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Sábado, 18 de Noviembre 2017
Cultura | Las obras del pintor consiguen plasmar momentos de quietud en un mundo acelerado

El realismo de Edward Hopper sigue vivo a 50 años de su muerte

Las obras del pintor consiguen plasmar momentos de quietud en un mundo acelerado
Sus cuadros invitan al ciudadano a detenerse, observar y contemplar lo que estaba a su alrededor al plasmar paisajes serenos. ESPECIAL /

Sus cuadros invitan al ciudadano a detenerse, observar y contemplar lo que estaba a su alrededor al plasmar paisajes serenos. ESPECIAL /

ESTADOS UNIDOS (14/MAY/2017).- Edward Hopper, considerado el pintor realista de EU más importante del siglo XX, sigue estando muy presente en la esfera del arte 50 años después de su muerte gracias a sus obras que consiguen plasmar momentos de quietud en un mundo acelerado.

Recientemente, sus óleos cobraron vida con un proyecto llevado a cabo por una agencia digital británica, Verve Search, que desarrolló una serie de GIF's con sus obras más famosas que llevan a los cuadros a ser todavía más reales.

En "Automat" (1927), por ejemplo, el café de la mujer que protagoniza el cuadro humea y algunas de las luces de la cafetería parpadean, y su "House by the Railroad" (1925) pasa en escasos segundos de la luz del día a una noche estrellada.

Además, cuando se cumple mañana el 50 aniversario de su fallecimiento, cientos de personas recuerdan en las redes sociales sus particulares obras, aplaudidas por su capacidad de provocar momentos de profundo análisis de lo que rodea al ser humano.

"En contraposición a todo el ruido del siglo XXI, quizás este mensaje resuena más que nunca", explicó hace poco el director de arte del Royal Academy del Reino Unido, Tim Marlow.

Por su parte, la Casa Museo de Edward Hopper ha abierto las puertas estos días de la que fue la habitación del artista hasta sus 28 años, donde el diseñador Ernest de la Torre y el arquitecto Walter Cain han tratado de recrear el aspecto original de la sala.

Aunque Hopper también le dedicó tiempo al dibujo y la acuarela, son sus óleos los que le hicieron pasar a la historia por su realismo, quietud y reflexión, y por su retrato de paisajes y ambientes estadounidenses.

El pintor empezó a producir algunas de sus mejores obras después de la gran depresión económica estadounidense de 1929, cuando el país se vio inmerso en una sensación global de incertidumbre y ansiedad.

Sus cuadros, sin embargo, invitaban al ciudadano a detenerse, observar y contemplar lo que estaba a su alrededor al plasmar paisajes serenos y solitarios o escenas de la vida cotidiana estadounidense en los que solía incluir a un número muy limitado de personas.

Nacido en Nyack, Nueva York, en 1882, Hopper contó desde niño con el apoyo de su familia, que supo reconocer su talento artístico y ayudó a desarrollar sus cualidades al apoyar sus estudios en dos escuelas de arte desde 1899 a 1906.

Después, Hopper comenzó trabajando como ilustrador una temporada, tras lo que realizó tres viajes a varias ciudades europeas, centrándose en París, donde se vio inspirado por el trabajo tanto de Edgar Degas como de Edouard Manet, cuyas representaciones de la vida moderna urbana influyeron en sus obras de por vida.

Tras regresar a Nueva York, donde se instaló en el barrio de Greenwich Village, Hopper pasó casi una década viviendo en el anonimato artístico hasta que su trabajo fue mostrado por primera vez en una exposición individual en el Whitney Studio Club en 1920.

Pocos años después, su reconocimiento había crecido exponencialmente y consiguió vender todas y cada una de las piezas que formaron parte de su exposición de la Frank Rehn Gallery de Nueva York.

En 1927, el pintor se casó con Josephine Nivison, una mujer enérgica y optimista que contrastaba con el carácter conservador, tímido e introvertido de Hopper.

En 1930, su óleo "House by the Railroad", de 1925, fue la primera pieza que compró el recién fundado Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), que con el tiempo se convirtió en una de las pinacotecas más destacadas del mundo.

Tres años después, el trabajo de Hopper recibió otro espaldarazo con una exposición retrospectiva que le dedicó el MoMA, donde se celebró su estilo adulto e identificable en el que dominaba la sensación de silencio y distanciamiento.

Entre sus paisajes más destacados se encuentran gasolineras desiertas, vías de tren, puentes, paisajes bucólicos de la costa de Nueva Inglaterra o cafeterías y cines frecuentados por personajes pensativos.

Pese a su éxito comercial, Hopper empezó a recibir ciertas criticas en la década de los 40 y 50, cuando comenzó a dominar en el mundo del arte la escuela de expresionismo abstracto, aunque hasta su muerte en 1967 el pintor nunca perdió su reclamo popular.

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