Viernes, 10 de Octubre 2025
Cultura | La infraestructura cultural que proponen las agrupaciones poco a poco se desmorona

Foros independientes, en el limbo económico

La infraestructura cultural que proponen las agrupaciones poco a poco se desmorona ante un oscuro panorama

Por: EL INFORMADOR

REUNIÓN EN LA CASA SUSPENDIDA. En diversas ocasiones el foro dirigido por Sara Isabel Quintero fue un espacio abierto al diálogo. EL INFORMADOR / ARCHIVO

REUNIÓN EN LA CASA SUSPENDIDA. En diversas ocasiones el foro dirigido por Sara Isabel Quintero fue un espacio abierto al diálogo. EL INFORMADOR / ARCHIVO

GUADALAJARA, JALISCO (22/DIC/2014).- Guadalajara tiene dos foros culturales menos: La Casa Suspendida y Estudio Tres23. Ambos recintos cierran sus puertas no porque el arte escénico escasee en la ciudad, sino porque no hay dinero que soporte los gastos que implica mantener a un foro con cartelera activa.

La Casa Suspendida respiró por siete años en la Avenida Alcalde al mando de Sara Isabel Quintero, quien desde un principio apostó por crear un espacio que sirviera como plataforma para artistas profesionales y novatos, y donde además pudieran trabajar y ensayar cuando fuera necesario.

Estudio Tres23 vivió tres años instalado en la calle Argentina de la colonia Lafayette. Su director, Sergio Mendoza, optó por cerrar el foro pese a que la asistencia de público era buena. Sin embargo, una vez más, el dinero no fue suficiente para solventar los gastos que el inmueble requería anualmente para su operación.

Quintero explica que la desaparición de La Casa Suspendida obedece a factores que mermaron la autosuficiencia del espacio y su capacidad para competir ante las actividades que se ofertan en otros lugares y que invitan a espectáculos similares o de otra índole: “Cuando La Casa Suspendida abrió eran nulos los espacios independientes, y éste fue el primero en tener licencia de centro cultural”, recuerda.

Por todos los medios se intentó evitar el desplome de La Casa Suspendida. Más allá de las butacas, el espacio se acondicionó también como cafetería para dar mayor confort al público, lo que también significaba ingresos extras a la taquilla. Lo mismo pasó con Estudio Tres23, que además de teatro de pequeño formato, también amplió su itinerario a talleres y conferencias.

El cierre de estos espacios, expresan algunos miembros de la comunidad teatral, refleja a una ciudad en la que los foros independientes penden de una frágil cuerda ante la escases de recursos económicos propios, difusión y apoyo por parte de las instancias gubernamentales que tienen a las actividades culturales como una prioridad y un enlace directo e inmediato con todos los sectores sociales.

¿Por qué se van?

Estudio Tres23 y La Casa Suspendida lucharon por conseguir recursos por parte de la Secretaría de Cultura del Estado y sus instancias. Y aunque por momentos sí hubo, Sergio Mendoza recalca la importancia de crear apoyos específicos para los foros independientes, que en estos casos, empezaron sin nada, destinaron miles de pesos a producciones, escenografías y mano de obra, y al final desaparecen, prácticamente, sin nada entre las manos.

“El esfuerzo de todos estos pequeños lugares muchas veces pasa desapercibido. Cuando estén desapareciendo se darán cuenta de la falta que hacen. Nosotros colaboramos con muchas puestas en escena y otras que no se estrenaron ahí, pero se trabajaron en escenografía, ensayos. En estos lugares es donde más se gestionan proyectos creativos, no al nivel de acuerdos, contratos y presupuestos, sino de trabajo”, añade Mendoza.

Sara Isabel Quintero confía en que La Casa Suspendida resurja, si no bajo el mismo proyecto, sí en otro con las mismas características y objetivos de profesionalizar, ampliar e impulsar el teatro local. En su escenario desfilaron encuentros teatrales jaliscienses y nacionales, se mantuvieron temporadas que arrasaron con la venta de boletos y, sobre todo, se dio nacimiento a grupos artísticos que también luchan por no desaparecer del mapa escénico.

