La discapacidad abre diálogo en el FICG con el panel "Hacia un cine en expansión y verdaderamente diverso"
En el evento se discutió que la inclusión de las discapacidades no debería mostrarse solo en la gran pantalla, sino ocurrir tras bambalinas
“La accesibilidad va más allá de una rampa”, con esa declaración en mente, el actor y activista Paulo Silva, la directora de sonido y deportista Adriana Carrillo y el director José Camacho Cabrera, moderados por la actriz Martha Claudia Moreno, dieron inicio al panel “Hacia un cine en expansión y verdaderamente diverso”, una plática sobre la representación de todas las discapacidades en el cine así como sus retos de inclusión y accesibilidad. La presente se llevó a cabo al interior del Conjunto Santander dentro del marco de las actividades del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) en su edición 41.
¿Por qué hablar de la representación de personas con discapacidad en el cine? Ante un público callado, Moreno lanzó estadísticas más que claras: “hay más de 20 millones de personas con discapacidad en México, de las cuales un 70% poseen una condición no visible”. La actriz refirió que no entablar un puente en la industria cinematográfica y las discapacidades equivale a cerrar las puertas a un sector con pleno derecho a existir de todas las formas posibles. Para Moreno, el pensamiento capacitista, que es el prejuicio a los cuerpos de los demás, suele permear las narrativas fílmicas, algo que ha desencadenado un estigma histórico que polariza la percepción hacia las personas con discapacidad: “se cae en el escarnio o en lo monstruoso en las historias”, apuntó Moreno.
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Silva, por su parte, mencionó que en los ámbitos laborales, como en el cine, “aún no se concibe a las personas con discapacidad como actores, como profesionales”. Dicha falta de representación apunta, más que nada, primero al miedo que tienen algunas personas y, a la falta de inaccesibilidad en las estructuras de los sets y, en un aspecto más grande, de las ciudades. “La accesibilidad, va más allá de una rampa, debemos considerar que hay hasta cinco tipos de discapacidades, cada una con su necesidad específica. Incluso nosotros [las personas con discapacidad] no las conocemos todas”. Silva también compartió que, al momento de interpretar un papel, el director debe considerar “¿cómo personalizar cada experiencia? […] En mi caso, mi silla de ruedas es una expansión de mi cuerpo”.
La directora de sonido, Adriana Carrillo, añadió que la inclusión de las discapacidades no debería mostrarse solo en la gran pantalla, sino ocurrir tras bambalinas; “lo ideal sería que estemos involucrados desde el comienzo, […] que la discapacidad sea parte de los procesos técnicos y creativos”, justamente para tener un arte más multisensorial. “Yo soy ciega, así que mido los espacios de una película a través del sonido”.
Carrillo puso como ejemplo el trabajo que hizo como sonidista de José Cabrera para su documental “Las hijas del viento”. Esta refirió que es por esa asesoría que el largometraje es “tan ruidoso”, porque permite imaginar sus escenarios. Carrillo indagó en que cierta renuencia del gremio para contratar personas con discapacidad está ligada a no querer pagar lo que cuesta adaptar un entorno laboral.
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¿Desde dónde comenzar a construir puentes entre el cine, la accesibilidad y las discapacidades?
“Los directores tienen miedo”, dijo Silva, quien externó que el rechazo a la discapacidad no es un hecho aislado, pues se trata más de un fenómeno histórico que le continúa ocurriendo a las personas racializadas, al colectivo queer LGBTQ+ y a cualquier grupo minoritario segregado por no encajar en la hegemonía social. El actor puntualizó que “acercarse y preguntar a las personas con discapacidad sería el primer paso; ver al impedimento como una oportunidad. […] Tengo amigos que me dicen, ¿Oye, pero no es muy forzado? Bueno, sí, ¿lo es? Ya es momento de forzarla”.
Moreno constató que “la discapacidad es un ejercicio de expandir la mirada”, de preguntarse: ¿qué podemos hacer para ser diversos? Para Silva, Cabrera y Carrillo y ella, si la industria del cine quiere tener un verdadero cambio, primero debe contar con “las ganas y la disposición; tener buenas condiciones laborales; realizar ajustes razonables; y, en el mejor de los casos, contar con un ‘coordinador de accesibilidad’”. La actriz fue empática con el público al insistir que “ignorar tiene la connotación de no querer ver; desconocer, en cambio, es legítimo”.
Por último y, a manera de ejemplificar los aciertos en series y películas que retratan las discapacidades, los panelistas recomendaron mirar “37 segundos”, “Operación Palermo”, “Ojitos de huevo” o, la más reciente, “Santita”.
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MB