Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Eugenia Coppel

Hombres necios que acosáis…

Diversas organizaciones alrededor del mundo luchan, in situ y a través de las redes sociales en internet, contra las agresiones de las que son objeto en las calles de sus ciudades

Por: EL INFORMADOR

El acoso es una de las agresiones de las que las mujeres son objeto en las calles de sus ciudad.  /

El acoso es una de las agresiones de las que las mujeres son objeto en las calles de sus ciudad. /

GUADALAJARA, JALISCO (05/MAY/2013).- Con abril llegó el calor, con el calor, las faldas y las blusas frescas, y con éstas, el aumento exponencial de individuos del sexo masculino que se sienten con el derecho de hacerles saber a ellas de su calentura instantánea, a gritos o en voz baja. Hombres que con sus actitudes y palabras las agreden e intimidan. Hombres para quienes ellas no son personas, sino apenas sus fantasías.

“¡Que chulaaaada!”, dice un tipo por lo bajo mientras recorre de arriba a abajo a una chica. “Hola, preciosaaaaa…”, “Qué riiiicas pieeeernassss”, o “Llévame mami”, son algunas de las frases que muchos creen inocuas del gastado repertorio. Para ellos son un halago. También recurren al clásico chiflido o al desconcertante “psst, psst”, y otros lanzan besos tronados al aire o producen sonidos bucales como de absorción.

Lo hacen hombres solos y acompañados de sus congéneres. A nivel de calle o desde la seguridad que otorga un auto en movimiento, sin distingo de edades ni clases sociales.

Y al parecer tampoco de razas o países, como lo demuestra el número creciente de organizaciones con proyección local o internacional, que trabajan con el fin de denunciar la existencia de esta práctica, y concienciar, tanto a hombres como a mujeres, de que no se trata de un halago sino de una particular forma de violencia contra ellas.

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Elizabeth Vallejo es una socióloga peruana de 32 años que dirige el colectivo Paremos el Acoso Callejero, un observatorio que surgió para visibilizar un fenómeno que también es pan de cada día en las calles de Lima. La profesora metió el proyecto a una convocatoria anual lanzada por la Universidad Católica del Perú –donde es docente— y éste resultó uno de los seleccionados para ser financiado durante un año por la institución.   

“Sabíamos que nos había pasado a todas, pero nos encontramos con que no era visto como un problema social, sino con tolerancia tanto de hombres como de mujeres”, cuenta la socióloga vía Skype. De modo que la primera necesidad era comenzar a concienciar acerca del uso de las palabras, y hacer saber que el grito de “mamasota” a una chica que camina sin molestar a nadie por la calle,  no se llama piropo: se llama acoso. Y no se diga de frases más vulgares, o actos como la masturbación pública, los tocamientos y el exhibicionismo.

El colectivo dirigido por Vallejo, e integrado una veintena de estudiantes voluntarios de ambos sexos, explica en su sitio que el acoso callejero es un tipo de violencia, “porque además de ser no deseado, ocasiona en las mujeres impactos negativos como temor a transitar solas por las calles, demoras innecesarias al evitar ciertas zonas consideradas inseguras, gastos extra para costear transporte privado” y “dependencia de otros hombres a quienes piden compañía y protección”.  

Desde febrero de 2012, el observatorio ha realizado diversas acciones, entre ellas, el levantamiento de datos a través de entrevistas, encuestas y un mapa virtual; la difusión de historias de mujeres en redes sociales, y recientemente, la realización de la Semana Anti-Acoso Sexual Callejero.

Sus miembros reaccionaron, además, ante un reportaje titulado “Los piropos de los peruanos” –transmitido en el programa de televisión Frecuencia Latina— por tratar el tema desde una perspectiva machista y sin tomar en cuenta el punto de vista de las mujeres. El pronunciamiento firmado por cuatro asociaciones civiles y más de 400 ciudadanos, no sólo logró una disculpa pública de parte de la empresa, sino la realización y transmisión de un nuevo reportaje donde el acoso callejero se analizó como una problemática.

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Ni el fenómeno del acoso en las calles ni la formación de asociaciones para luchar contra él son situaciones nuevas. En la década de 1920 existió en Estados Unidos un movimiento llamado Anti-Flirt Club (Club Anti-Coqueteo), que surgió en Washington ante la inconformidad de un grupo de mujeres por las frecuentes invitaciones de los hombres a sus automóviles. El nacimiento del club que luego se extendió a otras ciudades como Nueva York y Chicago, quedó notificado en un artículo del Washington Post (28 de febrero de 1923),  titulado 10 Girls Start War on Auto Invitation (algo así como “Diez chicas declaran la guerra a las invitaciones a los autos”).  

El Club Anti-Coqueteo es un referente para Emily May, directora y co-fundadora de una organización actual que trabaja para erradicar el acoso en las calles, con una proyección internacional. Se trata de la neoyorquina “Hollaback!”, que desde su fundación en 2005, se ha extendido hasta llegar a tener representación en 64 ciudades de 22 países, a través del trabajo de activistas locales. En México ya existen dos grupos adscritos: “Hollaback!” D.F. y “Hollaback!” Querétaro.

Contar las propias historias es la base de este movimiento global, en el que se invita a las víctimas a compartir sus experiencias haciendo uso de las nuevas tecnologías: desde las diversas plataformas que permite la red –incluida una aplicación para iPhone— hasta videos y fotografías tomadas con teléfonos celulares. Y es “esta compilación de historias”, cuenta Emily May en entrevista para la revista Time, “la que está cambiando la manera de concebir el acoso en el espacio público”.

También para compartir historias de mujeres acosadas en las calles y difundir contenidos feministas en línea, Ixchel Villareal creó la página de Facebook “No quiero tu piropo! Quiero tu respeto”, que en menos de un año ha conseguido atraer a casi 75 mil seguidores. En los últimos meses, ese proyecto se ha transformado en un “colectivo feminista enfocado en promover una cultura de equidad de género y respeto”, que además de la acción en la red, busca tener incidencia en la población de Ciudad Juárez, de donde son originarios los 11 jóvenes que lo integran.

Bibian Silva –estudiante de psicología y una de las administradoras de la página— considera que el veloz e inesperado crecimiento del proyecto, se debe a que la mayoría de las mujeres se han sentido acosadas alguna vez en su vida: “yo creo que es un tema en el que todas nos sentimos identificadas, por lo cual se genera empatía y una especie de hermandad”, explica en entrevista telefónica.

Entre las últimas historias publicadas en su sitio de Facebook, está por ejemplo la de Indira Mendoza (martes 30 de abril), una chica de 28 años que en 245 palabras y una fotografía donde aparece sonriente y haciendo la seña de amor y paz, cuenta un par de experiencias de acoso y despotrica contra “los piropos”.

Con una desordenada redacción, Indira relata un hecho que sucedió temprano en la mañana, cuando salió de su casa para hacer deporte: “me topé con un tipo que empezó a acosarme (aún estaba oscuro, eran 5:00 am) e inmediatamente respondí a su acoso… diciéndole vulgar, ordinario… etcétera. Él se me acerco rápidamente y me lanzó una bofetada... Fue lo más humillante que pude haber pasado en mi vida, sentí rabia, impotencia, humillación… ¡Cómo una mujer no puede ser libre sin sentirse acosada y sumergida entre seres que sólo miran como objeto sexual y de burlas! (…)”.

Hasta este viernes, la historia de Indira había sido compartida 12 veces en la red social y una buena cantidad de seguidores del grupo le manifestaron su apoyo: 176 a través del botón Me gusta, y 25 con comentarios como: “Muy Valiente!!”, “No dejes de luchar” y más de un consejo de siempre llevar consigo gas pimienta.

