Suplementos | La nueva Terminal 2 es inmensa, moderna, bien diseñada y bien construida La única esperanza de detener a China, motor de arranque El asombro comienza desde que el avión de la única línea aérea mexicana que va hacia el país asiático, toca tierra en Shanghái. Por: EL INFORMADOR 12 de julio de 2008 - 17:31 hs Por: Sergio Oliveira La nueva Terminal 2 es inmensa, moderna, bien diseñada y bien construida. Para que se tenga una idea real de su tamaño, entrar a ella por la puerta D, por ejemplo, es depararse con un letrero que dice: Salas 17 a 225, así es, 17 a 225. Hay Internet inalámbrica gratis para todos los pasajeros, decenas de tiendas y vista hasta varios jardines y las enormes pistas de la terminal aérea de la mayor ciudad china. Para llegar de ahí a la ciudad, se puedo tomar una autopista de cuatro carriles y arriesgarse a quedar atascado en el tráfico más tarde, perdiendo más de una hora en el trayecto, o tomar el tren más rápido del planeta, el Maglev, que cubre 32 kilómetros en siete minutos, alcanzando la espeluznante velocidad de 431 kilómetros por hora. Maglev es un nombre derivado de “levitación magnética”. En español, esto significa que el tren literalmente fluctúa sobre la superficie, que no tiene rieles tradicionales en la vía elevada que serpentea elegantemente sobre Shanghái. La tecnología fue inventada por los alemanes, es cierto, pero es China el primer país en ponerla en práctica, abierta al público por 75 pesos para viajar en un solo sentido, o 120, si se compra el boleto redondo. Si va a Shanghái, súbase al Maglev, es una experiencia que vale la pena. Luego, está la arquitectura arrojada, espectacular, de un atrevimiento absoluto. Los rascacielos de Shanghái, Beijing y Hong-Kong, son una atracción aparte en esas grandes ciudades del gigante asiático y dejan impresionados a sus visitantes también por la gran cantidad de construcciones visibles. Los mayores centros comerciales del mundo no se encuentran en Estados Unidos, están en China. Hablando de autos, ya que estamos en una sección automotriz, es suficiente recordar que el año pasado, China produjo 8.8 millones de vehículos, transformándose en el tercer ,mayor fabricante del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y Japón, según números de la OICA (Asociación Internacional de Constructores de Automóviles). Para terminar de dejarnos de plano preocupados, están los precios. En Shanghái, dos personas pueden comer en un buen restaurante (bueno, no de lujo), por menos de 120 pesos. Es lo mismo que en Guadalajara se gasta con una cena de unos 10 tacos y un par de refrescos, en un puesto callejero. Para satisfacer el hambre de mil trescientos millones de personas, China se acostumbró a producir volumen, lo que abarata los costos, obviamente. Esa costumbre, sin embargo, es una de sus primeras debilidades. Obligada a producir a escalas impensadas para otros países, a excepción, tal vez, de India, China tuvo que hacer concesiones a la calidad. Sus productos hoy, se venden mucho más por precio, que por una reputación de durabilidad o alta tecnología. Conscientes de esto, están trabajando para superarse y tarde o temprano, lo van a lograr, no me queda duda. Empero, hay otro punto débil en el dragón asiático y ese, es mucho más difícil de sobrepasarse: la poca educación de su gente. Las demostraciones de esto son abundantes. En el tráfico, la forma de moverse de los conductores es salvaje, haciendo que los choferes de minibús de la capital mexicana, parezcan monjes al volante. Los chinos aún no respetan las filas para comprar nada, escupen en la calle y tocan el claxon con una insistencia irritante e innecesaria. Un empresario chino del área de joyería, Bodo Chung, nos dice que fuera de las grandes ciudades, a veces incluso en ella, el mayor problema para producir es encontrar a gente ya no digamos preparada, pero que el menos no le tenga miedo a laborar cerca de una prensa, por ejemplo. Según él, hay gente en pequeños pueblos del interior chino, que aún creen que Mao Tsé Tung, el líder que los liberó del dominio japonés e instauró el comunismo, aún está vivo, aún cuando éste haya fallecido en el más que lejano 1976. Confucio, uno de los mayores y más respetados filósofos chinos, decía que si alguien quería resultados inmediatos, debería actuar. Si quería resultados para dentro de 10 años, debería planear sus acciones, pero si quería resultados para dentro de 100 años, tenía que educar al pueblo. Ese es, a mi juicio, el talón de Aquiles chino. Los países rivales pueden sacar provecho de esa debilidad. México, por supuesto, es uno de ellos, pero para tener alguna oportunidad ante ese fuertísimo rival, debe hacer su tarea. Y pronto, muy pronto. Temas Autos Lee También Fabricantes y distribuidores de autos se pelean; pierde el consumidor Para la familia o los ejecutivos Pasos para tramitar permiso de instalar vidrios polarizados en tu coche Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones