Sábado, 20 de Julio 2024
México | Por Ramón Zurita Sahagún

De frente y de perfil

Nueva mancuerna

Por: EL INFORMADOR

La renuncia de Wilfrido Robledo Madrid a la dirección de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI),  se considera como el adiós de la seguridad pública de uno de los personajes más carismáticos y consistentes dentro de ese medio.

Urgidos como estamos de buenos elementos en ese terreno su ausencia genera un vacío dentro de las estructuras policíacas, proclives a las violaciones de las garantías y al abandono de las líneas de investigación.

Su salida de la Policía Ministerial de la Procuraduría General de la República (PGR) se suscita por un choque ocurrido con las prácticas y tácticas que se vienen aplicando desde la Secretaría de Seguridad Pública, y que cierran la pinza con el arribo de la nueva procuradora.

Considerado como su alter ego, Genaro García Luna se formó al lado del almirante Robledo Madrid en el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional, y fue señalado como su discípulo más aventajado, siguiendo esa ruta en los distintos cargos que desempeñaba.

Sin embargo, vino el rompimiento provocado por la llegada de Robledo Madrid a la AFI, cargo que en el sexenio anterior desempeñó el propio García Luna, la razón, el choque de estrategias y el estar consciente por parte del titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que los reflectores le serían arrebatados por un personaje reconocido en el medio por su capacidad.

Como medio de control, García Luna se alió con la entonces titular de la SIEDO y hoy titular de la Procuraduría General de la República, Marisela Morales Ibáñez, con la que cerró pinza para elaborar estrategias conjuntas, marginando a la AFI de esas acciones.

Por eso, al anuncio de la llegada de Marisela como procuradora, la renuncia de Robledo Madrid se consideró inminente.

Terror de burócratas

Formador de generaciones de elementos que hoy están posicionados dentro de los más altos cargos dentro de la estructura de los altos mandos policíacos y considerado como un elemento formado a la antigua, pero adaptado a los métodos de la modernidad, Robledo Madrid se enfrentó a la burocracia que priva en esas áreas.

Acostumbrado a la dinámica, se enfrentó al monstruo de la burocracia y un informe sobre el estado de la dependencia a su cargo y las carencias que tiene, filtrado a la prensa, motivó una renuncia anunciada.
Proveniente de la Marina y adscrito desde sus inicios a los cuerpos de seguridad, Wilfrido alcanzó el grado mayor que hay dentro de la estructura militar a la que pertenece, aunque siempre se manejó con perfil distinto al de los militares, por su paso por distintas dependencias civiles.

Inició como ayudante marino en la Presidencia de la República y luego fungió como director de Seguridad Pública en el Gobierno de Tabasco que encabezó Enrique González Pedrero.

Posteriormente se incorporó a Banobras, bajo la tutela de Fernando del Villar, en la misma área de seguridad y se trasladó con el mismo personaje  al Cisen, donde forjó una amplia carrera e inició la leyenda sobre sus aptitudes.

De la vieja escuela de la investigación, Wilfrido encabezó uno de los operativos más limpios que se conocen, el que permitió regresar a manos de las autoridades la Universidad Nacional Autónoma de México, tomada por un pequeño grupo de inconformes que le colocó banderas de huelga.

Con esa acción, se permitió el arribo de Juan Ramón de la Fuente a la rectoría universitaria y el nacimiento de otra leyenda.

Wilfrido fungió como comisionado de la Policía Federal Preventiva y fue relevado del cargo, por un enfrentamiento sostenido con el secretario de Seguridad Pública federal del sexenio de Vicente Fox Quesada, Alejandro Gertz Manero.

La lucha sorda entre los dos personajes derivó en acusaciones en contra del entonces vicealmirante que le provocaron inhabilitación para ocupar cargos en el Gobierno federal.

Con todo y ello, sus blasones le permitieron actuar como director de la Agencia de Seguridad Estatal del Estado de México al inicio del Gobierno de Enrique Peña Nieto, período que terminó con el fallido operativo de desalojo de San Salvador Atenco y la renuncia de Robledo Madrid.

Ubicado como uno de los grandes expertos en el manejo de helicópteros de la Marina, Robledo Madrid regresa a su sitio de origen (la Secretaría de Marina), aumentando su hoja curricular con un objetivo: alcanzar la titularidad de la dependencia en la que se formó y alcanzó el título de ingeniero mecánico, una coincidencia del título que ostenta su discípulo preferido y hoy ubicado como su verdugo en el área de la seguridad pública.

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