Jueves, 09 de Octubre 2025
Internacional | Hoy se cumplen 30 años de la conflagración

Aún no cierran las cicatrices de la Guerra de las Malvinas

Argentina cabildea ante las instancias mundiales su reclamo por el archipiélago del Sur, mientras el Reino Unido no cede un ápice

Por: EL INFORMADOR

TANGIBLE.- El descontento popular en las calles argentinas por las Malvinas es manifiesto. REUTERS  /

TANGIBLE.- El descontento popular en las calles argentinas por las Malvinas es manifiesto. REUTERS /

BUENOS AIRES/ PORT STANLEY (02/ABR/2012).- El 2 de abril de 1982 no se olvida.

Treinta años después de que Argentina y Gran Bretaña derramaron sangre por la posesión de estas remotas islas en el Atlántico Sur, las cicatrices de la guerra siguen provocando escozor.

La ocupación armada que hizo Argentina de las islas que reclama como las Malvinas duró exactamente 74 días, pero el trauma va mucho más allá de las familias de los 907 muertos.

La Argentina de estos días se encuentra “malvinizada”, con debates públicos y privados, marchas, libros, programas especiales y actos conmemorativos en vísperas del 30 aniversario de la guerra que perdió contra Reino Unido.

La “causa Malvinas” ocupó los medios argentinos a sólo horas de que se cumplan tres décadas del desembarco que el 2 de abril de 1982 realizaron las tropas nacionales en las islas que la potencia europea ocupa desde 1833.

La presidenta argentina Cristina Fernández estará en Ushuaia hoy con el fin de encabezar los actos conmemorativos en varias partes del país para rendir honor a los veteranos como héroes y presionar para que se cumpla la exigencia nacional de soberanía de las islas.

Los argentinos también se ven como víctimas. Muchos concentran su indignación en los antecedentes históricos británicos como la potencia colonial del mundo en el siglo XIX, aun cuando las islas ya no son una colonia, y culpan de la guerra de 1982 a la junta militar que gobernaba Argentina en ese entonces, aunque la idea de tomar el archipiélago por la fuerza tenía un considerable apoyo popular.

Las encuestas demuestran que la mayoría de los habitantes del país sudamericano siguen convencidos de que “las Malvinas” siempre han sido argentinas, y se sienten animados por la actual campaña de la presidenta. Pero si se escudriña con más profundidad ello puede resultar doloroso porque los discursos nacionalistas de Fernández sólo parecen alejar a las islas cada vez más.

“Es un asunto muy sensible para nosotros. Les enseñamos a nuestros hijos que las Malvinas son argentinas. Sigo esperando que lo sean”, expresó Marcelo Pozzo, de 49 años, quien a los 19 era un marinero conscripto cuando sobrevivió al hundimiento del crucero General Belgrano de la Armada argentina al ser atacado con torpedos británicos.

“No sabemos cuáles son las metas finales de la presidencia”, dijo Pozzo. “Debería ser el camino al acercamiento. Pero (los isleños) no quieren tener un acercamiento con los argentinos. Quieren vivir en paz”.

Para Pozzo, como para otros veteranos de guerra argentinos, los sentimientos son todavía más complicados porque fueron reclutados por un gobierno militar dedicado a eliminar “subversivos” izquierdistas en el país, y después enviados a una guerra para la que no estaban preparados. Los soldados fueron maltratados por sus propios oficiales durante la ocupación, pues a veces pasaron hambre mientras las vituallas se pudrían en los puertos, o se morían de frío en trincheras vestidos con ropas aptas para la zona subtropical del norte argentino.

Gustavo Pirich recuerda los golpes que recibió de un oficial superior por robar comida de un depósito en un acto de desesperación. Los oficiales comían la carne y las papas, dejando a los soldados rasos que se las arreglasen con una papilla aguada, dijo Pirich, quien testificó que esos abusos son todavía crímenes de guerra que no prescriben, una cuestión que está planteada ante la Corte Suprema argentina.

Pirich todavía sufre del llamado pie de trinchera, causado por la exposición prolongada de los pies a condiciones húmedas, frías y antihigiénicas, como también de ataques de pánico e irritabilidad que conlleva el trastorno del estrés postraumático de guerra.

“Un día miré con mucho amor una ventana que estaba abierta”, admitió al recordar la única vez que pensó en quitarse la vida. Años de terapia psiquiátrica y medicamentos lo ayudaron a seguir adelante.

Pozzo, ahora un ingeniero en sistemas, indicó que eran muy jóvenes e inocentes. “Nadie pensó que iríamos a la guerra. No sabíamos qué era la guerra”, dijo al describir la terrible experiencia de sobrevivir al hundimiento en el que murieron 323 de sus colegas marineros.

