Suplementos | Por: José Luis Cuellar de Dios Aprender de ellos Discapacidad y santidad Por: EL INFORMADOR 30 de octubre de 2009 - 05:53 hs Los últimos 30 años de mi vida han transcurrido cercanos a la discapacidad. Martita, mi hija, una chica con discapacidad intelectual, me ha conducido por caminos desconocidos y contradictorios para la mayoría de los mortales y que por supuesto nunca imaginé. Desde hace tiempo me asalta una incomoda y complicada duda; incómoda por mi condición de católico y complicada por mi declarada ignorancia para resolverla satisfactoriamente: ¿por qué, transcurridos dos mil años, no está en los altares ninguna persona con discapacidad elevada a la condición de Santo? La duda me asalta, no desde el simplismo con el que muchas personas, incluso muchos sacerdotes explican la condición de los seres con discapacidad: “Son unos angelitos”, sino desde la propia definición de santidad: acercarse a la suprema perfección de Dios, siendo incompatible con todo pecado, con todo defecto, con toda imperfección de entendimiento y voluntad. Confieso, sin entenderlo claramente, como poco claramente podemos entender lo que pasa en el interior, intelectual y espiritual de una persona con retardo mental, que dada su capacidad de razonamiento, entendimiento y voluntad, se impida llegar al conocimiento de sus anhelos, aspiraciones y objetivos de vida; pero existen discapacidades, como la parálisis cerebral, aquella cuya manifestación alcanza severas restricciones en la motricidad y lenguaje, pero la capacidad intelectual queda intacta, incluso superada frecuentemente más allá de la media normal, que son ejemplos de piedad, pureza, resignación, tolerancia, perdón y amor. He tenido la dicha de conocer muchos jóvenes, hombres y mujeres, con parálisis cerebral. Conocerlos y tratarlos ha sido una indescriptible experiencia. Seres dotados de maravilla y asombro que contrastan con nuestra proclividad a la quejumbre y el derrotismo, seres que enfrentan la vida con un optimismo sin límite, que despiertan cada día para luchar contra todo tipo de adversidades, comenzando por la implacable discriminación en todas sus manifestaciones y que terminan su jornada amando, tolerando y perdonando gracias a su aplastante caudal de virtudes. Cómo no admirarnos ante tal condición de perfección, cómo no pensar que son seres santificables dedicados y consagrados a Dios. Hombres y mujeres que a lo largo de miles de años han padecido desprecios, incomprensiones y hasta agresiones, que los hemos aislado a vivir en la parte invisible del mundo, injusticia terrible a la que han respondido con un silencio abnegado convirtiéndose en tejedores insustituibles de la verdadera tolerancia y del verdadero perdón como prueba máxima de amor a Dios. Las personas con discapacidad han tenido que soportar ser marcados, según la época de la historia, con diferentes y crueles estigmas. Deberíamos meditar si acaso no ha llegado la hora de marcarlos con el estigma, real y verdadero que su naturaleza exige: el estigma de la santidad. Debo reconocer mi ignorancia en temas tan complejos como los procesos de santificación en una Iglesia milenaria y escrupulosa, pero puedo afirmar por múltiples experiencias que muchas personas con discapacidad, admirables y pacientes, han soportado y soportan sus difíciles y vulnerables condiciones de vida, vidas ascéticas y sacrificiales porque aman a Dios, amén de los amenes. Temas Calor de hogar Lee También Llega el día más caluroso de la semana para Guadalajara este martes ¿Qué día de la semana hará más calor en Guadalajara? Viene calor a Guadalajara a partir de este lunes 20 de octubre Aprende a hacer un deshumidificador casero Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones