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Martes, 15 de Octubre 2019
Cultura | Jorge Luis Hernández apela a una arquitectura gozosa, pero sustentada en el oficio

Evitar caprichos y cubrir necesidades

Jorge Luis Hernández apela a una arquitectura gozosa, pero sustentada en el oficio

Por: EL INFORMADOR

La Casa Godoy se caracteriza por su estructura en acero y la planta alta volada 16 metros, sin soportes o columnas. ESPECIAL  /

La Casa Godoy se caracteriza por su estructura en acero y la planta alta volada 16 metros, sin soportes o columnas. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (24/JUL/2011).- Es uno de los arquitectos que marca una diferencia en la creación de casas, edificios y una diversidad de espacios, tanto en la ciudad como en otras partes del país y del extranjero. Silencioso por lo general y ajeno a la actividad pública en materia de concursos y competencias, desde lo privado defiende a la arquitectura que obedece al sitio y al cliente, pero sobre todo a aquella que se desliga de lo “descafeinado”.

Es Jorge Luis Hernández, titular del despacho Hernández Silva Arquitectos fundado desde 1988 cuando egresó del ITESO y que hoy día está en el circuito de los más demandados alarifes. Con una significativa lista de casas habitación, bares y restaurantes, ha logrado el reconocimiento local e internacional, motivo por el cual ha sido recientemente invitado a proyectar unas torres en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras.

“No somos un despacho grande, más bien es chico –dice-, pero es cuestión del tiempo que llevamos haciendo cosas”. Quizás sea esta la fórmula para lograr la confianza de los pocos que saben apostar por la arquitectura de autor, quienes en el caso de Hernández Silva además le han brindado libertad.

Conocido por una diversidad de casas y el diseño del restaurante La Grelha, ubicado en la colonia Providencia, en el ámbito de las publicaciones especializadas sobre arquitectura, Jorge Luis señala: “La responsabilidad de lo que hay es nuestra, tenemos una obra interesante porque se dieron circunstancias para poder hacerla”. Tal es el caso de la Casa Godoy que se caracteriza por su estructura de planta alta que está volada 16 metros sin soportes o columnas. “En ese momento el acero estaba barato, a lo mejor ahora no lo podríamos hacer”, explica.

“Son circunstancias que nos han permitido hacer cosas diferentes pero también se debe a los clientes. Un día tuve uno que llegó y me platicó de una poesía, me leyó unas frases, me habló más de sensaciones que de necesidades y eso te permite ser más expresivo como arquitecto, porque hay mucha más libertad, te abre la imaginación”.

En tanto que para lograr esa expresividad arquitectónica, Jorge Luis advierte que esto no implica altos presupuestos. Para la primera de las seis veces que remodeló el Bar Nuts, hasta que el cliente vendió el negocio, la inversión fue de 200 mil pesos. “Fue muy divertido, lo hicimos con resortes, esponjas y dicroicos visibles”, relata. Naturalmente conforme el negocio prosperó, las siguientes intervenciones contaron con un mayor monto presupuestal, “pero es muy interesante este tipo de ejercicio en el que fuimos transformando el mismo espacio y podías hablar de él de tan diferentes maneras”.

El muchas veces publicado en proyecto del restaurante La Grelha, responde igualmente a estos criterios expuestos por Hernández Silva. “Ahí también la inversión es muy barata. Es una cubierta que se desdobla, con un material con costo por metro cuadrado muy bajo, los muros sin enjarre, un plafón de madera que el cliente consiguió al costo, mosaico nacional y ventanería de aluminio, no cristal templado”, dice con una sonrisa confesional. “Hacer las cosas baratas no significa bajar la calidad sino usar diferentes materiales”.

Arquitectura de autor

De acuerdo con el entrevistado, todo se puede hacer siempre y cuando haya proyecto arquitectónico. “Lo que pasa es que la gente piensa en construcciones, no en proyectos arquitectónicos y se hace la arquitectura a un lado”.

Este mal entendido colectivo ha hecho que ciudades como Guadalajara estén plagadas de arquitectura anónima, o bien, como Hernández Silva califica: “edificios descafeinados y mediocres”. Por ello, pone el ejemplo del Distrito Federal, donde las torres son diseñadas por los mejores arquitectos del lugar. “Hay una competencia impresionante por hacer el mejor proyecto y aquí no, aquí hay un montón de edificios que no tienen arquitecto y no tienen arquitectura y se venden”. Por lo tanto, solamente “en virtud de que la gente sea más exigente con la arquitectura, ésta va a mejorar su calidad en la ciudad”. Muchos en Guadalajara prescinden de los connotados arquitectos al llevarse la idea de que son caros, cuando “no hay nada más caro en obra que un proyecto malo”. Este malentendido social quizás se deba a que “a veces se entiende que el proyecto es un dibujo y no, no, no, el proyecto se representa a base de unos dibujos y papeles porque son la mejor manera para entender lo que se va a construir”.

Para Jorge Luis Hernández, uno de los miembros de este grupo de hacedores de espacios que Guadalajara ha cosechado, la buena arquitectura es “aquella que obedece al sitio y al usuario como centro de decisiones; aquella que aporta un valor social tratando de sumar a la historia de la arquitectura y que va tejiendo una historia con las demás sin ser protagonista sino simplemente dando su grano de arena. La buena arquitectura es la de oficio, la que obedece al clima, al sol, la que goza y además protege, la que logra absorber las bondades del sitio y hace un mejor lugar permitiendo una mejor calidad de vida, no la que obedece al capricho más que a una necesidad”.
Ana Guerrerosantos

''La buena arquitectura es la que obedece al clima, al sol, la que goza; no la que obedece al capricho''
Jorge Luis Hernández
Arquitecto

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