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Jueves, 13 de Diciembre 2018
Cultura | Presentación editorial. Anécdotas y vida de un personaje

Julio de la Peña, un grande e inolvidable

Su monografía, en la serie Arquitectos de Jalisco, será la última que se publique en esta administración

Por: EL INFORMADOR

La Biblioteca Pública del Estado (fotografía de 1975), frente al Parque Agua Azul, es una de las obras del arquitecto Julio de la Peña.  /

La Biblioteca Pública del Estado (fotografía de 1975), frente al Parque Agua Azul, es una de las obras del arquitecto Julio de la Peña. /

GUADALAJARA, JALISCO (08/SEP/2012).- La última monografía sobre arquitectos jaliscienses, que se editará en la actual administración de la Secretaría de Cultura del Estado, corresponde a quien fue el gran decano, maestro y amigo del gremio: Julio de la Peña Lomelín (Guadalajara, 1917-2002). En tanto, el invitado para realizar la investigación y retratar editorialmente a este inigualable personaje por parte de la instancia gubernamental, ha sido el también arquitecto Venancio Ordoño Reynoso, catedrático de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

“Yo conocí a don Julio 10 años antes de que él muriera, estamos hablando de hace 20 años, cuando él asumió la presidencia del Capítulo Guadalajara de la Academia Nacional de Arquitectura”, cuenta. Y es que, preocupado por darle vida a dicha institución mediante la incorporación de nuevos miembros, el acercamiento a las escuelas de arquitectura, y haciendo uso del don de gente que lo caracterizó, De la Peña tocó puertas para conocer personalmente a académicos, titulares de despachos y toda personalidad del ámbito en cuestión. “Él me llamó y me invitó —relata Ordoño—, y en esos 10 años hicimos una amistad muy cercana”.

Por tanto, en añadidura a la recomendación que José Luis de la Peña —su hijo— hiciera a la Secretaría de Cultura, este catedrático es convocado “a escribir esta monografía que hacía tanta falta porque es un personaje importantísimo en el desarrollo de la arquitectura en el siglo XX en Guadalajara y un personaje fundamental en la imagen de la ciudad, junto con Díaz Morales”.

Recién salida del horno y por presentarse este martes 11 de septiembre, a las 19:00 horas en San Javier de las Colinas, esta publicación cuenta con una serie de razones y coincidencias. Desde el lugar así como la fecha para hacerlo son parte de esto y “me gustaría decir los por qué”, subraya el entrevistado.

“Una coincidencia es que la primera monografía fue dedicada al arquitecto Ignacio Díaz Morales, a quien esta semana se le hizo un homenaje por los 20 años de su fallecimiento. Díaz Morales fue un arquitecto que tuvo un papel determinante en la configuración de la imagen del Centro Histórico de Guadalajara y fue, acompañado por Julio de la Peña, fundador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Entonces hay una relación muy estrecha entre ellos”. Sumado a lo anterior, De la Peña conoce a Pedro Castellanos —quien fuera su gran maestro— gracias a Díaz Morales. Pero “quisimos hacer la presentación el día 10 de septiembre porque en esa fecha sería el 95 natalicio de Julio de la Peña, pero por razones de agenda, se tuvo que diferir al día 11, y es la última monografía”, por tanto la primera y la final son sobre dos personajes “determinantes en la conformación de la imagen urbana de Guadalajara”.

Y sin lugar a dudas, el marco de la presentación: San Javier de las Colinas, obra icónica de su autoría.

“Los que tenemos edad adulta sabemos todo lo que hizo, pero las nuevas generaciones no saben que es el autor de La Minerva, de la Plaza Juárez, de los camellones originales de la Avenida Chapultepec, la Plaza de la República, el Condominio Guadalajara, la Casa de la Cultura, el Auditorio Benito Juárez, el templo de San Javier, y bueno, de una enorme cantidad de residencias particulares, conjuntos habitacionales y también de fraccionamientos como el Jacarandas”, señala Ordoño. Y es que 60 años de ejercicio profesional, significaron que prácticamente todo género arquitectónico fuera abordado por esta irremplazable figura. “Desde un hospital hasta mausoleos, entonces tal parece que desde que naces hasta que mueres puedes estar en un edificio de Julio de la Peña”.

A lo que habría que añadir que su obra se encuentra además de en Jalisco, en otras partes del país como San Miguel de Allende, Mazatlán, Chilpancingo, Guerrero “y muy importante: en la Ciudad de México —la plaza comercial Galerías Melchor Ocampo o los Mausoleos del Ángel—, porque hubo una época en que la provincia miraba a la Ciudad de México para buscar arquitectos de allá que vinieran a hacer obra y aquí nos encontramos a un arquitecto de provincia que es llamado a la Ciudad de México”.

