Sábado, 08 de Agosto 2020
Suplementos | Josep-Lluis Carod-Rovira habla sobre el futuro posible de Cataluña

Un matrimonio roto

De cara a la consulta soberanista del 9 de noviembre, Josep-Lluis Carod-Rovira charló con esta casa editorial sobre los escenarios que se abren en Cataluña

Por: EL INFORMADOR

Carod-Rovira asegura que la comunidad catalana lo único que busca es el derecho a decidir sobre su separación de España.  /

Carod-Rovira asegura que la comunidad catalana lo único que busca es el derecho a decidir sobre su separación de España. /

GUADALAJARA, JALISCO (08/JUN/2014).- Josep-Lluis Carod-Rovira es más que un ex vicepresidente de la Generalitat de Cataluña. Es un hombre que despierta encarnizadas controversias. Un independentista declarado y sin ambigüedades, sólo basta con seguir sus debates en internet o lo provocador de sus argumentos. No esconde su narrativa tras frases hechas o puntos comunes cordiales con la corrección política. Utiliza el humor como una poderosa arma política que reafirma sus principios independentistas, republicanos y pluriculturalista. “Soy independentista porque me da la gana”, lo dice con orgullo y sin temor. Reconoce los factores políticos, económicos y sociales que han provocado que el independentismo en Cataluña se convierta en la identidad política hegemónica, pero aunque les concede peso, prefiere la voluntad y la decisión individual. “Catalán es quien quiere ser. Es el primer proyecto político independentista no nacionalista, no étnico” señala Carod-Rovira convencido de que en Cataluña se construye un proyecto estatal fincado en la pluriculturalidad y la diversidad actual existente, donde se hablan más de 200 lenguas.

Más que como un sistema político, la relación entre España y Cataluña, ante los ojos de Carod-Rovira, embona en el molde de un matrimonio, no muy feliz. Es, desde su punto de vista, un matrimonio sin una pieza, una unión en la que uno de ellos es reticente. No hay voluntad de ambos “cónyuges”, lo que en términos políticos, es una condición sine qua non para construir un sistema federal que permita que españoles y catalanes compartan un proyecto en conjunto. “Todos los intentos de construir una España plurinacional y que coexista en diversidad, han nacido de Cataluña. Nunca de España. Es como quien se quiere casar, pero aún no tiene novia. Nadie quiere federarse con Cataluña y así es imposible”. Así, ha quedado claro durante la historia, señala Carod-Rovira, que “España es alérgica a la diversidad. Siempre llega tarde”.

“El pueblo de Cataluña fue humillado”
El último de esos intentos fue el llamado “Estatut” ilegalizado por el Tribunal Constitucional de España y que fue severamente atacado por el conservador Partido Popular (PP), que impugnó 114 artículos, a pesar de que 88 por ciento del Parlamento catalán había dado su beneplácito al estatuto de autonomía que descentralizaba algunas competencias, pero que excluía los elementos más controversiales para Madrid (la definición de nación, por ejemplo). “El pueblo de Cataluña fue totalmente humillado con el estatuto. Fue vejado por el Tribunal Constitucional a pesar de que fue aprobado en el Parlamento de Cataluña, rasurado por completo en el Congreso de los diputados y, aún así, ratificado en referéndum por los catalanes. Eso nos hizo entender que ya nunca más pediríamos la independencia, la siguiente vez haríamos un referéndum, pero para proclamar la independencia”, sentencia en tono molesto el también profesor de Diversidad social en la Universidad Pompeu Fabra. Otros especialistas en la materia como Germá Bel, en su libro Anatomía de un desencuentro, identifican en la ilegalización del Estatuto el origen de una gran indignación de los catalanes que vieron que “por las buenas” era muy difícil.

Y es que para Carod-Rovira, el razonamiento no es tan complejo. El arreglo territorial y autonómico de la Constitución de 1978, tuvo significaciones radicalmente distintas para los catalanes y para el estado español. Mientras para los primeros, como dice el propio Carod-Rovira, “significaba un punto de inicio”, para los segundos simplemente era ya un “modelo acabado”. Esta dicotomía plantea una diferencia esencial y programática: el margen de negociación es casi nulo. “Nunca entendieron en España que la autonomía significaba un primer paso, pero que la intención del pueblo catalán y su conciencia como nación, nunca se van a limitar a un proceso concluido, cerrado y finalizado”. Esto ha generado un desfase palpable, y si a eso se agrega, que la vía reformista ha perdido fuerza entre los catalanes (según demuestra la mayoría de las encuestas que sitúan el federalismo como una lejana segunda opción después de la independencia), o como lo dice Carod-Rovira: “Vemos a España como una entidad lejana, con poca importancia. Ahí está el caso de la abdicación del Rey, para nosotros es como si hubiera abdicado el Rey de Bélgica. Ya nos es indiferente”.

