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Viernes, 06 de Diciembre 2019

Pasión por la historia, pasión por las palabras

José María Murià  es el más reciente integrante de la Academia Mexicana de la Lengua y una de sus preocupaciones está en cuidar el lenguaje regional 

Por: Jorge Pérez

Pasión por la historia, pasión por las palabras

Pasión por la historia, pasión por las palabras

La Academia Mexicana de la Lengua tiene un nuevo integrante: José María Murià, quien hace unas semanas dio el discurso “La palabra charro” en la ceremonia realizada en Zapopan. Con una larga vocación como historiador, José María ha tenido también una preocupación por el lenguaje regional: “Recurría con mucha frecuencia a vocablos de Jalisco. Desde hace tiempo traigo un pleito, una campaña: venía de Poza Rica (Veracruz) en coche y por poco y choco al entrar a Hidalgo y veo ‘Hidalgo, cuna de la charrería’. Se me retorcieron las tripas porque pensé que nos lo estaban robando. Por un lado los nayaritas quieren el mariachi; estos la charrería… las Chivas hechas un desastre, ¡ya no nos va a quedar nada! Hasta el tequila se lo están quedando los extranjeros”, bromeó el académico en entrevista.

Su trabajo presentado es una defensa del origen jalisciense de la charrería: “Es fundamentalmente alteño (me llevo a Aguascalientes, que con la región de Lagos son gemelas, están muy ligadas). Me encontré con la pregunta del origen de la palabra charro. Ingenuamente, pensé que como ‘tequila’ y ‘mariachi’ son palabras que proceden de los idiomas originales de Jalisco, pensé que ‘charro’ también. Empecé a escarbar y me encontré con una sorpresa”. En discurso en El Colegio de Jalisco también refirió a otras expresiones, como “¡Charros!” en un sentido de interjección, o “el líder charro… que también es una expresión muy nuestra”.

En dicha sesión estuvieron cerca de diez académicos de la institución que ahora lo recibe, también por la coincidencia de haber tenido lugar dentro de los días de la reciente FIL: “Gané el pleito de que la ceremonia se hiciese aquí y no en México. Lo normal es que se hubiera llevado a cabo en las oficinas de la Academia. Me pusieron por condición que fuera durante la Feria del Libro”.
El encargado de responder su discurso fue Felipe Garrido, también académico y jalisciense: “Habló un poco de mi trabajo y a partir de allí hizo una especie de canto a la importancia de Jalisco en la literatura mexicana. Se sumó a las porras a Jalisco. Acabé hasta hablando de los Charros de Jalisco”.

Murià rastreó el origen léxico hasta España: “Tenía una idea de los ‘charros’ en España, diferentes a los nuestros, pero se les llaman charros. Es muy probable que la palabra se haya traído de allá. Hay una casi homofonía entre charro y ranchero: tienen un parentesco en el sonido. La sorpresa que me llevé fue que pensaba que la palabra venía de muy lejos, pero no: resulta que es una palabra bastante nueva entre nosotros. Eso dio lugar a que se produjera esta especie de apropiamiento de los hacendados de Hidalgo de la palabra y del atuendo charro”.

En su investigación encontró que la palabra “charro” deriva a finales del siglo XIX, cuando se empieza a generalizar: “Lo mismo para referirse a los rancheros alteños (con su uniforme, dominio del lazo y del caballo) y a los de Hidalgo. Se vestían de charro, pero no hacían las faenas: para eso tenían a la peonada”.

El origen

En esa investigación a favor de la defensa de lo jalisciense el doctor en historia dio con el origen exacto de la palabra: “Sí venía de España, pero no de Castilla, la región de Salamanca, donde se encuentran los charros: viene del vasco. En el euskera existe la voz ‘char’. Lo divertido es que en el País Vasco ‘charro’ tiene un significado bastante triste: gente débil, falsa, holgazana. Lo interesante es que la palabra ‘charro’ empieza así, pasa por España pero en México asume todo lo contrario”.

La inclusión del investigador a la Academia Mexicana de la Lengua resalta el sentido histórico de las palabras, pues “La lengua no se abre solo a la literatura, sino al uso de la lengua. Ahí está Eduardo Matos Moctezuma, que estuvo presente en la ceremonia: él es arqueólogo. O Javier Garciadiego, que también es de la Academia Mexicana de la Historia. No hay que ser literato para estar allí: hay que abrir el espacio. En efecto, pensando en el trabajo que he hecho a lo largo de la vida sí hay una preocupación por los temas del lenguaje. Y últimamente en el lenguaje regional. No ha salido el libro todavía, pero le he aportado a un diccionario que está haciendo la Academia Mexicana de la Lengua desde hace muchos años: es una buena cantidad de palabras rescatadas de Jalisco. Entre novelas, o cuando voy a algún pueblo y me meto en la cantina, escucho el habla y pesco palabras. Sin darme cuenta sí es cierto, me he preocupado bastante por el lenguaje”.

Además de su incorporación a la mencionada academia, otro reconocimiento reciente fue la entrega de la Presea Vito Alessio Robles, en Saltillo: “Se concede cada año, ellos consideran a Vito Alessio Robles como el papá de la historiografía regional del Noroeste de México. Por el tipo de gente al que se lo han dado se ha convertido en el más importante, o por lo menos el más sonoro, en cuanto a la historia regional mexicana. Me siento muy contento: hablaré de la importancia de la historia regional”. El trabajo que presentó al recibir la presea lo tituló “Historia regional versus Historia nacional”.

Desconocen sus tradiciones

Durante su contacto con los charros, José María lamentó el poco conocimiento histórico que tienen sobre el origen de sus propias tradiciones: “A veces entristece un poco la poca consciencia histórica que tienen nuestros charros. Cuando les preguntaba por qué el sombrero tan grande, tan ancho, decían ‘Es para protegerse de la caída del caballo’. Para eso mejor un casco; no se verán muy lucidores pero será más eficiente. Pero no: ese enorme sombrero es típico de los grandes desplazamientos de ganado. Primero por estar en espacios muy abiertos a pleno Sol. Y segundo, porque el mismo sombrero sirve para azuzar el ganado también”.

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