Miércoles, 23 de Septiembre 2020
Suplementos | Los alcaldes de Movimiento Ciudadano se someten al ejercicio de ratificación de mandato

¿Simulación o realidad?

Este domingo los alcaldes de Movimiento Ciudadano se someten al ejercicio de ratificación de mandato, un compromiso de campaña

Por: EL INFORMADOR

En el mejor de los casos, una décima parte de los votantes participará en la ratificación. EL INFORMADOR / J. López

En el mejor de los casos, una décima parte de los votantes participará en la ratificación. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (27/AGO/2017).- La democracia es un sistema en donde las formas deben subordinar al fondo. Incluso, viendo más allá, la democracia debe ser ciega ante los fondos. No le interesa quién gana o quién pierde, sino si el ganador o el perdedor adquieren esa condición de forma justa. Por ello, aquella frase tan característica de la democracia: certidumbre en las reglas, incertidumbre en los resultados. Aunque suene frio, la democracia tiene que ser la tiranía de los procedimientos justos y las reglas consensuadas.

Los alcaldes de Movimiento Ciudadano (MC) se someten este domingo al ejercicio de ratificación de mandato. Un compromiso que adquirieron con los electores en campaña. A mitad de mandato, “pondremos nuestro cargo a disposición de los ciudadanos, para que ellos decidan si nos quedamos o nos vamos”. MC empujó la ratificación en Tlajomulco desde que Enrique Alfaro fue alcalde en 2010 y lo repitió Ismael del Toro.

El ejercicio se ha colocado en el centro del debate público. En el fondo, hay un consenso: es positivo que exista un instrumento para que los ciudadanos se deshagan de malos gobiernos o premien a administraciones que están haciendo adecuadamente su labor. Actualmente, en Jalisco coexisten dos figuras que buscan eso: la revocación de mandato que se aprobó en el Congreso del Estado y la ratificación de mandato que se incluyó en los reglamentos municipales de las alcaldías que gobierna Movimiento Ciudadano.

La polémica se ha centrado en el procedimiento. Y en democracia, el procedimiento es el corazón de la credibilidad. No hay democracia confiable, si las reglas y el árbitro lucen inaceptable para los competidores y para una parte de la ciudadanía. Me centraré en tres aspectos: el árbitro, los tiempos y la participación.

Hoy, los ciudadanos saldrán a ratificar o a revocar el mandato de su alcalde en un proceso organizado por un consejo social que fue electo por el Cabildo de cada municipio. Las distintas fuerzas políticas aprobaron el reglamento y la confección del proceso. Sin embargo, la pregunta siempre estuvo en el aire: ¿por qué no organiza la consulta el Instituto Electoral, si tiene las facultades constitucionales y existe para eso precisamente? ¿Por qué montar un consejo, con gente sin duda honorable, pero que genera sospechas sobre la imparcialidad del proceso?

Los mexicanos duramos décadas en lograr que la autoridad electoral se “emancipara” del Ejecutivo. Que las elecciones no fueran organizadas por la Secretaría de Gobernación y que fuera un órgano constitucionalmente autónomo el que organizara los comicios. Hoy, estos organismos viven horas bajas en credibilidad y confianza, pero es innegable que la transición a la democracia no se puede entender sin la autoridad electoral. Así, la elección de un consejo municipal ha devenido en polémicas sobre su escasa reacción ante algunas violaciones a la ley, señaladas por el PAN en Guadalajara -por ejemplo-, e incluso su publicitación del evento que parece más de un simpatizante del alcalde que de una autoridad imparcial.

Los tiempos son fundamentales en un ejercicio de estas características. Más que la lógica binaria de un “si” o un “no” en un proceso de ratificación, lo que vale de estos mecanismos de evaluación es toda la deliberación que desencadena. Como las elecciones, los procesos de participación ciudadana empujan a un gran debate público sobre omisiones, pendientes, aciertos. En ningún caso, ni en Guadalajara ni en Zapopan, Tlajomulco o Tlaquepaque, vimos dicho debate. Lamentablemente, por la miopía de las distintas fuerzas políticas, gobierno y oposición, la deliberación no ha llevado a ningún proceso de evaluación. Realmente tenemos poca información nueva sobre el municipio y eso es sinónimo de un fracaso democrático. El Gobierno preocupado en la propaganda y la oposición sumida en una fallida operación de descarrilar el ejercicio con jueces y no con votos -como debe ser en democracia-.

Y, por último, la participación. En el mejor de los casos, aunque parece improbable, votará poco arriba de la décima parte de la lista nominal de electores en el municipio de Guadalajara, mismos números en el resto de la ciudad. ¿Es realmente deseable que los procesos de participación se finquen sobre la idea de que una minoría electoral puede revocar el mandato expresado por una mayoría rotunda en una elección constitucional? ¿Es democrático que una décima parte del electorado le revoquen el mandato a más de la mitad que votaron en 2015? A mí me parece que no. Los ejercicios de ratificación o revocación deben partir de la incorporación de muchas condiciones -participación mínima, candados, causales- para que no sea un capricho del gobernante en turno, sino un botón de pánico que pueden apretar los ciudadanos frente a gobiernos que pierden rumbo.

La democracia es la tiranía de las formas, pero éstas no son nada sin la participación de la ciudadanía. Los vicios de un sistema colapsan frente a ciudadanos participativos y organizados. Y, por el contrario, no hay arreglo institucional, por más sólido que sea, que aguante la apatía generalizada y la baja participación. Los alcaldes de MC se juegan mucho este fin de semana, y más por las formas que por el fondo. Un domingo plagado de irregularidades, prácticas clientelares y movilización, significarían el tiro de gracia para la credibilidad del ejercicio. De golpe y porrazo, se enterraría la credibilidad de la ratificación de mandato como un mecanismo legítimo para evaluar y sancionar a gobiernos.

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