Jueves, 16 de Octubre 2025
Entretenimiento | Cada año la temperatura aumenta en la ciudad, ¿mito o realidad?

Guadalajara ardiente...

Temperatura y calor no son la misma cosa, y se trata en realidad de uno de tantos temas que damos por sentado cuando en realidad los entendemos muy poco.

Por: EL INFORMADOR

Por: José Langarica

Imagínese tomando una caminata nocturna sobre la superficie de uno de los polos de la Luna. Aún considerando su traje espacial, ¿se sentiría mucho más frío que si lo hiciéramos, digamos, en el ecuador lunar? Incluso abrigados con ropa especial térmica, en la Tierra el cuerpo pierde calor rápidamente debido al incesante intercambio de energía calorífica entre nuestro cuerpo y el aire circundante. Pero en la Luna no hay atmósfera robándonos mezquinamente el calor, de tal modo que la respuesta es sorprendente: arropado con su traje espacial, las pérdidas serían muy escasas, ya sea que fueran por conducción (o contacto) con la superficie, o por convección con el espacio vacío alrededor suyo. En realidad, considerando el calor que el cuerpo genera constantemente, ¡posiblemente sentiríamos más calor que frío!
Dado que “la temperatura es el contenido térmico medio por átomo de una cantidad de materia”, sólo la materia propiamente dicha puede tener temperatura, y en términos puristas no podría hablarse siquiera de “baja temperatura del espacio”; el espacio vacío no puede tener una temperatura, punto.
Pero ahora cambie el escenario por uno mucho más común, como lo plantea el doctor Ulises Ramírez de la Universidad de Guadalajara:
“Centro de la ciudad. 16 de Septiembre y Juárez. ¿Cuánto tiempo soportarías estar ahí? ¿Y qué pasa si yo te dijera que estamos exactamente en la misma Guadalajara, y nos vamos al parque de Los Colomos? ¿Te fijas? Es la misma Guadalajara. No podemos decir que tenga cinco climas diferentes: tiene el mismo. Lo que tenemos son esas famosas islas de calor”.

El calor también tiene historia

“No se ha registrado ningún valor que sea alarmante, al contrario, creo yo, sobre lo normal”, indica la maestra Ana Rosa Núñez Rodríguez, también de la UdeG. En abril, los primeros días fueron los más elevados hasta este momento: 34.7 fue el punto más alto”.
Nada del otro mundo cuando se consideran los 39°C alcanzados un 2 de julio de 1908. El 5 de mayo de 1994 llegamos a 38,6°C, mientras que los 35,2°C se han repetido varias veces, todos durante el mes de abril.
“Más que esté haciendo mucho calor, yo creo que somos gente de poca memoria”, observa el doctor Ramírez. “Esta temperatura ya la hemos tenido en infinidad de ocasiones, y es que el periodo de adaptación de la temporada fría a la temporada de calor cuesta. Igual a la inversa. Muchas veces el calor no es algo muy objetivo que digamos, dependiendo de la sensación de cada persona. Quien nos mediría el calor es la temperatura (la sensación ya es otra cosa)”.
La maestra Rosa Núñez también encuentra graciosas estas historias, las cuales varían según el temporal:
“Realmente todo puede ser normal, pero la gente dice ‘¡Es que no llueve! ¡Pero cómo ha llovido! ¡Qué frío ha hecho este año! (ríe).

El hielo y el sentido común

Temperatura y calor no son la misma cosa, y se trata en realidad de uno de tantos temas que damos por sentado cuando en realidad los entendemos muy poco. La temperatura mide la intensidad del calor, pero no su cantidad. Así lo descubrió el físico y químico británico del siglo XVIII Joseph Black, quien suministrara la misma cantidad de calor a diferentes sustancias, obteniendo temperaturas dispares. El ejemplo más sencillo y claro de cómo esto es sigue siendo un cubo de hielo: si enciende una cerilla a su lado, este comenzará a derretirse, pero la temperatura del agua en forma de hielo seguirá siendo de cero grados centígrados. Del mismo modo, el agua en una caldera hirviendo se evaporará, pero el agua persistirá en los 100 grados.
De modo que, volviendo a los 34.7 grados del 22 de abril de este año, tenemos que Guadalajara no es la Luna, y que esos 34.7 grados se sintieron muy diferentes en –usando los ejemplos del doctor Ulises Ramírez- el bosque de Los Colomos que en el Centro de la Ciudad. ¿La razón? Humedad.
“Tenemos, aproximadamente, un millón 500 mil automóviles”, nos recuerda el doctor Ramírez. “19 polos industriales con más de seis mil giros que generan agentes que elevan la temperatura”.

Tapatío

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