Suplementos | Mírenme, aunque no les guste Motor de arranque La tradición hace que algunas empresas sean muy afortunadas. Un claro ejemplo es BMW. Con su parrilla de “doble riñón” Por: EL INFORMADOR 20 de septiembre de 2008 - 05:01 hs La tradición hace que algunas empresas sean muy afortunadas. Un claro ejemplo es BMW. Con su parrilla de “doble riñón”, la marca alemana fabricante de autos de gran prestigio, es fácilmente reconocible por todos, ya sea el que lo mira de frente o por el espejo retrovisor. Otras, usan su logotipo como arma para lograr este objetivo, como es el caso de Mercedes-Benz y su estrella de tres puntas. A pesar de que es una gran fortaleza contar con este recurso visual, no me parece que sea tan grande su poder, que justifique romper las barreras del buen gusto en el afán por lograr este reconocimiento inmediato. Sin embargo, en años recientes han habido marcas que están luchando desesperadamente para encontrar una parrilla de diseño único, que grite a los cuatro vientos su aspecto único. Esto se convierte en un tema muy peligroso, que pudiera incluso provocar la pérdida de prestigio y ventas. Un caso muy conocido es Audi. Los directivos de la casa alemana de Ingolstad decidieron que sus coches deberían ser reconocidos por los demás conductores en las “autobahn “ cuando fueran vistos desde un espejo retrovisor. Exactamente como ocurre con BMW. Entregaron la tarea al diseñador de la casa, Walter da Silva, quien llegó a la conclusión de que la solución era crecer la parrilla. Y la creció tanto que ésta ahora va de la entrada baja de aire hasta el cofre. Con ello, se acabó una era, justo la época de los más bellos Audi de toda la historia, con formas discretas, elegantes, con proporciones perfectas. Coches como el TT y toda la línea de sedanes de la casa, el A4, el A6 y el A8, eran dignos de exhibirse en un museo de la Bau Haus. Los otros no podían más que envidiar su gracia impecable. Las formas limpias y agraciadas de los Audi, empero, terminó hace algunos años. Desde entonces somos obligados a aceptar, a veces a regañadientes como un niño a quien le imponen una medicina, ese frente que, hay que admitirlo, logró lo que se proponía: ser reconocido a distancia. Hoy en día, ya acostumbrados a la idea de que así son los Audi (ni modo), incluso vemos algunas buenas aplicaciones de las inmensas parrillas en coches como el nuevo TT y el R8. Otras marcas siguieron esa idea. Una de ellas –no podía ser diferente- fue Volkswagen, que por si fuera poco hacer mayor su parrilla, la hizo cromada. Ford intentó seguirles el paso, con la Explorer, antes de declinar (gracias) y encontrar algo más interesante en la forma de sus tres barras cromadas horizontales. Lincoln aún sigue buscando su parrilla corporativa. Usaba la bonita pero no muy distinta forma de cascada. Luego, cambió a una más tradicional, que hoy usa en su Navigator, pero de nuevo vuelve a la cascada, sólo que ahora dividida. La historia reciente de Lincoln muestra más parrillas que máquinas traga-monedas en los casinos de Las Vegas. El ejemplo más reciente de esta necesidad de reconocimiento es Acura. La división de lujo de Honda, emulando completamente a Audi, decidió abandonar su etapa más afortunada en el diseño de sus vehículos, para entrar en una en la que todos sepan de qué coche se trata, cuando vean a uno. Los japoneses tomaron una forma intrigante, como el quitanieves que va delante de las locomotoras, y la llevaron a su máximo tamaño posible. Da la impresión de que quisieran que los autos no tuvieran faros, con tal de que la parrilla cubriera entonces todo su frente. También al igual que Audi, consiguieron su objetivo. Hoy, ver a una MDX; un TSX, RL o TL, es decir: Acura. Sus coches son reconocibles, finalmente. No se parecen a ningún otro. Y deben quedarse así por mucho tiempo, ya que dudo que alguien más quiera parecerse a un Acura, al menos no de frente. ¿Vale la pena este tipo de cambio tan drástico? Francamente no lo sé. Esto me suena a un adolescente que se pone una ropa distinta a la de los demás, con tal de llamar la atención. Logra lo que quiere, pero muchas veces a costa de burlas que jamás desaparecerán. No puedo mirar a uno de esos autos sin recordar la máxima de Bob Lutz, el famoso “Zar” de los autos, hoy al frente de la división de productos de General Motors: “Coches feos no venden”. Pero aparentemente la gente de mercadotecnia de algunas marcas no está convencida de esto. Para ellos, debe ser mejor ser reconocible, que atractivo. Tal vez yo esté equivocado y probablemente sea minoría, pero si por un lado me es mucho más fácil reconocer a un Audi o un Acura en las calles, por otro, estoy muy seguro de que no se me antoja ni uno, ni otro. Sergio Oliveira Temas Autos Lee También Hoy No Circula lunes 13 de octubre 2025: Autos que descansan en CDMX y Edomex Fabricantes y distribuidores de autos se pelean; pierde el consumidor Para la familia o los ejecutivos Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones