Viernes, 10 de Octubre 2025
Entretenimiento | Plástica en la vía pública

El arte de pintar en la calle

El Centro Histórico de Guadalajara es un buen taller para jóvenes y experimentados creadores

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Podría decirse que el arte urbano es una de las manifestaciones que da identidad a las ciudades, pues si bien éste está presente en prácticamente todas las sociedades, no es el mismo aquí que en China, en Francia, en Alemania, ni siquiera en otro país de Latinoamérica. La forma, en el fondo, es distinta y responde a la idiosincrasia de cada nación.

Incluso en una misma ciudad hay diferencias de una zona a otra. Así, el Centro Histórico de la capital jalisciense ofrece un panorama distinto al de las colonias fuera de éste, tanto en el talante de los artistas como en el pago que reciben por su trabajo. Y es que si se pone en otras dimensiones, ya se ha visto que no es lo mismo adquirir una prenda de vestir en un centro comercial que en una tienda ubicada en el corazón de la ciudad.

Sin embargo, en ambos casos sobresale el folclore de un pueblo curioso y un colorido extraordinario que llena el lugar que ocupa, ya sea en el centro de la ciudad o lejos de éste.

El arte que se hace en las calles, aquél que podría decirse es de caballete -aunque a veces no haya lienzos qué pintar, sino cucharas o charolas-, surge en las ciudades como una opción de subsistencia de creadores innatos, jóvenes y adultos con un talento que de acuerdo a los cánones de lo que es y no es "arte", no tienen cabida en galerías o museos, pero que desde su trinchera promueven y fomentan en los espectadores -los que tampoco suelen acudir a esos espacios- el gusto por la creación plástica, ya sea en pintura o dibujo, principalmente.

Para David Iván González Prado, dibujante que se instala por las tardes a un costado del Teatro Degollado, por el andador de Morelos, la calle ha significado una forma de salir adelante, pagar la renta y comer, al tiempo que desarrolla una habilidad -un talento- que posee desde los 10 años.

"Me puse a hacer esto, porque tengo la desgracia de que yo he renunciado a mis trabajos, ya que he encontrado mucha envidia en Guadalajara. Tengo 10 años viviendo acá, soy de Chiapas. Soy una persona preparada, pero desafortunadamente he tenido que dejar los trabajos por lo mismo. Entonces, por la necesidad de sobrevivir, me vine a trabajar aquí", explica el dibujante.

A pesar de que González Prado cursó solamente hasta el cuarto semestre de la carrera de Arquitectura, ha sabido explotar este talento dejando satisfechos a los clientes con que se ha hecho en los cuatros meses que tiene en la calle, con días buenos y malos, como casi en todas partes, pero con lo suficiente para sobrevivir decentemente.

"Creo que Dios me dio un talento bastante grande de creatividad y de habilidad. Entonces, se lo agradezco mucho y gracias a eso, de alguna forma, no me muero de hambre. Yo sé que los años han pasado, pero hasta el día que me muera dejaré de luchar. Una de las primarias que tengo es que a mí me importa la opinión del cliente, a mí me interesa que se vaya contento y feliz. Me han dicho que por qué tardo tanto en hacer un retrato y es porque le doy calidad y trato de hacerlo lo más parecido posible. Puedo decir que el 98% (de los clientes) queda muy satisfecho con mi trabajo", asegura.

Para Marlon Bruce González Sedano, el hecho de pintar en la calle tiene que ver más con una fascinación por la pintura. "Cuando la toqué en mis manos fue como una magia", recuerda este pintor que desde hace 14 años se estaciona todas las tardes a un costado de Teatro Degollado, trazando en cucharas y otras pequeñas superficies paisajes que son capaces de relajar hasta al más estresado.

"Sobre la cuchara pongo directo la pintura; no me gusta diluirla porque a veces la gente quiere ver que lo estés realizando en el momento, es por eso que me compra, porque a veces dicen: 'no, trae calcomanías o son piratas o son chinas'. Entonces les digo que no. Yo las hago en directo del público, para que vean el arte de Guadalajara y el urbanismo. No nada más soy yo, somos varios en varias técnicas", explica el joven creador, quien además de pintar para obtener unos pesos, ha encontrado en la pintura una forma de expresión personal.