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En la misma entrevista para la revista Time, Emily May relata el acontecimiento que dio pie a la fundación de “Hollaback!”: una chica viajaba en el metro de Nueva York cuando un señor empezó a masturbarse frente a ella. Sin saber qué más hacer, la mujer tomó una foto que luego llevó ante la policía, pero ahí le dijeron que no había ninguna acción legal que se pudiera emprender al respecto. Entonces se le ocurrió subirla a Flickr, donde pronto se convirtió en una imagen viral que terminó publicándose en la portada del New York Daily News.

El anterior es un ejemplo de que en el problema del acoso callejero, pueden tener mayor impacto las acciones de comunicación que las posibles leyes, y de eso está convencida la socióloga Elizabeth Vallejo. En el colectivo que dirige en Lima, si bien ha habido contacto con personas de la Municipalidad –quienes pueden acceder a los casos registrados en el mapa virtual— el aspecto jurídico no es una prioridad. “Tampoco lo descartamos”, afirma la profesora, “pero pensamos que el tema comunicacional es lo mejor. Me imagino que en México, igual que en Perú, el incumplimiento de las leyes es muy grande; y tampoco es la idea generar más leyes que no se cumplan”.

En esto está de acuerdo Cristina Palomar, ex directora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara, quien añade la dificultad de legislar sobre el tema cuando también es complicado establecer la frontera entre la galantería y el acoso. Otro aspecto en contra es el anonimato de los agresores en los espacios públicos, lo que no sucede, por ejemplo, cuando el acoso se da en un lugar de trabajo. Y finalmente –afirma la académica— “es contraproducente seguir tutelando a las mujeres con leyes: en lugar de protección, ellas tendrían que asumirse con la capacidad de reaccionar y exigir respeto de parte de los hombres. Creo que el objetivo más realista sería el famoso empoderamiento femenino”.  

Las distintas organizaciones que trabajan para erradicar el problema, sugieren algo similar a las mujeres que piden consejos sobre cómo reaccionar.

“Lo que nosotros decimos siempre es que respondan, que vale el riesgo”, explica Elizabeth Vallejo. “Que respondan con voz firme, que llamen la atención de la gente que está a su alrededor, que griten, que no se queden calladas. Porque la idea bajo el acoso callejero es un tipo que pretende intimidar y dominar, y si no logra hacerlo, quebraste de alguna forma este vínculo de dominación que él quiere establecer contigo”. Lo anterior, aclara la peruana, siempre que las mujeres consideren que están en una circunstancia segura: “no en una calle oscura, no cuando son cinco hombres y tú eres solo una”.

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Las activistas del acoso callejero se mantienen optimistas: “La cultura cambia todos los días” afirma la directora ejecutiva de “Hollaback!”, quien recurre al ejemplo de la terrible discriminación que sufrieron, durante siglos, las comunidades afroamericanas en Estados Unidos, cuando actualmente el país está bajo el mando del primer presidente negro. “Así que no veo por qué no podamos cambiar la cultura en la que se piensa que el acoso callejero está bien”.

Su visión: “Un mundo donde el acoso callejero no sea tolerado, y donde todos podamos disfrutar de igual acceso a los espacios públicos”. Una muy similar a la de la organización peruana, cuya “apuesta es por ciudades en las que hombres y mujeres puedan transitar con igual libertad y sin miedo. Buscamos que la ciudad sea un lugar de encuentro entre personas que se reconocen como iguales y donde ninguno busca imponer sus deseos al otro”.

''Es contraproducente seguir tutelando a las mujeres con leyes: en lugar de protección, ellas tendrían que asumirse con la capacidad de reaccionar y exigir respeto de parte de los hombres''.

Cristina Palomar, ex directora del Centro de Estudios de Género de la UdeG.




PARA SABER

Todos los días

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH; INEGI 2011), 40 % de las mujeres se ha enfrentado con algún tipo de violencia en los espacios comunitarios (calle, mercado, transporte, cine, otros), y de ellas, 42 % ha padecido violencia sexual y 92 % intimidación.