Por su parte, Estudio Tres23 prestó el escenario a todo, desde actividades para el Festival Internacional de Música (FIM), emergentes y consagrados colectivos teatrales, y hasta talleres de clown.

“En términos de espacio y contenido sí estaban contentos y usaron mucho nuestra estructura, tanto Secretaría de Cultura para la Muestra Estatal de Teatro o el Festival de Danza. También Cultura UDG produjo muchos eventos con nosotros. Las aportaciones fueron interesantes en producciones y colaboraciones”.

Para La Casa Suspendida no hay marcha atrás. Sara destaca que el espacio requería al menos 50 mil pesos mensuales para mantenimiento, renta, pago de servicios y licencia, cantidad que ante la ausencia de público complicó por completo la continuidad del punto teatral: “La Casa Suspendida es más que un grupo de teatro, es un espacio que da cabida a los independientes. Hemos lidiando con un frágil equilibrio financiero que a duras penas pudimos completar para ser autosuficientes”, destaca Quintero al añadir que el foro también nadó contra corriente ante la “falta de políticas culturales que apoyen de una manera franca y decidida a este tipo de espacios”.

Agrega que el cierre del lugar también significará la pérdida de empleos indirectos a creadores emergentes y consolidados que se albergaban en el foro para hacer de su arte un modo de sustento económico.

En el caso de Tres23, Mendoza señala que anualmente requería de un millón y medio de pesos aproximadamente (125 mil pesos por mes) para la operación del espacio, cantidad que pensaban podía obtenerse solicitando a la Secretaría de Cultura un apoyo del 20% de este presupuesto (300 mil pesos anuales), más la taquilla generada por las obras presentadas y patrocinadores que aleatoriamente confiaron en el proyecto.

“Planteamos un modelo que no tiene pierde, que es el que aplican los teatros independientes donde sí funciona el teatro independiente como Inglaterra, España, Alemania. Buscamos financiar a través de una institución solamente 20% de nuestro presupuesto anual, que es el equivalente a una producción mediana, la idea es que con nuestra operación pudiéramos hacer rendir esto”, expresa Mendoza.

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Residencia artística, posible solución


Aunque la propuesta aún está en el aire, Mario Vargas, director de Recursos Materiales y Mantenimiento de la SCJ, adelantó que las instalaciones del Centro Cultural Patio de los Ángeles podrían transformarse en una residencia artística que albergue a creadores locales, nacionales e internacionales, durante el periodo en el que sus proyectos estén en la cartelera de la ciudad o visitas especiales.

Esta adaptación del recinto cultural —ubicado en el barrio de Analco— sería factible una vez que el personal administrativo sea trasladado a la nueva sede, en el Museo de Arqueología de Occidente (MAO), antes sede de la XV Zona Militar.

Pensando en hasta la integración de dormitorios y áreas de trabajo, Vargas destacó que el modelo de residencia artística puede figurar como una plataforma de apoyo a los creadores que no cuentan con espacios de ensayo propios al momento de preparar una puesta en escena próxima a presentarse.

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Ponen cosas a la venta


Durante estos días La Casa Suspendida abrió un bazar con la venta de equipo y mobiliario de Cafetería y Foro, como refrigeradores, horno, anaqueles, entre otros, con horario de 10:00 a 16:00 horas en Av. Alcalde 830.

Sin espacios integrales para ensayar


La compañía A la deriva teatro también enfrenta una situación similiar ante la carencia de recursos propios. El colectivo impulsado por Susana Romo y Fausto Ramírez cierra 2014 desalojando la casa que durante cinco años fue su sede de operaciones y en ocasiones su escenario.

El inmueble que el grupo habitaba fue puesto en venta, y al no contar con recursos ni ingresos competentes, ven lejanas las posibilidades de adquirirlo o hacerse de una propiedad inamovible a su proyecto, que mensualmente les obligaba a destinar 10 mil pesos entre servicios y alquiler.

