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Cultura | Exposición en París muestra pinturas de la primera mitad del siglo XX

La cara oculta del arte mexicano

Exposición en el Grand Palais de París muestra pinturas de la primera mitad del siglo XX
Cuadro de Roberto Montenegro. Sus obras estarán presentes junto con las de otros 60 artistas. ESPECIAL /

Cuadro de Roberto Montenegro. Sus obras estarán presentes junto con las de otros 60 artistas. ESPECIAL /

MADRID, ESPAÑA (08/OCT/2016).- Existen árboles tan frondosos que no permiten ver el bosque. Algo así le sucedió al arte mexicano en la primera mitad del siglo pasado. Durante la eclosión de las vanguardias pictóricas, el brillo que desprendían nombres como Diego Rivera o Frida Kahlo logró eclipsar a decenas de artistas a los que la historia oficial no ha retenido. Una gran exposición, que se inauguró este miércoles en el Grand Palais de París, dirige una mirada renovada a ese periodo para dar a conocer su cara oculta. Hasta el 23 de enero, la muestra presenta 200 obras de 60 artistas, plasmando un abanico donde figuran tanto las estrellas mencionadas como otros nombres supuestamente secundarios, además de representantes de corrientes estéticas semiolvidadas y de colectivos poco favorecidos por el canon del arte.

Esta ambiciosa exposición lo subvierte y lo amplía. “La intención es separarnos de los clichés y profundizar en la realidad del arte mexicano, más allá de la sombra de esos titanes, que han ocultado a varias generaciones de artistas. No se trataba de minimizar su importancia, pero sí de ofrecer un panorama más vasto y de proponer un reequilibrio”, sostiene el comisario, Agustín Arteaga, nuevo director del Dallas Museum of Art, tras haberlo sido del Museo Nacional de Arte (Munal) en Ciudad de México. En su novedosa revisión crítica de la historia de las vanguardias, Arteaga expone una serie de relatos paralelos que se oponen a la leyenda predominante.

La exposición derriba todos los tópicos sobre el arte de ese momento histórico. Demuestra que el indigenismo no arrancó con la Revolución de 1910, como tampoco la sensibilidad social de los artistas mexicanos. Aclara que hubo otras mujeres artistas al margen de Kahlo y que no todos los pintores fueron muralistas que desdeñaron el caballete como instrumento burgués. Y corrobora que los modernistas mexicanos no se limitaron a copiar a los maestros europeos. Prefirieron crear una vanguardia propia. “Un arte nacional que bebía del pasado y se dirigía utópicamente hacia el futuro, convirtiéndose en portavoz de los ideales revolucionarios”, apunta el comisario.

El proyecto tuvo una carga ideológica innegable. El arte fue utilizado para reforzar el sentimiento de pertenencia a un pueblo que empezaba a constituirse en nación. Mientras los sublevados luchaban por la repartición ecuánime de las tierras y salarios dignos, la pintura también se ponía a hablar el lenguaje de la utopía. Proletarios y campesinos se convirtieron en sujetos artísticos de primer orden, que sirvieron para reivindicar un ideal de justicia social.

El País

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