“En los primeros años hubo desidia, hubo descuido”, recordó Darío Volonté, otro sobreviviente del hundimiento del Belgrano y ahora un reconocido tenor de ópera que le atribuye a la religión oriental haberle ayudado a evitar el suicidio. “Al principio ver a un ex combatiente era ver la prueba en carne viva de una decisión errada, de un apoyo social errado (a la guerra)... Cada ex combatiente era la muestra viviente de la derrota”.

Debieron pasar más de 10 años para que los veteranos empezaran a recibir pensiones mensuales por la guerra. La primera clínica psiquiátrica dedicada a su atención abrió recién en febrero, demasiado tarde para los 439 veteranos que, según el recuento de la presidenta, se suicidaron después de la guerra.

La única encuesta sobre la salud mental de los veteranos, en 1995, halló que más del 80% todavía padecía de ansiedad e irritabilidad, y que 58% sufría depresiones frecuentes.

NTX/AP


TELÓN DE FONDO

A la lucha sin armas ni comida


El fallecido dictador Leopoldo Galtieri (a la derecha en la imagen) quedará en la historia argentina como el militar que envió a miles de jóvenes a la Guerra de las Malvinas sin preparación, armas, ni comida, y con la sola intención de perpetuarse en el poder.

El teniente coronel asumió la presidencia de facto en este país sudamericano en diciembre de 1981 y, pocos meses más tarde, decidió emprender una aventura militar para renovar el apoyo a la dictadura que gobernaba desde el golpe de Estado de 1976.

La “causa Malvinas” era el pretexto ideal, porque Argentina reclamaba ese territorio enclavado en el extremo sur del Océano Atlántico, a escasos kilómetros de sus costas, y que Reino Unido ocupaba desde 1833.

El 2 de abril de 1982, el contingente enviado por Galtieri a las islas tomó prisionero al gobernador británico y rebautizó como Puerto Argentino el hasta entonces denominado Port Stanley, donde se colocó una bandera albiceleste en señal de victoria.

El 18 de junio de 1982, Galtieri tuvo que renunciar a la Presidencia que ocupó sólo durante seis meses y después, en un juicio militar, se le declaró culpable de negligencia en la Guerra de las Malvinas, por lo que estuvo cinco años preso, además de ser degradado. A finales de la década de 1980, el represor fue indultado por el ex presidente Carlos Menem, pero dos décadas más tarde tuvo que enfrentar un juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.


ADVERTENCIA EN LONDRES

Amagan con denunciar bancos

LONDRES, INGLATERRA
.- La disputa tiene más de una trinchera. Argentina amenazó con demandar a varios bancos  británicos y estadounidenses si asesoran a sociedades que buscan petróleo  frente a las islas Malvinas, archipiélago objeto de tensiones entre Londres y  Buenos aires, informó el ''Sunday Telegraph''.

En una carta enviada a varios bancos, la embajada argentina en Londres  advirtió que esas sociedades deben tener en cuenta “cuando den su opinión,  evalúen los riesgos” que existe una “disputa por la soberanía (de las Malvinas) y las consecuencias de una exploración ilegal en busca de hidrocarburos” frente  a este archipiélago.

“Las sociedades directa o indirectamente implicadas” en esas actividades podrán ser objeto de “acciones administrativas, civiles o penales, como lo  prevén las leyes argentinas en la materia”, advierte este documento citado por el diario británico.

Hoy, en territorio argentino, Los veteranos de guerra izarán la bandera nacional y entonarán el himno en la Plaza “Islas Malvinas”, donde Kirchner inaugurará un cenotafio y una llama  eterna junto a un muro donde están inscriptos los nombres de los 649 argentinos muertos en la guerra, en la que también perecieron 255 británicos.

AFP


ANÁLISIS

Apertura a la democracia

José Vales (corresponsal de El Universal)

BUENOS AIRES, ARGENTINA.- Una sociedad que no revisa sus errores históricos está condenada a repetirlos. Por eso se hace necesario esculcar en el pasado, al cumplirse 30 años de aquel día en que las Fuerzas Armadas argentinas recuperaron, momentáneamente, las Islas Malvinas, para luego perderlas, en el contexto de una dictadura que se hundía en su propia ilegalidad e inoperancia y que terminó derrumbándose, permitiendo el retorno de la democracia.

Era marzo de 1982. La situación era crítica en Argentina, tras el fracaso del plan económico implementado a sangre y fuego por los gobiernos de facto de Jorge Rafael Videla y Roberto Viola.

Los sindicatos —en su mayoría intervenidos—, bajo la tutela de la Confederación General del Trabajo, liderada por Saúl Ubaldini, transformaron una celebración religiosa en la Iglesia san Cayetano de Liniers en el primer acto masivo contra la dictadura, con más 10 mil manifestantes.

