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Viernes, 16 de Noviembre 2018
Jalisco | Matar a un periodista no es un fenómeno reciente y ni siquiera es extraño a Jalisco

Tinta de sangre: ¿Quién asesinó al periodista?

Triunfante la Revolución mexicana, la libertad de expresión en Jalisco se cubrió de luto con el homicidio de Francisco Rangel, director del diario Verbo Libre

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- La libertad de expresión en México, sobre todo la que ha emanado de un periodismo socialmente comprometido, está siendo ahogada en un baño de sangre. No es nada nuevo. A casi 25 años del terrible asesinato del columnista Manuel Buendía (30 de mayo de 1984), acto calificado por los especialistas como “un crimen de Estado”, la impunidad sigue campeando en nuestro país.
 
Contrario a lo que pudiera parecer, matar a un periodista no es un fenómeno reciente y ni siquiera es extraño a Jalisco. Si en el porfiriato (1877-1911) llegó a ser común que para acallar la voz de un periodista se le mandara detener para ser encerrado en alguna celda de la penitenciaría estatal conocida como “La Escobedo” o la “Casa Colorada”, si no es que su suerte era peor, con el inicio de la Revolución los abusos cometidos contra aquellos se agravaron y multiplicaron. Un buen ejemplo ocurrió enero de 1912 cuando se denunciaron los vejámenes cometidos por el Gobierno de Jalisco contra los redactores del bisemanario “Jalisco Nuevo”. A iniciativa del procurador de Justicia y ante las denuncias realizadas, el Juez 1º de lo Criminal se trasladó a la Penitenciaría a investigar éstas (Sección de Fondos Especiales de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco —a continuación abreviada como BPEJ. SFE—, La Libertad.

Guadalajara, Jal., 20 de enero de 1912, núm., 1794, p. 1).
Otros periodistas corrieron con peor suerte: Francisco L. Navarro, director del diario “La Libertad”, fue detenido por la Policía Reservada o Secreta (una policía especial al servicio del Gobierno del Estado), el viernes 11 de octubre de 1913 y encerrado en la Inspección General de Policía de Guadalajara, donde pasó la noche para que en la mañana del día siguiente fuera llevado al Cuartel del 5º Cuerpo de Policía Rural y en la tarde conducido por tren a la Ciudad de México, sin que mediara las formalidades legales del caso (BPEJ. SFE, La Libertad. Guadalajara, Jal., 11 de octubre de 1913, Alcance, p. 1),  desconociendo si salió con vida de tal trance.    

Revolución y Verbo Libre

Triunfante la Revolución mexicana, las pugnas por el poder en Jalisco llegaron a desencadenar una violencia que enrareció aun más el ambiente político y social en esta Entidad. Fueron muchos los casos en que la violencia política se desencadenó y en las que las averiguaciones judiciales no llegaron a prosperar, tal fue el caso del asesinato de Francisco Rangel, joven director del diario Verbo Libre, ocurrido en 1920 y que causó un impresionante impacto, especialmente en la Prensa Unida de Guadalajara, una asociación de la que todavía hay muy pocos datos sobre sus primeros años y que fue fundada aproximadamente en 1912 por gente de la talla de Ignacio Ramos Praslow, José Guadalupe Zuno y Enrique Díaz de León (www.prensaunida.net).

Tanto Ignacio Ramos Praslow como José Guadalupe Zuno Hernández fueron gobernadores de la Entidad en el período posrevolucionario. El primero lo fue del 12 mayo al 19 de julio de 1920, y el segundo del 11 de febrero de 1924 al 13 de marzo de 1926 (Manuel Cambre. Gobiernos y gobernantes de Jalisco. 4ª. edición, Guadalajara, Jal., Instituto de Estudios del Federalismo “Prisciliano Sánchez, 2000, pp. 137-138), mientras que Enrique Díaz de León fue un político destacado y fundador de la Universidad de Guadalajara, llegando a ocupar en diversas ocasiones la Rectoría de ésta.

Los hechos del asesinato de Francisco Rangel, fueron los siguientes:

Para mayo de ese año, la Prensa Unida de Guadalajara se encontraba preocupada por la desaparición de Rangel quien después de haber sido encerrado desde mediados de abril de ese año en “La Escobedo” por  órdenes de las autoridades militares, circuló la noticia de que al parecer había sido sacado de ese establecimiento y llevado en un camión a la estación del ferrocarril, donde se le alojó en un vagón ocupado por fuerzas militares al mando del general Rafael de la Torre, “para ser asesinado” (BPEJ. SFE, EL INFORMADOR. Guadalajara, Jal., 16 de mayo de 1920, núm. 950, p. 1).

