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Jueves, 13 de Diciembre 2018

Punta de lanza en la ciencia

El legado de António de Sommer Champalimaud se mantiene vivo a través de su fundación

Por: El Informador

Centro de investigación de la fundación. EL INFORMADOR / J. Pérez

Centro de investigación de la fundación. EL INFORMADOR / J. Pérez

Hay empresas que son posibles sólo gracias a grandes donaciones de sumas, en busca del bien común. Tal es el caso de la Fundación Champalimaud, cuya creación fue estipulada en el testamento de António de Sommer Champalimaud, fallecido en 2004. Quien fuera en su momento el magnate más acaudalado de Portugal legó  500 millones de euros para utilizarse con fines científicos: su deseo se materializó tras su muerte con la Fundación Champalimaud, un centro de investigación avanzada, con una plantilla especializada en temas de neurología, cáncer y la oftalmología, al mismo tiempo que es también una clínica de atención para pacientes.

Esta doble cualidad de estar a la vanguardia en la ciencia y de allí mismo ofrecer a la gente los beneficios de la investigación tiene un especial sitio en la llamada “ventana de la esperanza”, un espacio en el que se vinculan ambas vocaciones de la fundación. A través de ese ventanal los pacientes y sus familiares pueden observar a los trabajadores de la fundación: médicos y científicos que investigan día a día. La mirada es recíproca: los investigadores ven a la gente que se beneficiará de sus trabajos.

Sus programas de investigación buscan ser únicos en el mundo, tanto en equipo como en los proyectos que desarrollan. Por ello la fundación tiene un potencial internacional en cuanto a los profesionales de la ciencia que acuden. Prueba de ello son los dos mexicanos que tendrán una conferencia sobre la fundación: Yazmín Ramiro Cortés y Fatuel Tecuapetla, quienes se presentarán dentro del programa La FIL también es Ciencia, en la actividad “Dos neurocientíficos mexicanos en Portugal”.

La plantilla de profesionales que brindan su servicio como médicos es de 110 en total: sumado a los investigadores, son cerca de 400 personas. Al igual que los mexicanos que pasaron por la fundación, hay muchos científicos de diferentes países que confluyen en la Fundación Champalimaud, gracias a las estancias y becas. Desde la fundación, un premio instaurado en 2007 es relativo al área de oftalmología: el Premio de Visión António Champalimaud.

Un programa de punta en las investigaciones sobre el cáncer echa mano de peces para descubrir cómo será el avance de los tumores. Presente ya en la prensa científica, este programa utiliza peces cebra a los que se les inocula una muestra del cáncer del paciente en cuestión.

Ya que el metabolismo de este tipo de pez es mucho más rápido que el del ser humano, en los animales se ve cómo el tumor se desarrolla y evoluciona. Observar su comportamiento permite que sea posible crear tratamientos más concretos de aplicación, específicos para cada paciente. Entre los tipos de cáncer que investigan con mayor ahínco está el cáncer de páncreas, que sin ser uno de los más comunes, sí es uno de los más mortales. También investigan el cáncer de mama.

Al ser al mismo tiempo una clínica y un laboratorio de investigación, el equipo de la Fundación Champalimaud está muy consciente de la importancia de la divulgación científica. Por ello cuentan también con un auditorio en el que con frecuencia se presentan escritores, artistas y músicos para sostener charlas con investigadores o dictar conferencias sobre temas científicos. Esto propicia una mirada novedosa sobre la ciencia: no la del experto que le habla a sus pares, sino la de los curiosos que han comprendido sus secretos y los comparten con el público general. Entre las celebridades que han pasado por su ciclo mensual de conferencias está la escritora Hélia Correia, parte de la delegación portuguesa en esta FIL.

Físicamente, la Fundación Champalimaud ofrece a sus visitantes la experiencia estética, pues también resulta un inmueble atractivo por su arquitectura. Su aspecto exterior se embellece al estar ubicado frente al Río Tajo, cercano a la Torre de Belém, polo turístico de Portugal.

En el interior de su clínica hay un vistoso jardín botánico, con una amplia muestra de la fauna ligada al espíritu portugués: allí hay árboles y plantas de los países que Portugal exploró durante su esplendor en la navegación.

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