Sábado, 30 de Mayo 2020
Entretenimiento | Cumple 50 años como actor

Héctor Bonilla festeja con una obra nueva

El histrión no tiene interés en celebrar o publicar un libro; prefiere comenzar temporada de Civilización, original del tapatío LEGOM

Por: SUN

“No me interesa ser recordado. En lo único que creo es en aprovechar lo que me queda de vida”. EL UNIVERSAL  /

“No me interesa ser recordado. En lo único que creo es en aprovechar lo que me queda de vida”. EL UNIVERSAL /

CIUDAD DE MÉXICO (14/AGO/2011).- En 2011 Héctor Bonilla está cumpliendo medio siglo en la actuación, pero no le interesa celebrarlo con una fiesta ni con un libro que recoja sus andanzas en el medio artístico. Prefiere hacerlo trabajando y por ello forma parte del elenco de la obra Civilización, del dramaturgo tapatío Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), que se estrena el 18 de agosto en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, en laCiudad de México.

Civilización cuenta la historia de un empresario que desea construir un edificio de 20 pisos (sin estacionamiento) en el Centro Histórico de una ciudad colonial, declarada como patrimonio cultural de la humanidad. Tiene la ayuda de un primo hermano, quien es el alcalde y candidato a gobernador.

Héctor Bonilla dice que se interesó en la obra “porque el autor es muy talentoso y esta obra tiene una estructura impresionante, con personajes esféricos, corrosiva a más no poder. La procacidad en el lenguaje pudiera hablar de una obra simplemente chistosa, pero tiene un trasfondo siniestro: el desastre de nuestra nación”.

—¿Todo mundo tiene un precio?

—Somos pocos lo que no.

—¿Cómo se siente al ser dirigido por Alberto Lomnitz?

—Muy bien. Es un tipo que hace la tarea, es afable y abierto a escuchar propuestas. El ambiente es sensacional con él y con los otros tres actores (Juan Carlos Vives, Mauricio Isaac y Salvador Velázquez), con quienes hay una unidad ideológica, aunque suene rimbombante.

—¿Cada vez resulta más caro vivir en México?

—Sí, en todos los sentidos. El desequilibrio económico es brutal y no se diga la inseguridad. El 95 por ciento de los delitos que se cometen en México no se castiga.

—Hace medio año balearon a su hijo Fernando para robarle una camioneta. ¿Fue la experiencia más difícil de su vida?

—Sí, por las consecuencias que pudo haber tenido. Te marca para toda la vida. Afortunadamente, todo salió bien.

—¿Pensó en irse de México?

—No. Irme no está en mis posibilidades económicas. A mi hijo le aventé un buscapiés de que tal vez podría irse a España, donde estudió, y me dijo: “No, en ningún otro país podría vivir de hacer teatro”. ¡Fíjate, qué paradoja!

—¿Existe la posibilidad de que usted se integre al movimiento del poeta Javier Sicilia?

—Desde luego. Podemos tener diferencias: que si le dio un beso a Manlio Fabio, que si Solalinde le pide perdón a los “Zetas”, pero hay un aglutinante muy fuerte de la sociedad civil. Hacen falta más elementos de fuerza desde abajo para que no haya tanta impunidad. Ahorita hacemos un chiste con los “miyunes” (millones) que se llevaron del ISSSTE, en vez de hacer un seguimiento hasta donde tope.

—¿Piensa celebrar de alguna manera sus 50 años como actor?

—No. El otro día mi esposa (la actriz Sofía Álvarez) me comentaba ese dato, pero, la verdad, ¿a quién fregados le importa si cumplo o no tantos méndigos años en esta hermosa carrera? Pienso que la celebración de la vida es vivirla.

—Estaría interesante una autobiografía suya, ¿no?

—Tengo ganas de escribir muchas cosas, pero jamás una autobiografía.

—¿Qué tal se lleva con las redes sociales?

—De la patada. Seguramente son herramientas que pueden ser usadas positivamente, pero no voy a perder mi tiempo leyendo las estupideces que escribe el 95 por ciento de la gente.

—¿Cómo sigue su salud después de la operación de cadera?

—Ahí la llevo. En la obra de teatro salgo con una sillita como andadera, pero cuadra con el personaje porque es un tipo que anda bien amolado, tocado de muerte.

—¿Cómo le gustaría ser recordado?

—No me interesa. En lo único que creo es en aprovechar lo que me queda de vida. El tiempo se va como agua. En 2004, cuando sólo tenía dos nietos, le escribí una carta a mis hijos en la que les decía estos versos: “No quise ser el nombre de una esquina / ni excusado de pájaros (estatua), /o la inmortalidad de una marquesina cada vez más estéril y fatua. / Me siento inmortal cada mañana, como Santo Tomás, / porque me veo en las largas pestañas de Emiliana / y en el fruncido entrecejo de Mateo”.

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