Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Martes, 15 de Octubre 2019
Suplementos | Más de 53 millones de personas son pobres y los políticos parecen ver para otro lado

Pobreza invisible

En México, 53 millones de personas son pobres. Sin embargo, los políticos parecen ver para otro lado.

Por: EL INFORMADOR

Para nadie es una sorpresa que muchos políticos viven en un mundo aparte del real. EL INFORMADOR / F. Atilano

Para nadie es una sorpresa que muchos políticos viven en un mundo aparte del real. EL INFORMADOR / F. Atilano

GUADALAJARA, JALISCO (15/FEB/215).- En Estados Unidos se ha puesto de moda el llamado “reto del salario mínimo”; un desafío en el que los políticos deben vivir con un sueldo equivalente al salario mínimo durante una semana. Tras el desafío, los representantes públicos narran sus experiencias y como por arte de magia se sensibilizan de lo dramático que es vivir en condiciones tan precarias (en Estados Unidos el salario mínimo equivale a más de 100 pesos la hora). Así, tras una semana de carencias, los políticos entienden que combatir la pobreza debe ser uno de los objetivos fundamentales de todo Gobierno.

Y esto nos lleva a preguntarnos, ¿por qué en México los políticos no pelan a los pobres? ¿Deberían experimentar las carencias para darle importancia al combate a la pobreza? ¿Por qué los políticos se llenan de discursos sobre pobreza y luego hacen como que no la ven? ¿53 millones no son suficientes para que la pobreza sea el problema más agobiante del país? ¿Por qué no vemos a los partidos políticos defendiendo una agenda ambiciosa de combate a la pobreza como sucedió en el Brasil de “Lula” o en otros países de América Latina como Ecuador o Argentina?

Los datos de pobreza en México son realmente escalofriantes: 53 millones de mexicanos son pobres; 11.5 millones viven en pobreza extrema; 11% de los habitantes del país tienen inseguridad alimentaria grave (ni siquiera pueden comer tres veces al día) y el 20% más rico de la población acapara 53% de la riqueza del país, mientras que el 20% más pobre sólo el 4.5 por ciento. Y sin embargo, si quitamos la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2006 con el lema: “Por el bien de todos, primero los pobres”, los candidatos nunca colocan el combate a la pobreza como una de sus prioridades de campaña. Tampoco en los gobiernos se percibe como una máxima prioridad. Las secretarías de desarrollo social de los estados invierten entre 4 y 6% de su presupuesto en programas sociales, de los cuales no todos son para combatir la pobreza —y menos la extrema que ha quedado confinada a Oportunidades y a la Cruzada Nacional contra el Hambre—.

Y si revisamos los datos a nivel federal, la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) tiene un presupuesto para operar de 114 mil millones de pesos —incluyendo toda la burocracia—, lo que representa menos de 3% del presupuesto total aprobado para 2015 (4.7 billones). Muy lejos estamos en esta materia de países como Brasil que destinan el 12% a desarrollo social o Argentina que utiliza la décima parte de su presupuesto.


La pobreza y el clientelismo

La relación del político con los pobres en México es de clientelismo. Lejos de buscar estrategias para destinar más recursos al combate a la pobreza o de ofrecer alternativas en materia de políticas públicas, los candidatos suelen “aprovechar” la pobreza para lucrar electoralmente. Vemos en campaña como las colonias pobres se llenan de payasos, botargas y grupos de música ranchera. Difícilmente ves al candidato tratando de convencer a los vecinos de su visión para mejorar su acceso a programas sociales o su propuesta para meter a los jóvenes a las universidades. Y muchos menos comprometiéndose a equilibrar mejor los impuestos entre ricos y pobres.

Al contrario, las campañas suelen utilizar la pobreza como mecanismo de cooptación del voto a través de pintar las casas de los vecinos, transferir alguna cantidad de dinero en efectivo o llenar la alacena con la despensa de la semana. La más vulgar de las prácticas políticas: la compra de lealtades aprovechando la desesperación de la gente. Estas prácticas devienen en un círculo vicioso, en donde el ciudadano con carencias sólo apoya al candidato que trae “algún apoyo”, mientras que estos últimos entienden que es su oportunidad para jalar votos a su favor. Así, mientras no sean los pobres, que son mayoría, los que reclamen una preponderancia de la agenda de combate a la pobreza, será complicado que los políticos atiendan realmente el espinoso problema.

La pobreza no da votos

Se suele escuchar: “la agenda de pobreza no da votos”. En un país de 53 millones de pobres, eso parecería un contrasentido. Sin embargo, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 71% de los mexicanos no se considera pobre, sino clase media (cuando sólo la mitad lo es, según los datos del propio INEGI de 2013). Incluso, si nos vamos directamente a la cifra de pobres, sólo 14% de los mexicanos se considera en algún nivel de pobreza. Esto quiere decir que la narrativa de combate a la pobreza sólo le hace sentido vivencial, a uno de cada siete mexicanos. El resto que pone atención en la agenda de pobreza no es por una situación personal, sino por una coincidencia ideológica o por creer que es un problema importante a atender.

Así, utilizando al viejo Marx, podríamos decir que entre los pobres de México no hay una “conciencia de clase”. En 2006, López Obrador sí logró atraer al elector menos favorecido en materia económica, sin embargo en 2012, el escenario cambió y el PRI conquistó por buen trecho el voto de los mexicanos que se encuentran entre los tres deciles con menos ingresos. Esto significa que los pobres en México no están atados a ningún partido político ni tampoco comulgan con una ideología en particular, sino que dan su voto según la coyuntura. A diferencia de lo que sucedió en países como Brasil o Venezuela, los pobres mexicanos no han encontrado un partido político particular que encarne sus reivindicaciones o sea vehículo concreto de sus demandas.

Asimismo, si extendemos el análisis al resto de la sociedad, difícilmente podremos decir que la pobreza es uno de los problemas que más preocupa a los mexicanos. Según BGC-Excélsior y Encuesta Mitofsky, los mexicanos consideran que la pobreza es su sexto problema como país, detrás de la inseguridad, el empleo e incluso la corrupción (sólo 9% lo señalan como un problema a atender urgentemente, en Mitofsky). Estos datos lo que reflejan es que a pesar de que en conversaciones de café o en charlas con los amigos, todos están de acuerdo en la relevancia de la pobreza como problema nacional, al final, cuando deciden su voto, los mexicanos suelen pensar más en otros asuntos.

La pobreza no le urge a la clase política

Para nadie es una sorpresa que muchos políticos viven en un mundo aparte del real. Comen todos los días en restaurantes caros y finos; se codean con personas sin problemas económicos, y ni siquiera tienen que usar los servicios públicos sanitarios o educativos. En términos generales, se ausentan de la realidad que gobiernan. Una imagen de esta desconexión de la clase política lo reflejan los datos de la consultora Integralia. En el primero y segundo año de la actual Legislatura Federal, la pobreza y la política social cayó hasta el séptimo problema de mayor atención para los diputados. Iniciativas relacionadas con el sistema político (278) o con justicia y estado de derecho (298), duplicaron las presentadas en temas como pobreza. Incluso, áreas como finanzas públicas, educación y cultura atrajeron más la atención de los representantes. Del total de iniciativas que se presentaron en el periodo (dos mil 146), solamente 5% tienen que ver con el combate a la pobreza y política social. 

La negociación del presupuesto refleja también esta baja prioridad. Desde 2006, la Secretaría de Desarrollo Social ha tenido subejercicio: 144 millones (2006) hasta los mil 113 millones en 2012. Y si vemos las reasignaciones que han hecho los diputados en las negociaciones del presupuesto, pocas veces el recurso redirigido va a Desarrollo Social, sino más bien a obras en sus distritos.  
Una cultura política que tolera la pobreza

En el mismo tenor, como demuestran distintas encuestas de valores y percepciones, en México la pobreza es vista como un asunto más individual que colectivo. Es más una responsabilidad personal de compromiso y trabajo (la visión de Estados Unidos) que un problema que el Gobierno deba resolver. Una tercera parte de los mexicanos, según una encuesta publicada en 2013 por Parametría, considera que los pobres son “pobres porque quieren”. Y en el caso de las clases altas, como muestra el estudio, la tendencia a creer que se sale de la pobreza con “esfuerzo” se afianza más. Es decir, las clases altas de este país, los que pueden tener acceso a la educación y a las herramientas de cambio, le endilgan a los pobres su situación y les conminan a esforzarse más para salir de ella.

Sin embargo, no sólo es una creencia de las clases altas, según el propio estudio de la encuestadora que dirige Francisco Abundis, 36% de los mexicanos que podrían ser considerados de clase baja también creen que salir de la pobreza es un asunto de esforzarse más. De esta manera, el enfoque de responsabilidad personal que irradia nuestra percepción sobre la pobreza, les resta responsabilidad a las autoridades políticas y a los gobiernos en turno. Si los mexicanos consideran que pobre es quien no se esfuerza lo suficiente o quien no ha trabajado duro durante su vida, la distribución de la riqueza y los programas sociales se convierten en políticas públicas secundarias.

Uno de los grandes fracasos de la alternancia política en México ha sido precisamente el combate a la pobreza. El porcentaje de inversión y los programas aplicados han resultado en fracasos que pocas veces son señalados por medios de comunicación y por la sociedad civil. Debe haber cambios muy profundos tanto en la clase política como en la mentalidad de la sociedad civil para que la pobreza se coloque como uno de los temas prioritarios para el futuro del país. Y es que con 53 millones de pobres, me cuesta trabajo pensar en un problema más dramático.

Temas

Lee También

Comentarios