Samuel Rivera también pinta en la calle por necesidad, aunque ha llegado a este sitio como parte de una tradición familiar, pues su padre antes se estableció en la vía pública con su arte y desde hace 15 años él lo hace en el mismo lugar.

Este pintor, creador de paisajes ricos en color, reconoce que el arte que hace no se parece al que está en las galerías o museos. "Dicen que no tenemos la capacidad para exponer ahí", manifiesta. Y es que a diferencia de aquel arte, el suyo ha llegado a distintos parajes, incluso fuera del país, al estar en un punto estratégico de la ciudad. "He tenido clientes de lugares que ni siquiera sabía que existían -dice-, así que las pinturas que yo hago están dispersas en varios lugares".


Una breve mirada

David Iván González Prado se instala en su sitio todos los días por la tarde, "entre cinco y cinco y media, hasta las 10 de la noche. A veces, los sábados y domingos me he quedado hasta las 12 o una de la mañana, pero porque hay clientela". Hace retratos a lápiz con las personas como modelos y a través de fotografías. Los primeros los vende en 80 pesos, mientras que los segundos tienen un costo de 160 pesos y están terminados de un día para otro (los realiza por la mañana).

- ¿Cuántos retratos haces al día?

- "Es variable. Empecé en septiembre con poco dinero, hablando del cobro, y tuve alrededor de dos semanas de cierto éxito, hacía a la semana alrededor de 20 dibujos, pero los cobraba a 30 pesos, entonces, sinceramente fue muy poco lo que gané. En octubre me fue muy mal, porque toda la gente que traía dinero se iba a la feria (las Fiestas de Octubre). Noviembre también fue muy malo. En diciembre empezamos mal, los primeros 15 días eran malísimos, pero de repente (a partir de esa fecha) fue la mayor época buena de aquí y me fue muy bien, tanto así que empecé a pagar, debía tres meses de renta, me sirvió de colchón para terminar todas las cosas negativas. Hacía una foto diaria y en la semana me echaba como 10 dibujos en vivo".

Marlon Bruce González Sedano inició a los 14 años en este oficio de pintar en la vía pública pequeños paisajes. Y como apunta el dicho, "del gusto nace el amor", de tanto pasar y ver el trabajo de otros pintores, se enamoró de la pintura y decidió convertirse en ayudante, hasta ser ahora su propio jefe e incluso tener un proyecto personal, que para abril o para mayo -como dice la canción- expondrá en la Casa Museo López Portillo.

- ¿Es complicado tu trabajo?
- "Sí, pero ya se me hace más fácil. Ahorita lo más complicado podría ser poner paisajes en uñas, en los dientes, en mejoralitos, en monedas de 10 centavos. Cualquier detallito que me pidan lo hago. Si le muestras un paisaje a un público como yo, que soy de clase media o clase baja, le va a atraer más la atención, porque se le va a hacer más bonito, ya que les va a decorar su hogar y a un precio todavía más bajo (10 pesos por obra). Lo que más me gusta es el paisajismo, porque la gente se identifica con los colores, le relaja la mente, le quita lo que es la depresión".

Relajado y contento -tal vez el más feliz, por algunas otras actividades que llena su día- luce en la calle Samuel Rivera, un pintor que se ha especializado en el paisajismo en cucharas y charolas (a la venta en 200 pesos) y se le ve tranquilo, disfrutando del aire nocturno, por ahora menos frío que en días pasados.

- ¿Te gusta tu trabajo?
- "Sí, porque disfrutas de todo; ahorita escuchando música. Estás en el lugar idóneo para que toda la gente que pase aquí al centro, porque por lo regular es un lugar obligado para venir, de toda la gente viene de fuera, justamente toda la gente puede ver lo que yo hago".

- ¿Qué tal te va económicamente?
- "Económicamente no es así que tú digas 'uy', pero sí, la va pasando uno; hay temporadas buenas y hay temporadas malas. Más que nada es una tradición que va pasando de generación en generación. Tengo una hija chiquita, pero no creo que se venga a pintar aquí, pero aquí de repente yo he enseñado a mucha gente, tal vez ellos enseñen a otros, porque sería bueno que no se perdiera ese pasar y ver algo de la creatividad de los que somos de aquí".

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