A solicitud de la madre de Rangel y con la presión de la Prensa Unida de Guadalajara el caso llegó al gobernador de Jalisco, Ignacio Ramos Praslow, curiosamente uno de los fundadores de Prensa Unida de Guadalajara y quien ofreció turnar el caso al procurador del Estado. Mientras tanto, los rumores sobre el asesinato del periodista se fortalecieron, pues mientras unos afirmaban que el cadáver de Rangel se encontraba en el interior del edificio militar conocido como el “Cuartel Colorado” y presentaba catorce puñaladas, otros decían que había sido fusilado en un lugar cercano a Huentitán y aún había quienes decían “que lo habían pasado por las armas en el camino a Irapuato”. Después de algunos días se notificó que en el kilómetro 308 de la línea de ferrocarril que corría de México a Aguascalientes fue encontrado el cadáver de Rangel.

Al realizarse las averiguaciones previas ante el juzgado de lo criminal respectivo, el señor Cayetano Vidrio, director de la Penitenciaría, señaló que quien se había encargado de recibir a Rangel fue el subdirector de ese establecimiento, pues él se hallaba en ese momento fuera de ahí.  Enterado que Rangel se encontraba en el “departamento de presos políticos” y sabiendo que no estaba detenido por esas circunstancias, ordenó fuera cambiado de departamento. Al día siguiente se presentaron en “La Escobedo” varios miembros de la policía reservada o secreta solicitando la entrega de Rangel pues se habían, según ellos, equivocado al entregarlo a la Penitenciaría. Al no existir orden de consignación, el director del establecimiento penal no tuvo a su parecer razón para no efectuar su entrega.

Después que el cadáver de Rangel fuera reconocido y recogido por su madre en Celaya, se le organizó su sepelio en Guadalajara y fue enterrado el día 22 de junio de 1920; inhumación a la acudieron más de un millar de personas, entre ellas representantes del gobernador, del Ayuntamiento de Guadalajara, de la prensa y de diversos partidos y corporaciones. Días más tarde se mandó detener al director y subdirector de “La Escobedo” y a los agentes de la reservada que excarcelaron a Rangel.
Mostrando su inconformidad por la lentitud del proceso, la señora María I. Ramírez, viuda de Rangel y madre del periodista asesinado, dirigió la siguiente petición al gobernador del Estado:

Que en la averiguación que se está practicando con motivo de la desaparición y asesinato de mi hijo Francisco Rangel, director que fue del “Verbo Libre”, a pesar de dos citas que ha hecho el Juzgado de lo Criminal que conoce del asunto, no se ha logrado la comparecencia del general Mateo Muñoz, quien fungía de Jefe de las Operaciones Militares cuando fue capturado mi hijo y quien ordenó que fuera entregado al Jefe de la Policía Militar, para que a su vez lo entregara al general Rafael de la Torre; a pesar de las súplicas y órdenes del Juzgado para que la Inspección de Policía haga comparecer a algunos testigos para practicar los careos de Ley, se procede con verdadera lentitud en el asunto, contra la buena voluntad y resolución que Ud. ha manifestado en todas ocasiones para esclarecer este hecho del que están pendientes la sociedad de esta ciudad y acaso de toda la República. Por tanto, a Ud., señor gobernador, suplico se sirva librar sus superiores órdenes para que lo más pronto posible se subsanen esas omisiones. (BPEJ. SFE, EL INFORMADOR. Guadalajara, Jal., 30 de junio de 1920, núm., 995, pp. 1-8).

