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Martes, 12 de Noviembre 2019
Internacional | La prostitución se convirtió en diversos países en una parte de la industria del ocio y del entretenimiento

Feminista denuncia la 'industrialización de la vagina'

La autora critica también a las feministas que, al igual que los neoliberales

Por: EFE

LONDRES, INGLATERRA.- La explotación industrial del comercio del sexo ha creado un mercado global de miles de millones de dólares que causa enormes daños a sus víctimas -mujeres y niñas principalmente- pero representa una importante contribución a la economía global y a muchas economías nacionales.

Tal es la denuncia que hace la feminista de origen británico Sheila Jeffreys, en su libro The Industrial Vagina (La Vagina Industrial) , publicado con el subtítulo de La Economía Política del Comercio Global del Sexo por la editorial Routledge.

Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Melbourne (Australia) , Jeffreys cree que el rampante neoliberalismo ha creado una situación en la que la tolerancia de la libertad sexual se ha unido a la ideología del libre mercado para "reconstruir la prostitución como una fuerza de trabajo legítima" .

Jeffreys es fundadora de la rama australiana de la ONG "Coalición contra el Tráfico de Mujeres" y autora de otros libros sobre la historia y la política de la sexualidad.

Si hasta los años setenta, había consenso entre los gobiernos y en el derecho internacional en que era preciso ilegalizar la prostitución -y muchos países ilegalizaron el proxenetismo y actividades anexas-, con el triunfo de la ideología liberal cambiaron las tornas y los proxenetas de cuello blanco se volvieron de pronto gente respetable.

La prostitución se convirtió en diversos países europeos en una parte de la industria del ocio y del entretenimiento, al menos un sector de esa actividad, pues el otro, en la que trabajan la mayoría de las prostitutas, ha seguido siendo ilegal y al mismo tiempo una fuente de ingresos muy rentable para el crimen organizado, como explica la autora.

La autora critica también a las feministas que, al igual que los neoliberales, abogan por descriminalizar la prostitución y tratarla como una industria más, así como a las agencias financiadas por los gobiernos y que se encargan simplemente de suministrar condones para proteger a las prostitutas contra el Sida.
El dinero de la lucha contra el sida, denuncia la autora, ha creado una "fuerza poderosa" de organizaciones defensoras de los derechos de las llamadas trabajadoras del sexo que muchas veces, se queja Jeffreys, "vuelcan su furia" sobre quienes, como ella, señalan los daños que la prostitución causa a las mujeres.

La socióloga critica el reconocimiento que hacen muchas de esas organizaciones progresistas del ejercicio de la prostitución como simple "elección personal" por parte de la mujer, que ha dejado de estar condenada al hogar.

En su muy documentado estudio, Jeffreys analiza también otros fenómenos históricos relacionados con la explotación del sexo femenino como el de las llamadas "comfort women" , esclavas de los japoneses en los países ocupados durante la Segunda Guerra Mundial.

Ésa y otras formas de prostitución militar las han practicado también diversas fuerzas militares: así, por ejemplo, las de Estados Unidos en Filipinas y otros países asiáticos, o las milicias serbias en Bosnia, pero también miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU en algunos lugares donde han intervenido en África.

El uso de la prostitución para satisfacer la libido de los soldados sirve, según la autora, para afianzar el espíritu de grupo y mantener la agresividad frente al enemigo.

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