Viernes, 10 de Octubre 2025
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La ilusión anda en patines

Es gratis y ahí ni quien se acuerde de los gasolinazos y el aumento al transporte público

Por: EL INFORMADOR

La pista. Las caídas son la imagen constante en este lugar, que permanecerá hasta el 12 de enero de 2014.  /

La pista. Las caídas son la imagen constante en este lugar, que permanecerá hasta el 12 de enero de 2014. /

GUADALAJARA, JALISCO (29/DIC/2013).- Tenemos la ilusión, en la plaza pública más importante del Centro de Guadalajara, ahí donde está el Padre de la Patria rompiendo las cadenas de la esclavitud. Tenemos la ilusión del paisaje polar y de que lo venceremos sobre un par de patines para hielo.

La ilusión es gratis.
Se aloja en una carpa blanca, como la nieve, en el centro de la Plaza de la Liberación. Ni quien se acuerde aquí de los gasolinazos. Ni quien hable del aumento al precio del transporte público. Ni quien sienta la crisis.

Al contrario, esta mañana todos hicieron como que les valió una fregada hasta el olor ácido de los pies ajenos cuando se desnudaron de sus zapatos viejos. Los que iban de salida le entregaron a los recién llegados los patines calientitos.

“Hasta eso, tiene sus ventajas: está haciendo un frío carajo”, le dijo para convencerla Jesús García a su novia Estefani, ambos oaxaqueños; ella, con unos lentes de contacto azules enmarcados en una piel de barro. Ambos neófitos en el arte de la patinada; ya no sobre hielo, sobre pavimento.

Andaban de suerte el Jesús y la Estefani. No tuvieron que esperar su turno durante horas, como ha ocurrido otros días. La lluvia helada convocó a muy pocos a la pista.

Los primeros y los más gandallas agarraron enseguida unas andaderas iguales a las que usan los ancianos, pero con ruedas. A Jesús y Estefani les tocó a mano limpia.

Eran las diez y media de la mañana. Las puertas se abrieron por fin para esta nueva camada de 70 patinadores, la mayoría mujeres y niños, aunque también amas de casa de más de medio siglo.

En sus marcas, listos…
Algunos que traían andadera se sentían los muy salsas, nomás hasta que se fueron de nalgas contra la cama de hielo y eso ocurrió luego luego.

Entre ellos estaban el Pelón y su madre. El Pelón es un chiquillo flaco, de unos seis años. Usaba una chamarrona verde con rompevientos, que apenas lo dejaba moverse. Su madre aprovechó para agarrar el timón. Ella en los manubrios, el Pelón en el centro de la andadera, apenas habían pisado la pista y el pelón ya no hallaba cómo levantarse, porque los patines se le iban para adelante, con todo y pies, mientras la madre, aterrada cogía la andadera con todas sus fuerzas y de su boca salía una carcajada diabólica. Ahí iba el pelón una y otra vez a querer levantarse, una y otra vez a terminar en el agua congelada.

Las madres se envalentonaron esta mañana. Doña Laura —por ponerle nombre— se ha de haber dicho ¿Cómo fregados no? Y ha de haber pensado que para animar a su prole de tres niños lo mejor era meterse ella misma en la pista. Doña Laura calculó mal. Doña Laura estuvo media hora asida con las dos manos al borde perimetral de metro y medio de altura que enmarca la pista de hielo. Tras ellas, como patos recién nacidos, su prole y otras doñas Lauras y otros chiquillos, en una fila india de 40 piernas temblorosas y 20 pares de manos firmes y ampolladas por el contacto firme con la valla metálica.

Entre las rodillas y los muslos de estas Lauras pasaba lento, muy lento el deseo de bienestar, amor y prosperidad que las autoridades mandaron poner en un letrero, pocos días antes de que las mismas autoridades aceptaran un aumento de un peso en el costo de un transporte público de cuarta.

Pero estábamos en el primer mundo, al que esta mañana llegaron el Juancho y los otros del barrio de San Andrés, muy cuates ellos y muy machos ellos hasta que mordieron el hielo. En el centro de una pista que es como una escena larga de una película que podría ser el Ensayo sobre la ceguera, o The Walking Dead temporada 32 o Cuidado bebé suelto, en las que los extras tienen un paso lento, envejecido, a tientas.

O de plano dramático.
Por fin la progenitora intentó levantar al Pelón, que en el centro de la pista siguió echando los pies adelante y las nalgas al hielo. Para levantar al Pelón, la progenitora se asió a la andadera con la mano izquierda, con la que es muy probable que tenga menos fuerza porque es muy probable que la progenitora no sea zurda. Un trabajador de la pista vino a levantarlos a los dos. No fue fácil. El Pelón quiso irse, aterrorizado. Afuera de la pista su progenitora lo agarró a coscorrones. “Ándele chillón”.

Como ellos, alrededor de 16% son desertores, afirma uno de los encargados, el que pone la música en inglés, programa la proyección de unos copos de nieve lila sobre las paredes de la carpa y debe ser matemático especialista en la regla de tres.

Jesús y Estefani siguieron en la patinada porque Oaxaca queda lejos y allá también hay pista, pero les da vergüenza que los vean derrapar. Esfefani se portó muy paciente con Jesús… los primeros cinco minutos. Ella jamás había patinado, pero rápido agarró la maña. Jesús nomás no pudo e hicieron la escena de luchas grecorromanas cuando estaban en el piso. Estefani se paró, lo paró y lo dejó en el centro de la pista.

Jesús juró que volverá a intentarlo. No fue él, dijo, fue el  hielo que está lleno de chipotes y baches.

“La ilusión muere al último”, según Jesús García. La ilusión, según el diccionario de la Real Academia Española es un “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”.

La de la plaza de la Liberación permanecerá en pie hasta el 12 de enero de 2014

Tapatío

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