Lunes, 20 de Enero 2020
Deportes | A propósito por Jaime García Elías

* De prestado

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

Por una parte, las medidas que tomó el Atlante para asegurar la presencia de Federico Vilar en su alineación por varias temporadas más, y la consiguiente frustración del Cruz Azul que pensaba en él para armar, a partir del marco, un equipo capaz de reverdecer los laureles de la institución, que inexorablemente se marchitan; por la otra, el empeño de los dirigentes de La Coruña por encontrarle mercado en México a Omar Bravo —uno de los mayores fiascos de la última temporada en España—, son indicios de lo que puede esperarse del “draft” a celebrarse esta semana en Cancún: pocos cambios significativos en los equipos de Primera División, de cara al próximo Torneo de Apertura.

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De manera tangencial —“hablando de arañas patonas...”—, y como para establecer puntos de referencia, vienen al caso las declaraciones de Joan Laporta, presidente del Barcelona, acerca de las más recientes —que no necesariamente las últimas— contrataciones millonarias del Real Madrid.

Dice Laporta que el modelo de Florentino Pérez —padre de los antiguos “galácticos” y signatario de los cheques que hicieron posible, la semana pasada, la adquisición de Kaká y Cristiano Ronaldo, dos de las compras de futbolistas más espectaculares de la historia— es “imperialista”. Propone, por contraste, al modelo del Barcelona (“un modelo empresarial basado en el esfuerzo, el talento y la previsión”, según sus palabras), como el idóneo...

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Laporta no tendrá que esperar mucho tiempo para que alguien, con todo respeto, le tape la boca. La rivalidad entre los dos grandes históricos del futbol español se ha alimentado, desde antiguo, mediante golpes de chequera. Y aunque el discurso de privilegiar el trabajo sobre el capital encandila a quienes aún se chupan el dedo, mal podría el Barcelona ostentarse como el representante supremo de dicho modelo, porque los fichajes de Kubala, Maradona, Figo, Romario, Ronaldinho, Eto’o, Henry, Messi, etc. —aunque se diga que “esa es otra historia”—, no se han conseguido a base de corcholatas.

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De vuelta al futbol mexicano, sigue siendo cierto que la producción casera es suficiente, en lo cuantitativo, para las necesidades de los equipos. En lo cualitativo, en cambio, la historia enseña (y la experiencia de las actuaciones más recientes de la Selección Nacional confirma) que, puestos a buscar a los jugadores que realmente hacen diferencia en los equipos, el futbol mexicano sigue viviendo de prestado.

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