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Jueves, 19 de Septiembre 2019
México | Tejido cutáneo, en peligro constante

Implante de piel culmina con éxito

El primer mexicano en recibir este tipo de tratamiento logra salir del infierno gracias a la generosidad de otra persona

Por: SUN

Miguel sostiene al menor de sus hijos, del que su esposa tenía ocho meses de embarazo al suceder el accidente. EL UNIVERSAL  /

Miguel sostiene al menor de sus hijos, del que su esposa tenía ocho meses de embarazo al suceder el accidente. EL UNIVERSAL /

CIUDAD DE MÉXICO (25/JUL/2011).- Miguel no sabe explicarlo. Le cuesta entender por qué le da por acariciar su vientre a cada rato. Reconoce que es casi un impulso estar tocando el implante de piel cadavérica que le fue donado y que abarca toda la parte frontal de su cuerpo.

Lo que sí sabe es que sobrevivió gracias a los injertos que recibió de una persona fallecida.

Su piel, quemada en 70% de la superficie corporal —desde el cuello hasta los tobillos en el momento del accidente—, es ahora para este hombre de 25 años de edad, padre de cinco hijos, un templo que, asegura, cuida y valora como nunca antes.

Fue el 22 de enero de este año cuando su jefe le reportó que el agua de la alberca estaba fría. Miguel, jardinero de un conjunto de casas en Cuernavaca, Morelos, no sabía de calderas, pero siguió la instrucción de encenderla con tal de conservar su trabajo.

En un primer intento no pudo activarla. Volvió a esforzarse. Quiso purgarla, pero esta vez, seguido del chispazo del encendedor, vendría un enorme estallido. Sólo llevaba un short azul y una camisa negra. En las escaleras del lugar aún pueden verse pedazos quemados de su ropa y cabello.

Miguel corrió como pudo mientras intentaba arrancarse la ropa aún con flamas. Su hijo de cuatro años fue el primero en verlo. Desde entonces, el menor de la familia no habla. Los médicos atribuyen su silencio a la impresión de ver a su padre en llamas.

La lucha por la familia

Por una razón que incluso los médicos no logran explicar, en la cara de Miguel no hay una sola cicatriz o quemadura de aquello que este hombre describe como el infierno.

Dice haber pensado, entre la desesperación, el pánico y el dolor: “No me he portado tan mal como para quemarme vivo en el infierno”.

En ese momento su esposa cumplía ocho meses de embarazo. En el hospital los médicos y enfermeras le decían que debía luchar por su vida para conocer a su hijo.

“Llegué a ver la grasa, los músculos e incluso los huesos de mi cuerpo por la profundidad de mis heridas”, recuerda ahora Miguel.

Lo que continuó fue su ingreso inmediato en el Hospital General de Cuernavaca “Dr. José G. Parres”. Ahí permaneció durante 12 días. Fue en ese lugar donde asegura haber adquirido una grave infección, “pues no había absolutamente ninguna medida de salubridad para atender a personas con quemaduras severas, como mi caso”.

“Incluso le pedían a mi familia que fueran ellos quienes me cambiaran las sábanas y colocaran pomadas. Mi cuerpo comenzó a adquirir un color verdoso, mi piel a tener un olor muy desagradable. No toleraba el dolor. Estaba entubado. Pedía morirme”, dice Miguel, hoy con 18 kilos menos debido a que durante el proceso de su hospitalización se rehusaba a comer.

La familia solicitó el cambio a un centro de especialidades. Había que trasladarlo al Distrito Federal, pero los permisos en el hospital de Cuernavaca tardarían dos días más.

Miguel ingresó al Instituto Nacional de Rehabilitación dos semanas después de su accidente. No había tiempo que perder. La infección ya alcanzaba sus pulmones. De inmediato entró a quirófano para la eliminación del tejido muerto; su epidermis ya no era capaz de regenerarse, por lo tanto requería de injertos de su propia piel (la que no estaba quemada), hasta que ya no hubo más de donde tomar.

Un trozo de aliento


“El tratamiento de quemaduras graves, en general, requiere injertos de piel. En un injerto se toma piel de zonas del cuerpo que no estén quemadas y se introduce esa piel en la herida. La piel injertada se adhiere al tejido subyacente y cierra eficazmente la herida”, comenta el doctor Francisco Martínez Flores, jefe del Banco de Piel y de Tejidos del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).

