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Jueves, 23 de Mayo 2019

Una vida moviendo los hilos

Con más de tres décadas promoviendo las artes escénicas, el titiritero y dramaturgo Carlos Converso es celebrado con un homenaje en "El Festín de los Muñecos"

Por: Jorge Pérez

Carlos Converso, dramaturgo, titiritero y docente. EL INFORMADOR

Carlos Converso, dramaturgo, titiritero y docente. EL INFORMADOR

Desde sus inicios, el Festín de los Muñecos ha tenido la vocación de celebrar las artes escénicas que tienen a los títeres como protagonistas. Para esta novena edición, la celebración incluye el homenaje a uno de los promotores de esta disciplina en México, con una carrera que supera los tres decenios de actividad profesional.

Se trata de Carlos Converso, dramaturgo, titiritero y docente que acude a Guadalajara también para presentar su más reciente producción, “El ensayo del titiritero”. El homenajeado compartió con este medio cómo recibió la noticia de este reconocimiento: “Cuando me avisaron fue muy grato para mí. Es un honor. De alguna manera el ámbito de los titiriteros no tiene una presencia tan grande como el teatro de actores.

Reconocer a titiriteros es darle la misma altura y nivel a este arte. Es muy gratificante, y más viniendo como un festival como el Festín, que tiene un gran prestigio”.

Sudamericano de origen, Converso platicó sobre sus principios en el arte: “Estudié en una escuela de teatro. Nací en Argentina, en Córdoba, allí estudié la carrera de actuación. Años después conocí a un maestro titiritero (Javier Villafañe): me fascinó lo que él hacía, me gustó mucho y me sentí muy atraído. Quise aprender el oficio. Estuve un tiempo con él, aprendiéndole, y ya luego por mi cuenta”.

La formación escénica fue formal, pero la profesionalización con los títeres se dio sobre la marcha, sobre el escenario: “He ido aprendiendo de una manera autodidacta. En esos años no había ninguna opción de escuela. Aún hoy en día, en México por ejemplo, no existe como tal”.

A propósito de la enseñanza del oficio de titiritero, Converso ha sido un promotor de la docencia. Así lo menciona Miguel Ángel Rodríguez, director del Festín de los Muñecos, al elogiar esa doble faceta como creador y como docente generoso al compartir sus conocimientos con sus alumnos: “Es una figura emblemática: es maestro, creador, reconocido internacionalmente. Su visita nos pareció un buen pretexto para hacer el homenaje”.

De su experiencia en los talleres y la especialización, Carlos afirma que ha sido un paso positivo: “Aproximadamente hace 10 años creamos una pequeña escuela, Centro de Estudio en el Arte de los Títeres (en Xalapa). En principio no se trataba de una carrera, pero sí ofrecemos talleres y diplomados, son distintos talleres: aproximación al teatro de títeres, otros sobre animación, técnicas, construcción de títeres, dirección escénica en el teatro de títeres”. Carlos agregó la referencia a esfuerzos similares, como la Escuela Latinoamericana del Arte de los Títeres en Tlaxcala.

En México existen también iniciativas desde las universidades públicas, como en la Universidad Veracruzana, donde Converso imparte clases desde 2001.

En el mismo sentido del estudio formal, Carlos comentó la importancia del bagaje actoral en los titiriteros: “Hay gente que tiene un talento innato, pero en términos naturales detrás de un titiritero debe estar presente la formación de un actor. Se trata de actuar, a lo mejor no directamente con su propio cuerpo y la voz, pero sí con el títere, al cual uno le presta movimientos y voz. Hay que conocer las pautas de la actuación, el manejo de la voz, conocer la gestualidad humana”.

Los inicios

De su evolución como titiritero, Converso rememoró: “Empecé en el teatro para niños. Durante muchos años trabajé en escuelas, llevando espectáculos a los niños. Era dirigido específicamente para ese público, siempre estaba presente un tipo de mensaje. Siempre en las obras de una manera explícita o implícita siempre llevan un mensaje. Con los niños es un poco más evidente. A mediados de los años ochenta hice mi primer espectáculo para adultos. Ya tenía un buen tiempo trabajando para niños, quería incursionar en otro ámbito, tenía otras preocupaciones personales y formales. En 1984 estrené “Pandemonium”, con una temática totalmente para adultos, con temas urbanos, temas muy fuertes: la violencia, el erotismo compulsivo, la soledad. Todo lo que vive un ser humano en una ciudad compleja y problemática. En ese momento eran pocos los titiriteros que hacían cosas para adultos. Fue un éxito extraordinario, un boom, nos fue muy bien. A partir de allí comencé a trabajar más en el ámbito de adultos. Nunca dejé de trabajar para niños”.

Sobre esa tendencia a dar por sentado que el teatro con títeres es exclusivo para el público infantil, el dramaturgo aclaró: ““Existe ese prejuicio: que al decir títeres inmediatamente se relaciona con niños. En el siglo XX y este el teatro de títeres sí se ha desarrollado en gran parte en el teatro infantil. Pero desde hace unos 40 años el teatro de títeres para adultos ha crecido cada vez más. Yo estoy convencido de que puede fascinar tanto a niños como a adultos. Se trata de algo que es teatro”.

Parte esencial de la diversidad del teatro para títeres son los recursos y sus posibilidades. En palabras de Carlos: “En este tipo de teatro existe una gama enorme de técnicas, de modalidades de trabajo y presentación. Suelo decir que este teatro es por excelencia el lenguaje de la imaginación: presenta un campo enorme para crear, por las posibilidades formales que tiene, se puede jugar de muchas maneras. A eso le agregamos que en los últimos años se ha sumado el teatro de objetos, el teatro de papel, de juguetes. Son distintas opciones que permiten ampliar más el panorama de expresión”.

El campo de la expresión

Como ejemplo de las cualidades de los títeres, Converso agregó: “En escena podemos ver a un títere que se quita la cabeza y el cuerpo sigue caminando. Son cosas extraordinarias, fuera de lo común. Es un campo de expresión que permite jugar mucho, abordar muchos temas de una manera mucho más novedosa, que uno no está acostumbrado a ver en el teatro convencional”.

Además, el arte de los títeres también abraza las artes plásticas, pues aunque deben ser funcionales, la construcción física de los personajes ronda la frontera con la escultura. De esta característica, Carlos Converso dijo: “El títere está compuesto por dos partes fundamentales: la parte plástica y la teatral. Siempre van juntos: el títere es una figura creada ex profeso para cumplir una función en la escena. Incluso lleva un estilo, se pueden hacer títeres inspirados en pintores, a la manera de Picasso, Magritte o Remedios Varo. Yo nunca estudié formalmente artes plásticas, pero tengo una facilidad o talento para lo escultórico (no así para la pintura). Mi estilo has sido un poco expresionista: los rostros son muy fuertes, muy marcados, con arrugas muy profundas”.

TOMA NOTA

“El ensayo del titiritero” es la función que se verá en el Festín. La puesta en escena presenta la historia del títere y la personal, es para jóvenes y adultos. Carlos comentó de este trabajo: “Lo estrené a mediados del año pasado. Combina actor con muñecos. Con el pretexto del espacio y el tiempo de un ensayo al que se enfrenta el titiritero hablo de distintos temas: se confronta con sus temores, con sus miedos. Es un personaje que ya es un veterano. Habla de la edad, de la proximidad de la muerte. Al mismo tiempo del trabajo y las expectativas que aún quedan en la vida”. Teatro Jaime Torres Bodet, viernes 3 de noviembre, 17:00 horas y 20:00 horas. Con homenaje a Carlos Converso, 21:00 horas.

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