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En las encuestas sí hay consensos

Las campañas electorales son un ambiente propicio para el surgimiento de encuestadoras que sólo buscan moldear la opinión pública; ¿cómo detectar una firma seria?

Por: EL INFORMADOR

Las encuestadoras recomiendan hacer la entrevista de manera personal.  /

Las encuestadoras recomiendan hacer la entrevista de manera personal. /

GUADALAJARA, JALISCO (30/ABR/2012).- Las encuestas siempre generan sospechas.

El perjudicado por los números de la encuesta debate su legitimidad y seriedad, la acusa de favorecer la causa de su contrincante y pone en duda su calidad moral. El puntero, por el contrario, declara que la ventaja es fruto del trabajo y las preferencias ciudadanos a su favor. Esta historia es de sobra conocida.

Sin embargo, cómo saber la calidad de una encuesta, un asunto tan técnico que ni siquiera los especialistas en opinión pública han podido esclarecer.

Por un lado, Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky ha señalado reiteradamente que la seriedad de una encuesta está vinculada a su método y no forzosamente a sus resultados.

El mes pasado, en la revista Nexos, Campos escribió: “Las encuestas son como el termómetro, debemos exigirles la temperatura que existe cuando se mide, solamente ésa”. Así, uno de los primeros grandes consensos entre encuestadores es: las encuestas son la fotografía de un momento, una tendencia que no necesariamente implica que la distancia en las preferencias será al final la definitiva.

En el mismo sentido, Federico Berrueto y Liébano Sáenz, director y presidente de Gabinete de Comunicación Estratégica, sostienen que la transparencia es uno de los pasos fundamentales para construir los cimientos de la confianza ciudadana en las encuestadoras.

Así, segundo consenso entre casas de estudio de la opinión pública: la transparencia es fundamental para la credibilidad de las encuestadoras. Ya que estos centros de estudios de opinión sobreviven, en buena medida, de las investigaciones que realizan para actores políticos (partidos) o gobiernos (de algún signo), es fundamental que informen a la ciudadanía de quién paga la encuesta, siendo ésta la única manera en que el lector de la encuesta puede hacerse un criterio sólido.

Como señala Francisco Abundis, director de Parametría, la ciudadanía debe ser muy consciente del peso que tienen las encuestas y contrastar los números que presenta determinado encuestador, con todas las demás casas encuestadoras.

“Debe haber muchos validadores y una masa crítica de ciudadanos que se monitoreen unos con otros, donde si hay un dato que no concuerda contrastarlo con los otros y también está el hecho de que si hay muchos datos que se parecen no quiere decir eso que sean los datos correctos”.

El método es el caparazón que imprime legitimidad a los resultados, “atinarle” al resultado sin una estructura metodológica, significa estar jugando al profeta. Solamente el método le confiere un carácter científico a los pronósticos de una casa encuestadora.

Otro punto que ha enfatizado el encuestador Ulises Beltrán, con amplio reconocimiento a nivel nacional, es el tema de la distancia temporal con respecto a la elección. Como señala también en Nexos, “a menor distancia, mejor desempeño”. En la medida en que la elección se acerca, ciertos escenarios comienzan a clarificarse, lo que no significa que podamos dar por sentado que si una encuesta sale tres días antes de los comicios necesariamente supondrá el ganador.

Como hemos visto en el pasado, fenómenos sociales o políticos alteran la marcha de una campaña: recordamos en España, los ataques terroristas a horas de los comicios presidenciales, supusieron la caída estrepitosa del Partido Popular y la vuelta al poder de los socialistas. El tema de la guardería ABC en Sonora, también modificó en cuestión de horas las preferencias electorales, ocasionando la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Así, no todas las encuestas están amañadas o tienen intereses partidistas. Existen casas encuestadoras de mucha responsabilidad; sin embargo, a medida que se acercan los comicios, los candidatos se refugian en nuevas encuestadoras de dudosa reputación.

La labor de los ciudadanos es no “morder el anzuelo” de encuestas amañadas y de metodología dudosa que sólo buscan enviar un mensaje de fortaleza electoral a través de la confusión y el engaño.

Muchos sucesos pueden modificar el curso de una elección, ya sea errores en campaña o eventos que transformen el sentir popular

La validez de una encuesta no necesariamente está vinculada con predecir quién va a ganar la elección, sino con su metodología


GUÍA
El ABC de las encuestas


— ¿Cómo se hace una encuesta?

— Los encuestadores recomiendan que se haga en entrevista personal, y no a través de comunicación telefónica, lo que podría sesgar en algunos casos la encuesta.

Es importante determinar la muestra (el número de personas a entrevistar) y que ésta sea representativa de la sociedad en su conjunto. La muestra se divide en posición socioeconómica, distribución geográfica y secciones electorales.

Para muchos encuestadores, es importante que la entrevista incluya herramientas como la urna para imprimirle veracidad al proceso y que los ciudadanos expresen sus verdaderas intenciones electorales.

— ¿Cómo se presentan los resultados?

— Aquí existe un debate importante. Por un lado, algunos encuestadores optan por la “preferencia bruta”, que son las intenciones electorales incluyendo a los indecisos. Así, para este grupo de encuestadores, es fundamental decirle a la población qué porcentaje de los encuestados no declararon  preferencia, lo que afirma qué tan sólidas son las preferencias electorales.

