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Lunes, 20 de Mayo 2019
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La tuya en bicicleta

Lo no tan chido de viajar en bici. Parte 2

Por: EL INFORMADOR

De paso. Bremen, Alemania, es uno de los primeros lugares por los que Roberto y Anika cruzaron en su viaje por el mundo.  /

De paso. Bremen, Alemania, es uno de los primeros lugares por los que Roberto y Anika cruzaron en su viaje por el mundo. /

GUADALAJARA, JALISCO (15/SEP/2013).- En nuestro pasado encuentro no terminé de quejarme de las cosas que Uli y Bine nos dijeron que podrían pasarnos en nuestro viaje, así que aprovecho la oportunidad para seguir desahogándome.

El perro, el mejor amigo del hombre, tan fiel, tan lindo, tan curioso… pero para un viajero en dos ruedas puede ser el mismísimo demonio.

Que Annika les diga, amo a los animales, sobre todo a los gatos, porque esos no molestan. Porque lamentablemente una de las cosas más odiosas de viajar en bicicleta son nuestros amigos peludos, que nos sacan tremendos sustos. Lo peor es que, la mayor parte del tiempo sabes que te abordarán, ves cómo se van acercando con furia, con autoridad, con decisión de proteger a su amo, porque en sus ojos no hay nada más amenazante que un hombre sobre ruedas que vaya más rápido que él, justo en su territorio.

Yo tengo la teoría de que más que hacer su trabajo, lo disfrutan, una vez juro que lo vi reírse de mi cara de niño regañado. Con el tiempo hemos aprendido que la respuesta a estos ataques imprevistos es tan sólo ceder a su poderío y pedalear tan lento hasta que se aburra de perseguir al diminuto humano apestoso sobre ruedas.

Y así, entre corajes porque un perro haya roto tu ritmo al pedalear, sigue en la lista de las cosas no tan chidas de viajar en bici la peor de todas: tus pompas cansadas de pasar tanto tiempo pegadas al asiento. Y vas a agarrar condición decían, vas a tener un trasero de acero, nos convencieron, pero la realidad es que el único acero que se ha formado en mi bella retaguardia es la de “acero línea”. He usado shorts de ruta, calzoncillos especiales, pantalones y hasta mallas y nada ha impedido que mis lindas pompis no resientan los 70 kilómetros por estar en uno de los asientos más incómodos del planeta.

Debo confesar, que quizá es mi culpa, pero aun no tengo patrocinio para comprarme uno de esos asientos de mil 500 pesos, pero para qué, sí no hemos conocido a nadie que se dedique a esto que diga que su asiento nunca le ha llegado a molestar. La realidad de las cosas es que en la batalla de la comodidad sobre dos llantas, este punto lleva una delantera muy difícil de remontar.  

Y mientras les confieso cómo mi propia bicicleta me escupe de vez en cuando y hasta me la mienta: La mía en bicicleta carnal, me susurra de vez en cuando, lo cierto es que no cambiaría esta aventura por nada. Nada es gratis, eso es muy cierto, pero hay cosas que valen la pena pagar, como ver el mundo desde tu asiento incómodo.

Amigo lector viajar en bicicleta es la actividad más chida que su humilde amigo ha tenido la fortuna de experimentar. Así que, aunque me queje muy seguido de mis alforjas sin fondo, los baños de agua fría, los perros malosos y mi dolor en las pompis, lo cierto es que no hay nada en el mundo que cambiaría por poder seguir pedaleando, con tan sólo acordarme de los amigos que hemos hecho en el viaje basta para sanar cualquier dificultad, ya sea directa o colateral, que esta actividad traiga.

Así que cuando uno compara las maravillosas experiencias que le toca vivir mientras se viaja en dos llantas, creo que el precio en verdad es muy bajo, no cabe duda, porque a Uli y a Bine se les olvida mencionar las dificultades y es porque en realidad no importan. Así que ya saben amigos. El mundo es para explorar en dos ruedas: “Y hay que empezar con Tequila en mano”, digo a la distancia, y es que se me antoja un chamorrito y un vinito para la digestión, porque creo que nos lo merecemos.

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