Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | Tiene un motor V6 de 3.6 litros y 306 caballos de fuerza

Los fabulosos Cadillac

Con una hermosa vagoneta y la versión V del CTS, GM muestra que la marca es más que lujo y espacio

Por: EL INFORMADOR

Al menos para mí, escuchar la palabra Cadillac me remitía a lujo, espacio y confort. Pero esto cambió radicalmente a principios de esta semana, luego de haber manejado el CTS-V.

Llegamos a Nueva York al final de la tarde del lunes. Nos recibió un día limpio, una temperatura más que agradable en sus 23 grados y una Chevrolet Suburban, que nos llevó a nuestro destino final en ese día, la ciudad de White Plains, lejos de lo que normalmente tenemos como referencia para recordar a la Gran Manzana, que es la isla de Manhattan.Fue la primera señal de que ese sería un viaje hacia parajes desconocidos, tanto geográfica como mentalmente.

El evento, llamado Cadillac Experience, tenía la intención de mostrar a un grupo de periodistas, de Estados Unidos y México, algunos de los más recientes productos de la marca, que con la salida de Hummer y Saab de su portafolio, pasa a ser la máxima representante de lujo de la nueva General Motors. El martes fue el gran día.

Comenzamos con una breve presentación, luego después del desayuno, sobre algunos de los vehículos. Más que nada, los ejecutivos de Cadillac nos platicaron sobre las virtudes de la nueva CTS Wagon, un hermosa guayín que, obvia y lamentablemente, no vendrá a México, bien como de la SUV (vehículo deportivo utilitario, por sus siglas en inglés) SRX, que ya está a la venta en nuestro país. También hablaron de la nueva estrategia de mercadotecnia para Cadillac en Estados Unidos, en esta época de reducción del número de distribuidores en la Unión Americana.

De acuerdo con los estudios hechos por ellos, 50% por ciento de la venta de los vehículos que compiten directamente contra la SRX, como BMW X3, Audi Q5, Mercedes-Benz GLK y otros, se ubican en solo 4% de los códigos postales de Estados Unidos. Así, ellos enfocarán la mayoría de sus esfuerzos para llegar a estos consumidores, en lugar de “tirar con escopeta” buscando medios masivos. Probablemente esa estrategia sea adoptada más tarde en otros países, incluyendo México, pero aún no hay nada oficial al respecto.

Por supuesto que el reducido mercado para las vagonetas fue cuestionado, ya que uno de los vehículos mostrados era una guayín. La gente de Cadillac entiende que de este lado del Atlántico, no hay muchas personas dispuestas a comprar una vagoneta. En Estados Unidos, por ejemplo, la rebanada del pastel que le toca a las guayines es de solo 25 mil unidades por año. Pero en Europa es muy distinto y a este le apuestan. Es una pena el rechazo del público norteamericano por este tipo de vehículo. Porque no sólo tienen el mismo buen manejo de un sedán, sino que también guardan la misma capacidad de carga de una SUV, sin tener el exceso de consumo de éstas.

Luego de escuchar la plática sobre los nuevos Cadillac, salimos a la parte buena del día: conducirlos. Y no hubo decepciones. Primero, nos tocó exactamente una de las bellas guayines. Con motor V6 de 3.6 litros y 306 caballos de fuerza, gozamos plenamente cada rebase en las curvas del camino entre el centro de White Plains y la “cereza del pastel”, el magnífico autódromo Monticello, una nueva instalación a 100 millas de Manhattan, digna de ser incluida en el calendario de la Formula Uno, sin duda.

La vagoneta, por supuesto, se comportó tan bien como el CTS, pero siempre nos dejaba con la sensación de que no sólo estábamos al mando de un vehículo más práctico que el sedán, también más bonito.

Poco más tarde probamos la versión turbo de la SRX, que usa un motor V6 de 2.8 litros, ya usado en Saab, por ejemplo. Producido en Australia, junto con una caja de cambios automática de seis velocidades, ese motor proporciona a la SRX justo el poder que le falta a la versión con máquina de 3.0 litros normalmente aspirada. Empero, esa máquina no podrá venir a México. Primero, por precio. En Estados Unidos cuesta cerca de 4 mil dólares más que la versión aspirada. Luego, porque con tren motor australiano, ya no cumpliría los requisitos de fabricación en la zona del TLC y tendrá su precio aún más elevado. Lástima.

Bajando de la SRX, empero, nos subimos al CTS-V. Con motor de Corvette, una estupenda caja de cambios manual (también hay automática), suspensión magnética y 556 caballos de fuerza, el CTS-V es una verdadera bestia (nada que ver con la “Bestia” de Barack Obama, también hecha por Cadillac) devoradora de kilómetros.

Su motor responde rabiosamente a la mínima provocación del acelerador. Si pisamos con determinación, veremos que más nos vale haber puesto el ajuste de la suspensión en el modo “sport”, porque el auto se muestra listo para desafiar las leyes de la física a todo momento. Despega con decisión, frena como si hubiera lanzado una ancla detrás de sí y entra a las curvas con una precisión que sólo se ve en los grandes autos. Cadillac hizo, que no le quede ninguna duda, un auto capaz de luchar al tú por tú con rivales de la categoría del BMW M3 o Audi RS4.

¿Vendrá a México? Los ejecutivos de GM en nuestro país dicen: “Lo estamos estudiando”. Pero nos gusta más la respuesta franca, directa y entusiasmada de uno de sus colegas estadounidenses: “Absolutely”, es decir: “Por supuesto que va”.

Algunas vueltas rápidas más tarde, estábamos de nuevo al mando de una CTS guayín, pero nuestra mente se mantenía con el CTS-V. A partir de ese momento, nos quedó más que claro que “Los Fabulosos Cadillacs” no es sólo un grupo musical, es la definición para varios de los productos de una marca que nos había acostumbrado a asociarla únicamente al lujo, espacio y confort. Enhorabuena. Lo que no podemos dejar de pensar es en el día en que la magnífica mecánica del CTS-V, se encuentre con la carrocería del cupé. Cuando esto se haga, definitivamente firmaremos nuestra afiliación al club de los fanáticos de la “nueva Cadillac”.

Sergio Oliveira/Nueva York

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