Botellita de jerez...

Si bien el acoso en las calles es un problema que afecta principalmente a las mujeres, esto no significa que los hombres no hayan sido alguna vez el blanco de esta agresión. Pero incluso las estadísticas oficiales se enfocan en el sexo femenino: de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH; INEGI 2011), 40 % de las mujeres se ha enfrentado con algún tipo de violencia en los espacios comunitarios (calle, mercado, transporte, cine, otros), y de ellas, 42 % ha padecido violencia sexual y 92 por ciento intimidación.

Como administradora de la página de Facebook “Paremos el acoso callejero”, Elizabeth Vallejo reconoce haberse encontrado con unas cuantas historias de hombres. “Sí sucede, pero son casos bien aislados”, comenta la socióloga peruana; “no es la experiencia cotidiana de las mujeres: de todos los días durante años”.

¿Qué pasaría si fuera al revés? Un video de realización argentina –el primero que aparece en You Tube con el nombre “acoso callejero”— ilustra con humor la situación: un muchacho preparatoriano sale de su casa, y a los cinco segundos de tener un pie fuera recibe el silbido de una chica que pasa en dirección contraria. Luego el calificativo “lindo” de una segunda, y un piropo tierno de una más. Al principio él sonríe tímidamente y hasta intenta coquetear de vuelta, pero pronto las mujeres se ponen cada vez más vulgares, al punto de que el zumbido de censura impide escuchar las frases completas. Para entonces, el chico ya no está tan contento.

El corto original, dirigido por Hugo Meyer, es intervenido en esta versión con textos que se dirigen a los miembros del sexo masculino: “PARA”, dice con letras mayúsculas. “Imagina esto todos los días desde que tenías 11 años. Ahora imagina que no todas son mujeres lindas o de tu edad, sino señoras grandes, nenas o abuelas”. Ahora imagina que no vivimos en una “sociedad machista desde siempre, sino hembrista; que no podías votar, que no podías trabajar, que servías para limpiar la casa (…)”, y así continúa el mensaje hasta que acaba con un reclamo de RESPETO, también en letras mayúsculas.  

En Guadalajara fue

Nelly era estudiante de la carrera de artes plásticas, que se imparte en el centro universitario de la calle Belén, cuando fue víctima de acoso sexual callejero. Sucedió uno de esos días calurosos que llevaba una falda holgada a la altura de las rodillas. Esa tarde cuando salió de clases y se dirigía rumbo a su auto, sus manos estaban llenas con materiales de todo tipo. Entre ellos, una maqueta que había confeccionado para el curso de diseño tridimensional, una mochila y un paquete de grandes escuadras. Fue en la misma calle Belén, casi llegando a San Felipe, cuando Nelly (cuyo nombre fue cambiado a petición de la afectada) sintió cómo de repente se quedó sin falda, y acto seguido, vi a un fulano correr a sus espaldas con dirección hacia la Plaza de la Liberación.

La chica de 22 años tardó todavía unos segundos en caer en cuenta de lo que acababa de pasar. Soltó todo lo que traía en las manos y se agachó para vestirse de nuevo. Nelly cuenta la historia todavía con indignación y sorpresa.

Además de incontables agresiones verbales, María, de 28 años, sufrió una experiencia particular que ha impactado en su manera de desplazarse por la ciudad. Caminaba por su casa en la colonia Altamira, a unas cuadras de la avenida Patria, cuando un motociclista con caso cerrado se acercó, subió su vehículo a la banqueta y la empujó contra el muro. Luego frotó circularmente sus senos durante unos 20 segundos, y volvió a pisar el acelerador.

En ese momento María se quedó paralizada y asustada, un efecto que –dice— no ha desaparecido del todo: “Me quedó una especie de trauma psicológico y siempre que escucho un motor de moto que se acerca, se me eriza la espalda y tengo la sensación de que me va a hacer daño”.

Tapatío

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