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Viernes, 22 de Noviembre 2019
Entretenimiento | Cuarto programa de la OFJ

Coral anodina

Beethoven en la marquesina del Teatro Degollado, más sala casi llena, igual a calurosas ovaciones como corolario…

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Cualquiera diría que se trató de un éxito. Sin embargo, habría que decir que las aclamaciones se las llevaron, por inercia, porque eran inevitables, las partituras programadas -dos caballitos de batalla-, el buen quehacer del Coro del Estado y también, un poco, el oficio de la Orquesta Filarmónica de Jalisco.

Se consiguió esa cosecha porque las exigencias del respetable fueron mínimas. Se llegó a ese punto a despecho de las ostensibles limitaciones de los solistas invitados para la Novena Sinfonía y de las notorias imperfecciones en la conducción de Michael Meisnner como director huésped… Si en la obertura Egmont la nota resultó aprobatoria porque el tempo fue justo, porque hubo equilibrio en las secciones y porque Meisnner, desde el detalle de dirigir de memoria, dejó constancia de conocer las partituras, aunque su estilo resultara mecanizado, robotizado, poco expresivo, en la "Coral" hubo muchas notas que demeritaron la interpretación.

Pese a su justa fama de ser una de las obras más complejas de Beethoven, la Novena Sinfonía casi se toca sola. Los músicos la conocen al dedillo… Así y todo, su ejecución demanda una lectura intencionada. No basta con reproducir con los instrumentos las notas que aparecen en la partitura. El director tiene que exigir que se respeten los matices -ora pianos, ora fortes- contemplados por el autor. Además, tiene que colocar sus propios acentos en algunas frases. Sin esos acentos sólo se consigue lo del viernes: una lectura anodina; una interpretación menos que artesanal. Insípida, en una palabra.

Súmese a lo anterior que el segundo y el cuarto movimientos resultaron atropellados (toda la sinfonía consumió 60 minutos; lo ideal se aproxima a los 70), en detrimento de la pulcritud en el fraseo, y que Irasema Terrazas, Cassandra Zoe Velasco, Leonardo Villeda y Armando Gama se quedaron por debajo de las exigencias del texto de Schiller y la música de Beethoven en el Himno de la Alegría (salvo en el cuarteto previo al prestíssimo, en el que sus exánimes voces no tuvieron que luchar contra la masa orquestal) para concluir en que los triunfadores de la velada fueron el autor y el Coro del Estado… El resto, para olvidar.

El programa se repite este mediodía, a partir de las 12:30 horas, en el mismo sitio.

Jaime García Elías

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