“Donar nuestra piel no significa que nos van a mutilar en el momento de fallecer. Sólo te quitan una capa superficial de piel del tórax o la espalda con un aparato, y se guarda en un líquido especial. Este tejido dura hasta 10 años congelado para aplicarlo a las personas afectadas”.

El Centro Nacional para la Investigación y Atención a Pacientes Quemados (Ceniaq) y el Banco de Piel del Instituto Nacional de Rehabilitación convirtieron, por medio de sus tratamientos, a Miguel Hernández en el primer mexicano en recibir trasplante de tejido cutáneo cadavérico del protocolo de procuración de piel de donantes de dicha institución.

La Secretaría de Salud inauguró en 2009 el primer banco de piel y tejidos del Sistema Nacional de Salud; sin embargo, según especialistas en México, los trasplantes en general están muy debajo de las necesidades reales.

El banco de piel y tejidos del Instituto Nacional de Rehabilitación es el primero en su género en México, capacitado y autorizado para obtener, procesar y proveer piel a los pacientes quemados, principalmente niños.

Médicos, enfermeras, terapeutas, sicólogos, siquiatras, educadores e investigadores de la salud formaron parte del equipo de especialistas que recibió a este joven que en 60 días pudo dejar el hospital y en la actualidad desarrolla su vida en total plenitud.

En días recientes, autoridades del Ceniaq del INR firmaron un convenio con los centros de Neurología y Neurocirugía, así como con los hospitales General de México y Juárez de México para obtener donación de piel cadavérica para el tratamiento de personas que sufren quemaduras.

José Ángel Córdova Villalobos, secretario de Salud federal, afirmó que es importante fomentar la cultura de la donación de piel de cadáver, porque si bien hay conocimiento de la donación de riñón, poco se sabe de la de piel.

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano, pero también el más vulnerable por ser el más expuesto. Estadísticas del INR indican que los que más sufren de quemaduras son los niños y los ancianos, debido sobre todo a escaldaduras por líquidos hirvientes: agua, aceite.

En México se reportan cada año alrededor de 114 mil casos de accidentes por quemaduras, población equivalente a la que llenaría un estadio de futbol. El mejor tratamiento para las quemaduras graves es el uso de piel humana donada. “Pero no hay disponible, o es muy poca”, lamenta el especialista Martínez Flores.

Cuando la piel se implanta en el cuerpo del paciente con quemaduras ayuda a disminuir el dolor, a mantener la temperatura del enfermo, y contribuye a acelerar la cicatrización.

Una oportunidad para ayudar

Todos los mayores de 18 años que no tengan evidencia de enfermedad contagiosa como hepatitis B, C, o VIH-sida pueden ser donadores de piel.

Según el especialista, en los últimos años se ha registrado un incremento alarmante en el número de personas quemadas y por ello es necesario tomar medidas preventivas y adecuadas para darles una oportunidad de vida a los pacientes quemados, “la complicación más frecuente por quemadura es la infección por microorganismos, de ahí la importancia de tener piel disponible para personas en situaciones de desastre o accidentes”.

—¿Donarás tus órganos al fallecer? —, se le preguntó a Miguel.

Tarda un poco en responder. Toma aire, se repone y responde:

—El día en que fallezca donaré todos mis órganos y sobre todo mi piel. Estoy vivo gracias a la inmensa generosidad de otro ser humano que me donó una parte de sí mismo.


EL DATO

Diez años dura congelada

114 mil
casos de quemaduras se reportan al año en México.

Ficha técnica
El proceso del implante


México se ubica en el cuarto lugar de causa de muerte por quemaduras accidentales. Las más frecuentes ocurren por escaldadura por líquido caliente: aceite, agua.

La donación de piel tendrá carácter altruista, conforme lo dispone el Artículo 327 de la Ley General de Salud.

La procuración se realizará lo antes posible y siempre dentro de las seis horas siguientes a la muerte.

El tejido se consigue con un proceso quirúrgico o en área limpia de las zonas no visibles, en la región posterior del cuerpo: espalda, glúteo, miembro inferior derecho y miembro inferior izquierdo.

La piel se extrae con un dermatomo eléctrico con hoja estéril para obtener tiras de la capa superficial de menos de medio milímetro (del grueso de una hoja de papel china) y de la mayor longitud posible.

Se almacena hasta por 10 años en un banco de tejidos que cuenta con instalaciones adecuadas, y los procedimientos son regulados por el Centro Nacional de Trasplantes y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, con estándares internacionales.

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