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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Suplementos | Por Sergio Oliveira

Motor de arranque

La crisis de identidad de Renault

Por: EL INFORMADOR

Todos pasamos por esto en algún momento. Al entrar en la adolescencia, en la vida adulta o a transformarse en alguien maduro. Por esto, ahora que Renault se acerca a cumplir sus primeros 10 años de vida en México, luego de su regreso a principios de esta década, vive algo parecido. Porque al diseñarse para el futuro de alguna manera debe, al menos momentáneamente, librarse de algunos estigmas del pasado.

El tema no es exactamente nuevo, una vez que ya usé este espacio en el pasado para hablar de la “nueva Renault”. Sin embargo, cobró fuerza en esta semana con el anuncio de la llegada de dos autos coreanos más que a partir del primer trimestre del año entrante, ayudarán a complementar la gama de Renault.

Ambos son sedanes compactos. Los dos se llaman originalmente SM-3 y son hechos en la misma planta en Busán, Corea del Sur. En México serán Scala y Fluence, primera y segunda generación del compacto de Renault-Samsung, que aprovecha al máximo su alianza con Nissan y con Samsung (como debe de ser) para usar los productos de esas plataformas.

La Renault que llegó  a México era muy distinta de la actual. Los productos que arribaron a nuestro país venían de Europa o de las plantas locales en el caso de la Scénic, que se hacía en Cuernavaca, y del Clio, que aún se produce en Aguascalientes, lo que no debe seguir sucediendo por mucho tiempo. El resto era francés. El lado bueno de esto es que teníamos lo más reciente y fresco de la marca. Productos como el Laguna, el Clio Sport o el Mégane RS, que marcaban la punta de la gama de la marca del rombo, podían ser disfrutados por los consumidores mexicanos.

El lado menos favorecedor de esto es que esos productos no estaban preparados para nuestras irregulares calles, ni la altitud de las ciudades mexicanos, que exigen un esfuerzo mucho mayor a los vehículos que en el Viejo Continente. El resultado eran muchas más visitas al taller de lo que hubiera sido aceptable. Por si fuera poco, las políticas de servicio en ese momento tampoco eran las mejores. El resultado era la tormenta perfecta. Y con ello, la imagen de Renault se vino abajo paulatinamente.

Hoy, lo que vive la marca francesa es un muy pesado trabajo de reconstrucción de su imagen. Para hacerlo, tuvo que trabajar mucho internamente, porque no hay nada peor para la imagen que prometer algo que no se pueda cumplir. Los talleres de sus distribuidores fueron modificados en detalles tan sencillos como la ubicación física de algunas partes de mayor volumen, hasta cosas más complejas como la política de garantías. El siguiente paso, era poner en la calle autos más confiables. Aquí es donde entra Corea y en donde también estará Sudamérica.

El primer ejemplo fue el Koleos. Para empezar, es la primera SUV (vehículo deportivo utilitario, por sus siglas en inglés) de Renault, lo que ya rompía con los estándares tradicionales de la marca. Luego, vino el Safrane, un sedán inmenso, cómodo y de manejo tranquilo, que es justo la antítesis de todo lo que estaba siendo Renault hasta entonces. Luego vendrá el Sandero, un hatchback que debe ser el nuevo vehículo de entrada a la marca, en lugar del Clio, al menos hasta que otro vehículo se comience a producir en Aguascalientes. Con este auto, Renault acude a otra de sus asociadas, en el caso, Dacia. Para quien no sabe, podemos decir que el Sandero es una especie de versión hatchback del Nissan Aprio. Luego, vendrán los dos sedanes mencionados anteriormente.

Con esto, Renault México y Renault Francia tendrán una gama de productos tan distinta, que será necesario mirar el logotipo para saber que se trata de la misma marca. Aquí no tendremos el nuevo Clio (que se vendió sin éxito como el Euro Clio); tampoco los nuevos Mégane y Laguna. No vendrán la Scénic ni Gran Scénic y mucho menos vendrá la Espace, que nunca ha pisado suelo nacional.

Tendremos, al menos por un par de años, una especie de “Renault Latina”. Esto podrá aterrar a los fanáticos de la marca, pero está lejos de ser una mala noticia. Los que compren hoy un Renault, mejor dicho, a partir de hoy, tendrán mucho más posibilidades de volver a comprar un auto con su logotipo en la parrilla en el futuro. Los clientes serán distintos a los que hasta hoy tuvo la marca, pero serán también más felices. Al igual que sus distribuidores, que finalmente parecen ver la perspectiva de ganar dinero vendiendo autos Renault.

Lo más curioso es que para limpiar su imagen, Renault tuvo que renunciar a ella. Ahora ya es la romántica marca productora de autos de gran desempeño, pero cuya durabilidad dejaba a desear. Lo curioso es que al mover su imagen hacia el lado de la confiabilidad, Renault se parece cada vez más a, hay que decirlo, Nissan. El Koleos es la Rogue. El Safrane, un Altima de generación anterior. El Sandero, ya dijimos, es hermano del Aprio y Scala y Fluence son, en esencia, dos Sentra de generaciones distintas.

¿Está mal parecerse a Nissan? Para nada, pero es mejor tener una identidad propia. Renault la volverá a tener, más pronto que tarde, con uno o dos productos en los que pueda darse el lujo de perder algo de dinero para establecer imagen. Pero por ahora, el cambio que hace es vital y de no hacerse, lo que estaría en riesgo no sería su imagen, sino su vida en este país

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