Lunes, 13 de Octubre 2025
Suplementos | 'De gente bien nacida es agradecer lo que recibe, la alabanza y el poder'

Guadalajara en un llano

'De gente bien nacida es agradecer lo que recibe, la alabanza y el poder ciegan con facilidad los ojos del entendimiento'

Por: EL INFORMADOR

RECUERDOS DE LA INFANCIA. Fernando y Josefina Quezada. FOTOS: Cristina Santana.  /

RECUERDOS DE LA INFANCIA. Fernando y Josefina Quezada. FOTOS: Cristina Santana. /

GUADALAJARA, JALISCO (18/SEP/2014).- Muchas han sido las costumbres en la vida diaria de los habitantes en nuestro país, muchas olvidadas o perdidas. Algunas deben permanecer en el olvido, pero otras merecerían ser rescatadas.

La familia del México antiguo, se preocupaba celosa y rigurosamente por la educación de los hijos, por la comprensión de valores religiosos y sociales, el respeto con  cortesía, buenos modales y el dominio de sí mismos en la formación del carácter.

La segunda enseñanza era en la escuela, con disciplina y colaboración. La verdad y la modestia ocupaban un lugar preponderante en el sistema de valores; la discreción en el hablar, en comportarse y en el vestir era muy apreciada. El arte y la música complementaban su educación.

“Y así eran estas historias en los barrios tranquilos y apacibles de Guadalajara, donde veíamos cada mañana salir el Sol por el mismo horizonte, que es quizás lo único que no ha cambiado ni cambiará quién sabe durante cuánto tiempo”, dijo el jalisciense poeta y escritor RAMÓN ÍÑIGUEZ FRANCO, testigo de su transformación a mediados de los sesenta.

Medio siglo después Guadalajara es víctima de su propio encanto. De ser una arbolada y bella ciudad de rosas y fuentes, con clima envidiable y tapatíos gentiles y educados, pasó a ser una urbe en la que han desaparecido la mayoría de sus atributos. Los valores y tradiciones de los tapatíos -a quienes describían como alguien que destacaba en personalidad- han cambiado; mucho ha desaparecido o no se le da importancia.

Hay desconfianza debido a la inseguridad y delincuencia; tenemos desorden y contaminación, tanto por el acelerado incremento de población, como por modismos, costumbres y vocabulario que no usábamos y que estamos incorporando a lo habitual.

Mi imaginación me lleva a imágenes melancólicas de una Guadalajara histórica y elegante, la verdadera Ciudad de las Rosas que aún conserva la solidez familiar, las tradiciones en fiestas y costumbres y los edificios representativos, entre ellos la Catedral, el Teatro Degollado y el Hospicio Cabañas, que nos muestra en la cúpula de la antigua capilla del siglo XIX, El hombre envuelto en llamas, rodeado de 40 frescos del artista jalisciense JOSÉ CLEMENTE OROZCO.

Nos convertimos en lo que hacemos, en lo que elegimos... la integridad es nuestro destino y aunque se debilite el regionalismo, no permitamos que se debilite el orgullo de ser tapatíos.

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