A partir de ahí, Ubaldini comenzó a planificar una masiva protesta en Plaza de Mayo, que se realizó el 30 de marzo de 1982, cuando ya la tensión entre Londres y Buenos Aires crecía por el desalojo de una empresa ballenera argentina en las Islas Georgias.

La marcha fue duramente reprimida por las fuerzas del orden.

Dos días después, un comando de los infantes de Marina tomó el archipiélago y la sociedad salió masivamente a respaldar al Gobierno de facto del general Leopoldo Fortunato Galtieri, que reemplazó a Viola el 11 de diciembre anterior.

De la represión de la marcha no se dijo nada. Hasta los sindicalistas detenidos en las protestas salieron a apoyar “la gesta de Malvinas”.

El apoyo se mantuvo desde aquel 2 de abril y hasta el 14 de junio, día de la rendición. La vorágine de la guerra lo ocupó todo. “La dictadura gozaba de un gran apoyo popular”, recuerda el historiador Juan Carlos Piani.

Nadie hablaba de una salida democrática. Ni siquiera los representantes de los partidos políticos agrupados en la Multipartidaria, que hasta aceptaron una invitación del gobierno para visitar las islas días antes de que iniciaran los combates. Nadie reparó en serio en la legión de jóvenes de 18 años, sin experiencia, que fueron llevados a combatir en aquellos terrenos inhóspitos.

Todos creyeron la voz oficial del “estamos ganando”. Hasta los países vecinos, como Perú, cuyo presidente de entonces, Fernando Belaunde Terry, ofreció asistencia militar. “El gobierno militar (quería) ganar aire, pero el manejo de la guerra fue absolutamente desastroso”, opinó hace tiempo el general retirado Jaime Cesio. Para el analista Rosendo Fraga, la guerra “fue un error de cálculo, apoyado según las encuestas de Gallup de la época por 80 o 90% de la población”.

“Salvo una minoría informada que veía las cosas, gran parte de la opinión pública argentina se sorprendió por la derrota. Nada dejaba ver la realidad”, acota Fraga.

Por eso aquel 14 de junio, día de la rendición, se desataron nuevas protestas de una sociedad que se sentía engañada. El peso político de la derrota cayó sobre Galtieri, que debió dejarle el poder a Reynaldo Bignone, y hubo que convocar a elecciones. Nadie hizo un replanteo.

Los combatientes de las Malvinas fueron ignorados. El Gobierno sólo pensaba en dejar lo más pronto posible atrás el vergonzoso episodio de las Malvinas. “La sociedad argentina se debe un mea culpa por lo que pasó hace 30 años”, expresa Beatriz Sarlo, una de las intelectuales más brillantes del país.

Días pasados, la actual presidenta argentina, Cristina Kirchner ordenó hacer público el informe sobre la responsabilidades en la guerra de las Malvinas que en 1983 elaboró una comisión militar a cargo del respetado teniente general Benjamín Rattebach.

Ese informe rescata el valor de los soldados, que lucharon como pudieron y con las armas que tenían para al regresar al continente comenzar su otra guerra en soledad, con una sociedad que les dio la espalda. Más de 500 ex combatientes se suicidaron.

El ex coronel Horacio Sánchez Mariño combatió en las Malvinas y, en un artículo publicado en un matutino local, sostiene que en la guerra se cometió una cadena de errores, amen de creer, como creía Galtieri, que los ingleses nunca mandarían a su flota al Atlántico Sur y que Estados Unidos apoyaría a Argentina, tras el intento de mediación.

Para el ex militar, Malvinas es el recuerdo de lo que puede ocurrir “cuando una camarilla se apodera de la institución militar” o de cómo una causa como las Malvinas puede usarse para “revitalizar a un régimen político en declive”.

“La percepción del teatro de guerra fue equivocada. La asignación de los medios en el teatro, propia de la estrategia operacional, fue errónea. La confusa cadena de mandos obstaculizó cualquier conducción, impidiendo el trabajo conjunto y la asignación de tropas fue incongruente”, acota.

Aquel despropósito colectivo que fue Malvinas hace 30 años permitió, como bien lo recuerda Sarlo, el regreso del país al sendero de la democracia. Una democracia que, amén de los distintos relatos, los argentinos en tanto sociedad no lucharon por reconquistarla a lo largo de siete años de dictadura.

Una democracia que, en el mejor de los casos, se le debía a los cerca de 700 argentinos que dejaron sus vidas en las islas o en el mar y a los ex combatientes que volvieron y a los que el país les dio la espalda. Hoy, ellos siguen allí, peleando porque su sacrificio no resulte en vano.

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