Jueves, 09 de Octubre 2025
Entretenimiento | El hombre que cambió la televisión mexicana

Epigmenio Ibarra, utopías para caminar

El realizador ha hecho de la crítica y el análisis el corazón de historias que se quedan en la memoria del público

Por: EL INFORMADOR

Comprometido. Epigmenio no teme ganarse enemigos con tal de sembrar la reflexión en el televidente. ESPECIAL /

Comprometido. Epigmenio no teme ganarse enemigos con tal de sembrar la reflexión en el televidente. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (16/AGO/2013).- El día que se realizó esta entrevista, Epigmenio Ibarra haría posible que se quemara un casino. Todo para la pantalla, como es su costumbre. Actualmente se encuentra inmerso en las grabaciones de la serie Fortuna, misma que se transmite todo los días por Cadena Tres a las 21:00 horas. El proyecto está inspirado en la tragedia del Casino Royale en Monterrey, una telenovela salpicada de cuestionamientos duros y señalamientos al poder. Como le gusta.

A estas alturas del partido, sobre Epigmenio Ibarra no hay secretos. Sólo polémica. Hay versiones, amor, aversión y odio. Pero no hay secretos. Le sucede (pese a lo que digan sus detractores) lo que a los hombres de talento... lo aman o lo odian. Lo critican porque él afirma, tan campante, que su equipo es de “izquierda” (en una industria mega capitalista), mientras se dedica a hacer telenovelas llenas de balazos y corrupción, con la típica “Barbie güerota” de por medio.

Lo adoran quienes afirman que el productor no tiene miedo en abordar los innombrables problemas que tiene México (corrupción, tráfico de drogas, trata de blancas, influyentismo, malversación de fondos, mentiras gubernamentales). ¿Dios? ¿Diablo? Digan lo que digan, Epigmenio Ibarra cambió el rumbo de la televisión mexicana. Y lo hizo en el juego que siempre propuso Televisa, empresa a la que Ibarra cuestiona profundamente.

“La corriente de la telebasura es poderosa, es toda nuestra educación sentimental. A eso lo volteamos (Argos) e incluimos al trabajo y talento de dramaturgos, escritores y guionistas de cine”, señala Ibarra. No se equivocó.

Fue coproductor de Sexo, pudor y lágrimas —el filme que inició la tan nombrada nueva corriente de cine mexicano— también de La habitación azul, polémica por su fondo y por su forma, Fuera del cielo, Backyard y ahora mismo de Las Aparicio. Sí, la película. Además de contar con su propia escuela de talento, Casa Azul, ubicada en el corazón de la Condesa en DF; Argos ha trabajado con MTV, HBO (Capadocia), para ESPN y en coproducción con Telemundo (Gitanas), con TV Azteca y actualmente con Cadena Tres (Las Aparicio, El 8o. mandamiento, Infames y Fortuna).

Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco fundaron la empresa hace 20 años. Y esa historia se podría contar como el relato de su amor. Se conocieron en la guerra de El Salvador, como periodistas. “La experiencia de la guerra me hizo aprender a celebrar la vida” ha dicho Ibarra en columnas y entrevistas, y esa vida que celebra, le enseñó en México a contar historias de otra manera. Digan lo que digan el público se lo agradeció.

Es conocida la mancuerna personal que logró con Ricardo Salinas Pliego en TV Azteca. “Salinas es un hombre altamente creativo, mi adversario ideológico”, destaca Ibarra. Gracias a ello, TV Azteca logró por primera vez en la historia, derrotar en horario estelar a Televisa con Nada personal, a este trabajo le siguió Mirada de mujer y Todo por amor. También fue polémica su amistad con el grupo Carso. Luego llegaron los tiempos de Telemundo, y desde entonces “vivo con una pata aquí y otra allá” (Miami). Hoy, con Cadena Tres ha logrado seis telenovelas de éxito notable.

—Argos ha cambiado la percepción de la televisión mexicana, ¿estaba esto en sus planes?

—Nos interesaba servir como apuntalamiento frente a una televisión que se entregó al poder. La caja no es idiota, la hicieron idiota. Nosotros salimos de ese esquema a manera de fenómeno comunicacional. Es terrible cómo desde la academia y la cultura entregaron la televisión como medio de comunicación a la frivolidad y al poder. Luego vino un proceso de liberación, primero sucedió con la prensa escrita, ahí está Proceso, luego fue la radio. Nosotros rompimos el control del Estado en la televisión, iniciamos con dos horas al aire y, como dijo San Ignacio: “Entramos con la de ellos para salirnos con la nuestra”. Comenzamos a jugar sus propias reglas, las reglas de las telenovelas.

—Hablando de recuperación de públicos y opinión creo que han ayudado mucho las redes sociales... ¿cierto? Antes no existían.

—Sin duda, sobre todo a partir de Las Aparicio, que desde antes de su lanzamiento ya tenía todo un planteamiento y abordaje en la web. Luego fue Capadocia. A través del Twitter y de las redes recuperamos la opinión del público. Sin embargo, sigue habiendo una tele que domina y que tiene un enorme impacto.

—¿Alguna vez dejará de ser periodista?

—Alguna vez me preguntaron que hasta cuándo dejaría de tocar con la cabeza contra el muro, y yo respondo: hasta que se rompa.  El poder siempre trata de desanimar; hay ahogamiento fiscal, agresión, insultos. Revise los comentarios en el Twitter, en la web, en las respuestas a mis columnas hay todo tipo de insultos.

—“Capadocia” ha sido un trabajo de gran alcance. ¿Se siente satisfecho?

—Capadocia está en una especie de vacación continental, pero no es ninguna sorpresa. Estamos en América Latina, en Estados Unidos, para eso fue pensada. Estoy satisfecho.

—¿Cómo observa el México de Peña Nieto?


—Me parece un gobierno para y desde la pantalla. México es un país desangrado, hay alza en el costo de los alimentos y de la gasolina. En este país hay un régimen de riqueza para unos cuantos, hay más muertos al mes que con Calderón, pero nadie dice nada. Hay que mirar a Michoacán, Zacatecas, Guerrero. Hemos perdido la capacidad de asombro contra el horror. Perdimos el valor de la vida, el calor de la vida, ahora matan a cualquiera y decimos “en algo andaría”, asimilamos la barbarie, el deterioro, como si nada.

—¿Contar historias es para usted un arma entonces?

—Siempre ha sido un vehículo de transparencia. Desde tiempos de la narrativa, la comedia, la tragedia, exorciza los demonios, nos permite la reflexión.

—La propuesta de Argos ha hecho cambiar la visión de la comunidad artística también de los actores.

—Sin duda, pero hay muchos intérpretes en este país. Yo quiero seguir haciendo cosas, pero ni una ni 30 telenovelas cambian el mundo. Somos eso sí, un punto de contraste, sólo eso, pero ahí está el resto de la programación.

—¿Qué viene para Argos?

—Queremos hacer una serie Las trampas del deseo, con Cadena Tres, en la que podamos contar cómo somos, detenidamente, política e íntimamente; cómo convivimos con la represión, el machismo y cómo tenemos una perniciosa inclinación por el autoritarismo. Cómo se nos hace entender la realidad desde la visión del PRI. Como dice Eduardo Galeano: “¿Para qué sirve la utopía?” Para caminar.

FRASE

"
Si no se ganan enemigos es que uno no está haciendo nada, el ser consciente también provoca reacciones "

Epigmenio Ibarra,
productor.

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