Ramírez también atribuye la fragilidad de los espacios y grupos independientes a una política cultural débil que no mira más allá de los escenarios y compañías artísticas inyectadas con presupuesto estatal, principalmente.

“Los ayuntamientos, tanto Zapopan, Guadalajara, Tonalá, Tlaquepaque y Tlajomulco, cualquiera que está en la zona conurbada, no tienen una política de fomento a los espacios culturales independientes (…) No podemos competir contra los grandes subsidios del Estado”.

Aunque la Secretaría de Cultura de Jalisco no cuenta con un espacio que funja como salón de ensayos para albergar diariamente a quienes no tienen un lugar propio para desarrollar su trabajo, Mario Vargas, director de Recursos Materiales y Mantenimiento de la dependencia, destaca que el auditorio del Centro Cultural Patio de Los Ángeles, el Teatro Alarife y la Casa de la Cultura Jalisciense, han fungido como alternativas para solucionar esta carencia de espacios.

Sin embargo, expresa que el préstamo de las instalaciones depende de la disponibilidad que se tenga en la agenda y si el proyecto a ensayar representa un impacto social inmediato en la comunidad, pues es complicado otorgar los auditorios y salones a grupos artísticos que requieren hasta cuatro meses de ensayo continuo o para perfeccionar obras que se presentarán fuera del Estado.

“Tienen que presentar solicitud por escrito para valorar cuál es la viabilidad y el posible beneficio. El hecho de abrir una sala o un auditorio para que alguien ensaye representa una erogación, y todo lo que las dependencias públicas invertimos en cualquier proyecto tiene que redituar en un beneficio social”.

Vargas añade que se han hecho planteamientos para abrir un espacio que se adapte a las necesidades de ensayo de los grupos independientes, pero el presupuesto que recibe la SCJ no es suficiente para adaptar uno o construirlo desde cero, más allá de los teatros y recintos pertenecientes a la institución.

“Se planteó en algún momento tener algunos salones de ensayo, pero desgraciadamente presupuestalmente se vuelve poco viable (…) Abrir salas de ensayo representa construir un espacio o adaptarlo, equiparlo y tener personal permanente. El presupuesto es muy limitado, tiene menos del 0.5% del presupuesto total del Estado. Crear infraestructura es carísimo, no tenemos un terreno donde pudiéramos decir que ahí se podría edificar un núcleo de salones de ensayo”.

Autosustentabilidad, la clave inalcanzable

Para algunos teatristas ser independiente implica todo, desde crear proyectos originales hasta tener su propio espacio de trabajo y presentación. Aunque el riesgo de desaparecer no es algo que preocupa al dramaturgo y director de escena Jorge Ángeles, fundador de Teatro Rabinal, el cierre de La Casa Suspendida es una alarma para valorar y reflexionar sobre las condiciones en que trabajan los colectivos independientes, que desde su punto de vista, ven truncadas las opciones de crecimiento y estabilidad ante la carencia de políticas culturales que velen por sus intereses.

Sean grupos o foros independientes, Sergio Mendoza de Estudio Tres23 asegura que en estas iniciativas es donde verdaderamente nacen las propuestas e identidad cultural de la ciudad y que han logrado un incremento y variedad en contenidos y asistencia del público.

“Ha sido sumamente difícil acceder a apoyos de instituciones. Es absurda la mirada de las dos principales instituciones culturales como Cultura UDG, Secretaría de Cultura (Jalisco), bajo la excusa de que no pueden financiar un negocio privado. Nos han bloqueado totalmente (…) ellos, mejor que nadie, deberían de saber que el teatro, excepto en Broadway, no es un negocio”.

“Tampoco nos sobra el dinero, no podemos seguir. Nos hemos acercado a secretaria de Cultura, Myriam Vachez, y hemos logrado hacerles ver que efectivamente ellos no tienen esta figura dentro de sus apoyos (a proyectos independientes)”.

FRASE

Cuando La Casa Suspendida abrió eran nulos los espacios independientes, y éste fue el primero en tener licencia de centro cultural

Sara Isabel Quintero,
directora de La Casa Suspendida.

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