejores salarios, lo que lo llevó a pasar por diferentes constructoras.

Ujaama Construction, American Enterprises y Oakley Contruction fueron empresas que le sirvieron durante casi 10 años de escuela y también como escalones de su ascenso como jefe de obra. Fue precisamente en Oakley donde, además de su trabajo operativo, pidió permiso para trabajar gratis en la oficina y aprender sobre el papeleo administrativo necesario en cada obra. Eso le ayudaba a completar el conocimiento que él sentía sería bueno para tener su propia empresa algún día.

La semilla del sueño

Ya en 2005, junto a su esposa, fundó Toro Construction. Era un sueño de papel que nada más tenía un acta fundacional, ya que aún no tenían el capital para iniciar operaciones. Pero la semilla del emprendimiento propio está plantada desde esa época.

En 2010 hubo un primer intento de independizarse. Luis y su esposa sacaron dinero de su fondo de retiro y apostaron a tratar de crecer el negocio, pero no pudieron avanzar como esperaban. Había que mantener 3 hijos y el sueño debía aplazarse un poco más.

Recién a finales de 2013 se dieron las condiciones para abrirse como contratistas independientes. Tenían el capital para cubrir un año por adelantado de las cuentas básicas de su casa y eso les daba la posibilidad y libertad de emprender a través de Toro Construction. Todavía Luis recuerda aquel 1 de enero de 2014, como su primer día sin “trabajar para otros”.

En aquel enero de 2014 Luis era el único empleado de Toro Construction. Su hermano Carlos y su esposa Socorro, se le unieron meses después. Facturaron 3 mil 700 horas de trabajo aquel año y terminaron con 18 empleados.

En 2019, apenas 5 años después, la compañía ya tenía decenas de proyectos con más de 252 trabajadores en nómina y 220 mil 400 horas facturadas. La pandemia golpeó a todas las industrias. Y aunque en 2020 Toro Construction debió reducir su operación, ya en 2021 están nuevamente en la ruta del crecimiento. 

Apostar al sueño

Con tanto trabajo las visitas a San Julián ya no son tan frecuentes, aunque siguen muy conectados con tíos y primos en México.

El duro trabajo les ha abierto muchas posibilidades de negocios. Han invertido en restaurantes y están abriendo otras subsidiarias. Su más reciente desafío es la puesta a punto de una fábrica que estaba abandonada y que se convertirá en la primera de panelización para edificios de Chicago.

Luis les deja a sus trabajadores el mensaje de que no importa si eres un simple ensamblador o un carpintero, siempre tendrás oportunidades si te aferras a tus sueños y te capacitas.

Hay muchas exageraciones y novelas sobre el “sueño americano”. Nada se da de un día para el otro. No se trata de “suerte” o de “milagros” sino de trabajo constante, fuerte, enfrentando las adversidades, con una meta y un plan. Luis Vázquez pudo construir su futuro y hoy vive ese sueño, pero cada mañana recuerda que no ha sido ni será fácil. Lo importante, dice, no es llegar sino mantenerse.

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