“Sólo queremos votar”
Más que en los derechos históricos o en una cultura compartida, o incluso en esa idea de nación compartida que tienen los catalanes desde hace siglos, para Carod-Rovira lo que está en juego es la democracia. Hay que recordar que la consulta soberanista planteada por el Presidente de la Generalitat Artur Mas, y una alianza de partidos a favor del “derecho a decidir” (Esquerra Republicana de Catalunya o Iniciativa Per Catalunya), en donde se preguntará a los catalanes sobre la posibilidad de tener un Estado propio, está pactada entre las fuerzas catalanistas a tomar lugar el 9 de noviembre del año curso. Sin embargo, la consulta ha entrado en una especie de “incertidumbre jurídica”. Todo parece indicar que el Tribunal Constitucional de España ilegalizará la consulta, lo que obligará a que el Parlamento Catalán apruebe una ley de consultas para celebrar el ejercicio en las urnas. Y aunque el resultado no sería “vinculante” en estrecho sentido, si sería un pulso sobre los equilibrios políticos sobre este tema en la sociedad catalana. “En caso de que gane el Sí en la consulta, sería un mensaje político muy claro hacia el mundo que España no podría negar o ignorar. Lo único que queremos es votar, que nos dejen decidir esto de forma democrática. Europa se ha trazado en guerras y sucesiones dinásticas, nosotros queremos hacerlo en las urnas”, afirma Carod-Rovira que como el tono de su libro que acaba de publicar (2014, la Hora de Cataluña; traducido al castellano por José María Muriá), la consulta tendrá lugar de una forma u otra.

El debate sobre el “derecho a decidir” de los catalanes sobre su permanencia o no en el Estado español, ha entrado en una fase dicotómica. Por un lado, Mariano Rajoy, e incluso una amplia mayoría del Congreso de los diputados —Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o la Unión Progreso y Democracia (UPyD)—ha defendido que él no puede violar la ley ya que la soberanía de decisiones como la integridad territorial, recae en el conjunto de los españoles y no sólo en los catalanes (en Reino Unido, se permitió que la consulta se hiciera solamente en Escocia). Es decir, para el PP en el Gobierno, admitir una consulta de estas características sería como violar uno de los principios rectores de la Constitución de España. Sin embargo, por el otro lado, en Cataluña creen que existen espacios para admitir una consulta como la planteada por el Parlamento y consideran que a ningún pueblo se le puede negar el “derecho de autodeterminación”. “A nosotros este discurso de la Constitución ya no le damos mucha consideración. Es como si nos estuvieran hablando de la Constitución de Nueva Zelanda. Por más que argumenten eso, el ambiente social en Cataluña es que la independencia es irreversible e indudable. No hay marcha atrás” señala Carod-Rovira. Recordar que por amplia mayoría el Congreso de los diputados negó la transferencia de competencias para celebrar la consulta, petición de una mayoría calificada (70 por ciento) de los congresistas catalanes.

“A nadie le conviene un divorcio doloroso”
A todo este debate, existe un elemento en donde la incertidumbre continúa: en caso de que Cataluña se independice, ¿podrá formar parte de la Unión Europea? Mariano Rajoy ha dicho que una Cataluña con estado propio quedaría fuera de las instituciones comunitarias. Por una sencilla razón, como en cualquier grupo de amigos elitistas, el ingreso a la Unión sólo es posible con la admisión de todas las partes. Es decir, cualquier país tiene “derecho de veto”. Ante esto, Carod-Rovira cree que el aporte económico de Cataluña a la Unión Europea —es un contribuyente y no un receptor de recursos— puede poner a Bruselas de su lado. “¿Tú crees que Europa va a prescindir de una Cataluña contribuyente neta a la Unión Europea? No creo. Pero en caso de que veten, pues tendremos que vivir tan mal como Suiza o Noruega”, lo dice de forma irónica, y continúa: “Y en términos económicos, hasta hace poco tiempo, la economía de Cataluña dependía prácticamente de lo que exportaba a España. Ahora, desde hace tres años, exportamos mucho más al resto del mundo que a España, que aunque sigue siendo un mercado importante, aspiramos al mercado mundial” considera el ex vicepresidente catalán, que cree que a España tampoco le conviene un “divorcio doloroso” con una Cataluña con la que comparte deuda, mercado y lazos económicos.

La cuenta regresiva para la consulta está en marcha. Quedan cinco meses para la cita con las urnas y muchas preguntas están en el aire. Carod-Rovira es un convencido de que la independencia es inevitable y que de España no puede venir ninguna oferta que sea atractiva para la sociedad catalana. Ni hacienda propia ni mayor autonomía son salidas en la Cataluña hoy. Es un choque de dos formas de entender el mundo en palabras de Carod Rovira: “España es así, España es una bandera, una lengua, una religión y no admite matices. Nosotros queremos formar un estado catalán donde la diversidad sea la norma. Catalán no es una raza ni una etnia. Es un proyecto que comparten muchos marroquís que se consideran también catalanes, argentinos-catalanes o cualquiera que llegó por voluntad a Cataluña”. El futuro de Cataluña en juego en los próximos meses, a lo que muchos creen que difícilmente habrá vuelta atrás.

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