Más tarde, el 30 de junio, se realizó un careo entre el general Mateo Muñoz y el señor Luis Castellanos y Tapia (gobernador de Jalisco en el período del primero de marzo de 1919 al 11 de mayo de 1920, estaba identificado con el grupo político de Manuel M. Diéguez, éste último de filiación obregonista). El careo dio un matiz político al asesinato de Rangel pues el señor Castellanos y Tapia, afirmó que él recibió de la Jefatura de Operaciones Militares, a cuyo frente se encontraba el general  Muñoz, una lista detallada de las personas que no eran gratas al pasado régimen y principalmente de todas las de ideas obregonistas, para que se procediera en su contra, estando incluidos ahí el nombre del director de Verbo Libre. El general Muñoz se sostuvo en que ni él ni las oficinas que estaban a su cargo, habían remitido al Gobierno ninguna lista. Después de que este general hizo su declaración, Castellanos y Tapia modificó la suya agregando que no recordaba bien si la lista se la había entregado la Jefatura de Operaciones o la Jefatura de la Guarnición de Plazas. Al realizarse el careo entre el ex general Muñoz y un coronel de apellido Sánchez, éste último declaró que el primero le había dado la orden y que procedió a llevar a Rangel de la Penitenciaría a la Jefatura de Operaciones y de ahí al convoy del general de la Torre, a quien personalmente hizo la entrega.

¿Quiénes eran los generales Rafael de la Torre y Mateo Muñoz? Rafael de la Torre se incorporó a la revolución constitucionalista para combatir al general Victoriano Huerta, siendo oficial del Ejercito del Noreste, bajo las órdenes del general Pablo Garza. En 1915 participó en la toma de la Ciudad de México con las fuerzas del general Pablo González y alcanzó el grado de general brigadier. Mateo Muñoz era un general del ejército carrancista quien  llegó a enfrentar a las tropas villistas, logrando exterminarlas en los estados de Sonora, Sinaloa y Tepic.  

En el proceso criminal declararon aproximadamente treinta personas, entre ellas prominentes figuras de la política estatal y de las corporaciones militares, como los ya citados y el general Manuel M. Diéguez quien fuera también gobernador del Estado, todo quedó documentado en los medios de comunicación locales.

El asesinato del periodista Francisco Rangel no fue aclarado y menos castigados los involucrados en el homicidio, tampoco se procedió a hacer atestiguar al principal implicado: el general Rafael de la Torre. Lo más que alcanzó la madre de Francisco Rangel fue a que se organizara una corrida de toros a su beneficio.
Es un caso cerrado.

La piedra en el zapato

Si bien sólo algunos ejemplares del “Verbo Libre” sobreviven en la Biblioteca Pública de Jalisco, algunos de ellos dan pautas para pensar que el asesinato de Francisco Rangel pudo ser anunciado con bastante anticipación debido a los problemas en que se inmiscuyó desde 1918 cuando ya laboraba en ese periódico. Los hechos ocurrieron al anochecer del 10 de agosto de ese año cuando J.G. Estrada Torres, director de ese periódico, y Francisco Rangel, jefe de redacción (ambos propietarios del mismo), fueron detenidos por un grupo de policías adscritos a la Inspección General de Policía de Guadalajara en el taller del periódico sin que mediara orden de aprehensión. Los cargos que se les imputó fueron “graves”: ultrajes a las primeras autoridades de los Estados Unidos Mexicanos y excitativa a la rebelión. Las razones se remontan a la manifestación antigubernamental y pro-clerical realizada la tarde del lunes 22 de julio de ese año, cuando millares de católicos tapatíos se reunieron en el Centro de la ciudad para repudiar y solicitar la derogación del decreto 1913 del 8 de junio de 1918 que establecía que sólo podía haber un sacerdote por cada templo católico abierto y que por cada cinco mil habitantes debía haber sólo uno para celebrar misa. Dicha manifestación fue reprimida violentamente, lo cual llevó a que Verbo Libre realizara una acerba crítica al Gobierno constitucionalista y a sus integrantes y criticara duramente el saqueo y destrucción de los templos católicos. En las críticas realizadas contra Venustiano Carranza, Presidente de la República, Verbo Libre lo acusaba de absolutista, desconocedor de la obra de Juárez y se deslindaba de la prensa oficial con las siguientes palabras: “La prensa oficiosa nos tachará de conservadores y clericales, con su insulto de falso liberalismo, nos llamará mochos y oscurantistas, pero no lograrán intimidarnos los gritos discordantes de la jauría famélica de vividores asalariados” (BPEJ. SFE, Verbo Libre. Guadalajara, Jal., 26 de julio de 1918, núm. 4, p. 2).  