Hay otros que optan mejor por la “preferencia efectiva” que simplemente excluye a los indecisos, argumentando que posiblemente pueden ir al abstencionismo o simplemente no son relevantes en los escenarios electorales actuales.

Por otro lado, algunos encuestadores argumentan que las preguntas deben tener respuestas binarias (si/no) y no incluir puntos intermedios (“estoy medio seguro de mi voto”), ya que resulta una salida fácil para el entrevistado.

— ¿Son confiables las encuestas que aparecen en medios de comunicación?

— Los encuestadores piden a la población ser juzgados por las encuestas públicas, aquellas que aparecen en los medios de comunicación.

Cuando un medio publica una encuesta pone en juego el prestigio de su trayectoria y la credibilidad ante sus lectores, oyentes o televidentes. Sin embargo, antes que el simple hecho de ser publicada por un medio de comunicación, revisar la metodología es fundamental, sin ella el resultado de las preferencias expuesto, no tiene sustento alguno.

— ¿Por qué aparecen encuestadoras que sólo buscan inflar los resultados para beneficiar a tal o cual candidato?

— Sin ser aún un consenso dentro de las investigaciones sobre opinión pública, muchos estrategas de campaña señalan que publicar una encuesta con resultados benéficos para un candidato puede suponer un mensaje muy poderoso de fortaleza electora.

El simple hecho de ya sea construir el imaginario de que “la elección está acabada”, “que es imposible remontar la elección”, o de que “aquel candidato que tenía una gran ventaja, se está cayendo dramáticamente”, es fundamental para los intereses de campaña.

Análisis
La encuestocracia


Enrique Toussaint (Periodista).

Son, en definitiva, la construcción más acabada de un “oráculo moderno”. Los candidatos y gobernantes se doblegan ante ellas como las poseedoras de la verdad única, la fuente más confiable de evaluación. La “tiranía de la opinión pública”, caprichosa, coyuntural y maleable, moldea políticas públicas, arrasa con equipos de comunicación y marca el rumbo del quehacer gubernamental. Como nunca antes, la sed por conocer y pronosticar las preferencias electorales son insaciables, y constituyen el mejor espejo de lo que alguna vez Mario Vargas Llosa llamó como “la civilización del espectáculo”. Imagen, comunicación y estrategia de medios, se convierten en la clave del ejercicio gubernamental y de la eficacia de las campañas; y las encuestas son sus indebatibles enjuiciadores.

Las encuestas son “una foto del momento”. Esta imagen congelada es el equilibrio coyuntural de las preferencias y opiniones, no constituye, en todas las ocasiones, un grueso látigo sobre la labor del gobernante y tampoco supone el perpetuo status quo. Un ejemplo muy claro, en dos meses la posibilidad de relección de Barack Obama en Estados Unidos cambió radicalmente: tras su derrota en el debate sobre el techo de endeudamiento, sus preferencias electorales cayeron de 40%, ningún presidente de Estados Unidos se ha reelegido cuando sus calificaciones son tan malas. Sin embargo, la captura de Osama bin Laden, tres semanas después, recompuso su popularidad, alcanzando niveles insospechados de 55-60% de preferencia electoral. La opinión pública se compone de coyunturas, es sensible a los fenómenos que rodean a candidatos y políticos, así también, en una sociedad con más acceso a información, las preferencias políticas y electorales se tornan más complejas.

Las encuestas han sido claves en esta elección presidencial. Más que en el pasado, la idea, emanada de los estudios de las encuestadoras, de que la sucesión presidencial está prácticamente definida, influye en los debates y en el ambiente electoral. Con una distancia de entre 25 y 30 puntos a favor de Enrique Peña Nieto, el equipo de campaña del candidato ha logrado introducir en la opinión pública dudas no sobre la posible victoria del mexiquense, sino sobre la posibilidad de que sus preferencias arrastren mayorías en ambas cámaras legislativas. Cada semana las encuestas proyectan un escenario estático, donde las preferencias no se mueven y en un marco de una ley electoral que dificulta el asalto electoral de los candidatos que van abajo en las encuestas.

Los candidatos y gobernantes no se cansan en señalar que ellos “no obedecen cabalmente a las encuestas”. Presumen de independencia política y decisoria, y al final implementan estrategias que obedecen puntualmente a las condiciones electorales y políticas que emanan de las estudios de las casas encuestadoras. Las encuestas son herramientas fundamentales de acompañamiento para el ejercicio de Gobierno y la evaluación de la eficacia de una campaña política. Una encuesta puede ilustrarnos dónde estamos y cuáles son las condiciones de un electorado en un momento determinado. Sin embargo, a pesar de que parecen informes estadísticos que contienen todas las respuestas, la tiranía de la opinión pública coyuntural no debe sustituir el acto reflexionado de Gobierno. Escuchar sólo a las encuestas, significa caer en el pragmatismo coyuntural como abordaje político y representa abdicar en la posibilidad de transformar ciertas estructuras arraigadas en el núcleo mismo de la cultura política de los ciudadanos.

No hay que olvidar que las encuestas son sólo una herramienta. Así, la encuestocracia es peligrosa cuando se erige como la fórmula de la sabiduría y el monopolio de las respuestas electorales, escuchándola sólo a ella, muchas reformas que han democratizado e igualado a la sociedad mexicana, nunca hubieran existido.

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