Costa Rica y Estados Unidos también figuran en las latitudes geográficas que estuvieron en el ojo y la tinta de Don Julio, un condominio en el primero y una glorieta y una fuente en la ciudad de Palm Springs, California, en el segundo.

Amigo de la arquitectura y del ser humano

El carácter y la personalidad de Julio de la Peña, representados en un guiño de complicidad, bigote daliniano, lentes redondos y el reloj de pulsera por encima del puño de su camisa, lo convierten en un gran inolvidable. “Era amigo de todos y daba un trato igual a todos, lo mismo a un Presidente de la República —como fue de cercano con Gustavo Díaz Ordaz—, que a los gobernadores —tres fueron sus amigos: Agustín Yáñez, Juan Gil Preciado y Francisco Medina Ascencio— o al más lejano de sus colaboradores. Y creo que es un rasgo de Julio de la Peña que vale la pena resaltar, así como ese amor entrañable que tenía por la arquitectura”.

Gracias a su acercamiento a la familia De la Peña, Ordoño Reynoso tuvo acceso a anécdotas de primera mano que comparte en el libro y en las que describe a un niño de tres años que “dibujaba en el suelo de la hacienda donde él nació” o a un viejo que “horas antes de morir —cuenta su hijo José Antonio—, estaba trazando propuestas para el rediseño de la plaza glorieta del Nodo Colón, que ya no alcanzó a realizar”.

Un hombre que hizo para su vida “un ambiente de proximidad al mundo de las artes, apasionado de la música, de la pintura, y un dibujante nato”.

Las páginas de la monografía incluyen algunas ilustraciones o dibujos que demuestran las habilidades de dicho personaje en el diseño. Mancuernillas, dijes y otros elementos de joyería o escultura estuvieron entre sus creaciones, las cuales regalaba porque “era un hombre muy desprendido y generoso, aunque curiosamente en el aspecto arquitectónico era un hombre extraordinariamente ordenado”. El autor del libro señala esta dicotomía en la que si bien “era un mal administrador de sus propios recursos —si ganó mucho dinero también lo gastó todo—, en su arquitectura fue lo contrario: sus proyectos están ordenados, modulados, la zonificación de sus viviendas y sus edificios, de todos los proyectos que hizo, siempre es muy claro el esquema de circulación, el orden constructivo”.

Agradecido por el apoyo de la familia De la Peña, Ordoño Reynoso apunta que “el día 11 se trata de presentar aspectos del hombre, el maestro, el arquitecto y el académico; la memoria de un gran hombre, un gran arquitecto, un gran jalisciense y un gran mexicano. Y que sepan las nuevas generaciones que existieron arquitectos tan valiosos como los que están en estas monografías y especialmente Julio de la Peña”.

Ana Guerrerosantos

El libro


La monografía sobre Julio de la Peña está compuesta por cuatro partes. La primera es sobre “el hombre, donde hablo del entorno familiar en donde él nace, la Guadalajara de su niñez, su formación profesional, su matrimonio, su familia y su trabajo en el taller hasta los últimos esfuerzos”, indica su autor. El segundo capítulo “habla del maestro, del educador, de la fundación de la Escuela de Arquitectura de la UdeG, su relación con Díaz Morales, de cómo él siguió siendo maestro de muchas generaciones de arquitectos que formó en su despacho”. Entonces sigue la tercera parte que “es la más extensa y  habla de la pasión por la arquitectura, el ejercicio profesional pero desde luego, su pensamiento, las influencias que él reconocía en su arquitectura y algunas de sus obras; arquitecto de la ciudad, arquitecto de ricos y pobres, y un arquitecto al servicio de Dios —las obras de carácter religioso—“. Finalmente el cuarto capítulo versa sobre “el académico, todo el gran papel y la gran contribución que hizo Julio de la Peña a la Academia de Arquitectura, tanto a nivel nacional —porque fue presidente después de Pedro Ramírez Vázquez— y en otras dos ocasiones presidió el capítulo en Guadalajara”.

Perfil
Arquitecto


Julio de la Peña nació en Guadalajara el 10 de septiembre de 1917. Realiza sus estudios profesionales en la Universidad Autónoma de Guadalajara y en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, recibiéndose de arquitecto en 1942.

Colabora en el taller de Pedro Castellanos de 1935 a 1938, para posteriormente ser jefe de proyectos en Martínez Negrete y Asociados (1938-1953). Ejerció de manera independiente desde

La presentación
Julio de la Peña


La presentación del libro Monografías de Arquitectos de Jalisco “Julio de la Peña Lomelín” de Venancio Ord,oñez Reynoso. Será el martes 11 de septiembre, 19:00 horas, en el Templo de San Javier de las Colinas, Paseo de la Noria 3485, Colinas de San Javier.

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