La demanda para que Rangel y Estrada fueran puestos en inmediata libertad por las autoridades del Estado fue una exigencia popular entre las que se sumó la asociación de “Abogados Católicos”. Como parte de la presión popular y política el decreto 1913 fue derogado; sin embargo, poco después se aprobaría otro, el número 1927, el cual no era más que una continuación del anterior, y por cuyo hecho Verbo Libre acusara al Gobierno constitucionalista por  caracterizarse por un “jacobinismo antirreligioso”, pues, según este medio, “en su odio a la Iglesia en Roma, los autores del decreto han limitado el catolicismo hasta el extremo de hacer imposible su existencia”.

Más tarde, sin poder precisar la fecha, tanto Rangel como Estrada lograrían su libertad, aunque la vida del primero no estaría segura… los hechos posteriores así lo demostrarían. Mientras tanto el conflicto entre el Estado y la Iglesia Católica seguiría incubándose y unos años más tarde, 1926, y con el inicio de la cristiada, se incendiarían vastas regiones del país.

El asesinato de Francisco Rangel se presentó en un momento de transición política originada por el asesinato de Venustiano Carranza y el ascenso a la silla presidencial del general Álvaro Obregón, ocurridas ambas en 1920. Este asesinato dejó más dudas que respuestas: ¿fue Venustiano Carranza quien encargó el homicidio de Rangel?, ¿el general de la Torre actuó bajo su cuenta y riesgo?, ¿fue un complot el que llevara al ejército constitucionalista  a cavar la tumba de Rangel?, ¿con el asesinato de Rangel se quiso aclarar el panorama político para no enturbiar de inicio el mandato presidencial del general Obregón? o ¿se trató de impedir el crecimiento del conflicto religioso? Lo que es posible saber es que dicho homicidio se dio en un contexto muy particular y que efectivamente las denuncias nos llevan hacia el general De la Torre como primer autor de ese crimen de Estado.
 
Conclusiones

Fenómenos como la violencia que afectan a periodistas y comunicadores en general no son nuevos, tienen un pasado que los explica aunque no los justifica. La actualidad es cruel, pero cierta en un contexto sumamente dinámico, complejo, y económica y socialmente polarizado.

De 1920 a 2008 corren 88 años de fragilidad periodística que es ejemplificada por los cadáveres de los comunicadores asesinados, en el que la metáfora “tinta de sangre” sirve para enfatizar los riesgos de un oficio agraviado. ¿Cuántas muertes más serán necesarias?, ¿será que la construcción de la democracia en México exige más tinta de sangre?, ¿qué acaso no hay un hartazgo de los sicarios y sus patrones?, ¿qué no hay una política o un mecanismo eficaz para acabar con la impunidad y detener la corrupción que hace posible el terrorismo contra el cuarto poder? Los hechos y las estadísticas dicen que no:  

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) señaló recientemente que en lo va de 2000 a 2008 han sido asesinados por razones de su oficio cuarenta y un  comunicadores y otros ocho han sido desaparecidos, mientras que desde 1991 se han abierto 652 expedientes relativos a las violaciones a sus derechos humanos que han sufrido los comunicadores.

Pero no sólo son las muertes y las desapariciones las que sufren los periodistas comprometidos como parte de la campaña de terror que los envuelven. Ante este tipo de amenazas, la emigración, aún ilegal, a los Estados Unidos de Norteamérica, es un recurso que está siendo empleado por los periodistas de la frontera  Norte, como lo reseña Reporteros sin fronteras cuando se refiere a Ciudad Juárez.

La violencia como medio o como fin  y como una construcción social, representa un dilema moral y ético y un problema jurídico, pleno de símbolos y significados. Walter Benjamín, un filósofo y crítico literario alemán que sufrió la persecución de las hordas nazis, al analizar la legitimidad e ilegitimidad de la violencia,  explicó en una de sus conocidas obras que “la sangre es el símbolo de la vida desnuda”. Es pues en esta violencia contra los periodistas que no es nueva, la que se presenta como parte de esa vida desnuda en un país marcado por graves desigualdades y por la ausencia de una real democracia. Mientras esta última no termine de gestarse no faltara que los comunicadores sigan siendo sacrificados no sólo por narcotraficantes y otros grupos del crimen organizado sino que en el colmo de las cosas el propio Estado genere una violencia que los continúe victimizando.

Por: Jorge Alberto Trujillo Bretón, doctor en historia de la Universidad de Guadalajara.

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