Domingo, 12 de Octubre 2025
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Guadalajara en un llano

Para notar el paso del tiempo y de las generaciones

Por: EL INFORMADOR

Aquellos tiempos. Felipe Arregui, Martha Gaytán, Ricardo López Hidalgo, Susana Preciado, Ana Ordaz, Bernardo Corvera, Merce Moragrega. EL INFORMADOR /

Aquellos tiempos. Felipe Arregui, Martha Gaytán, Ricardo López Hidalgo, Susana Preciado, Ana Ordaz, Bernardo Corvera, Merce Moragrega. EL INFORMADOR /

GUADALAJARA, JALISCO (25/SEP/014).- “Algo que los hijos recordarán de nosotros, será el amor y el respeto que les dimos”

* “Todo tiempo pasado fue mejor”, una frase que invita a reconsiderar lo positivo y negativo de mediados del pasado siglo y principios de este.

A quienes no tocó vivir los años dorados de los 60, nos formó con gusto por las cosas sencillas que se vivían en ese entonces. Las cosas más simples eran divertidas, escuchábamos a los adultos y aprendíamos; jugábamos y caminábamos por la calle sin ningún sobresalto. Disfrutábamos la “patinada semanal” en el camellón de Lafayette; las matinés del Colegio Victoria y sus kermeses, tan gustadas como las de Casa Loyola, donde los fines de semana eran estupendos, con películas blancas y color de rosa. Todo el año esperábamos los bailes de Ingeniería y Arquitectura, que además de ser tradicionales tenían marcada competencia para superar uno a otro. Los jóvenes vestían de rigurosa etiqueta y las chicas con vestidos largos y refinada coquetería.

Teníamos sencillez de espíritu, deseo de servir, tiempo de convivir, capacidad para leer, comentar los libros y saber escuchar.

Fuimos de las últimas generaciones en creer que se necesitaba estar casada para tener hijos, que no era cursi ser sensible y que ser virtuosa era una virtud y no un defecto.

Sin querer envejecemos, el tiempo pasa más rápido de lo que imaginamos; he vivido lecciones de vida que me han hecho acariciar lindos momentos que se han ido para no volver más, quedan recuerdos eternos de quienes amé y partieron antes que yo; los perdí pero gané su ejemplo de sembrar amor para cosechar amor.

No cabe duda que pertenezco al gremio “Old Fashion” de quienes aún apreciamos el buen gusto y la discreción en la mujer, motivo de inspiración para compositores, poetas y pintores. Pertenezco a la clase que gusta del romanticismo, la galantería, la cortesía y sensibilidad de ese ser que merece llamarse caballero.

Eso quisiera dejar para mis nietos: un mundo de cortesía, cordialidad, amor, esperanza y alegría. Que lo ético sea como principio básico para que respeten a las leyes y al derecho de los demás. Ese es el mundo que sueño para mis nietos.

* Hoy presentamos fotos de aquellos años dorados; muchos se han ido pero su recuerdo permanece.

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