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Lunes, 24 de Septiembre 2018

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Titicaca, un hermoso lago en las alturas

Es el lago navegable más alto del mundo; y con sus 200 km  de largo y 65 de ancho es también uno de los más grandes del planeta

Por: Pedro Fernández Somellera

Se dice que Titi quiere decir puma, y Caca piedra: o sea “El Lago del Puma de Piedra”. EL INFORMADOR/ P. Somellera

Se dice que Titi quiere decir puma, y Caca piedra: o sea “El Lago del Puma de Piedra”. EL INFORMADOR/ P. Somellera

En el altiplano andino que comparten Bolivia y Perú a los tres mil ochocientos doce metros de altura, se encuentra el enorme y hermoso lago Titicaca de clarísimas aguas condimentadas con una pizca de sal. Es el lago navegable más alto del mundo; y con sus 200 km  de largo y 65 de ancho es también uno de los más grandes del planeta; es por esto que en ocasiones llega a darse ínfulas de pequeño mar. Es pues un “señor don lago”.

Su nombre -que no deja de ser gracioso- se presta a bromas por parte de los peruanos, que dicen que a ellos les tocó la parte de Titi, y lo demás se lo dejaron a los bolivianos. Y para poder seguir con la carrilla, habrá que comentar que sus aguas vierten al río “Desaguadero” (indudable) que acaba descargándolas en el lago “Poopó” (insólito). Pero bueno… todo en esta vida es una broma -incluyendo el existir de los humanos- y bien sabemos que la risa es el remedio infalible. ¡Disfrutémosla!

Miles y miles de leyendas -ya las imaginarán- se cuecen sobre el lago; una de ellas versa sobre el origen de su nombre. Se dice que Titi quiere decir puma, y Caca piedra: o sea “El Lago del Puma de Piedra”. Cosa que de cierta manera coincide, tanto con la forma física de sus orillas (parece un puma en actitud de cazar), como con las leyendas sobre su origen. Se dice que en una de sus islas: del Sol fue donde emergió el dios

Wiracocha, para dar vida a Manco Kápac y a Mamá Ocllo, padres de todas las tribus existentes y fundadores del Imperio Inca del Tahuantisuyo, quienes entre sus peripecias, convirtieron en piedra a los pumas que alguna vez los asediaron; de ahí su nombre. (Me perdonarán los antropólogos pero, hay tantas versiones de esto, que decidí hacer un tosco resumen solamente para dar una idea del tema).    

Las aguas del Titicaca están virtualmente divididas por el estrecho de Tiquina que ciñe a la parte más pequeña del lago llamada Huiñaymarca -donde se encuentra el puerto de Copacabana en la parte boliviana- apartándola un poco de la gran extensión restante llamada el Chuquito, que casi toda pertenece al Perú. En esa gran extensión es donde se encuentra la bahía de Puno, en donde reside la ciudad y puerto que lleva el mismo nombre. Aunque la localidad no es muy bonita, si tiene un par de buenos hoteles, siendo además el puerto de referencia para las embarcaciones que hacen travesías por las distintas poblaciones ribereñas, y los barcos turísticos que hacen interesantes y culturalmente enriquecedoras excursiones a las diferentes islas.
Visitar Taquile, Amantaní, los Uros o a la  Isla del Sol, hacen una experiencia única. Y si realizamos que todo esto está situado en un bellísimo crisol lacustre en donde, a los 3 mil 812 metros de altura se cocina una exótica mezcla de culturas incas, aymaras, quechuas y españolas, el interés por el espléndido mosaico étnico que se despliega es sumamente interesante. Vale muchísimo la pena.

El archipiélago flotante de los Uros, es por demás atrayente, ya que las leyendas dicen que ellos se tuvieron que asentar en las aguas del lago al tratar de huir de los Incas y los Tihuanacos que los asediaban. Así fue que descubrieron que en esas plataformas de anchas capas de junco Totora (Scirpus californicus) podían vivir perfectamente flotando en el lago y viviendo de la caza y de la excelente pesca.

Cada plataforma, que está anclada con cuerdas, estacas y piedras, puede durar hasta 20 años y más, si se le añade una nueva capa cada mes. En ella viven varias familias en pequeñas casas hechas -naturalmente- de totora, de solo una sola ‘habitación’; muchas de ellas están  disponibles para rentarlas al turista que quiera vivir una experiencia diferente. Desde la infancia los uros aprenden a transportarse en los singulares barquitos llamados “Caballitos de Totora”; cosa que resultó admirable para el famoso navegante Thor Heyerdal (¿Recuerdan Kon Tiki?) quien construyó la suya propia -a la que nombró la “Ra”- para cruzar las 4,700 millas que separan Perú de la Polinesia. Interesantísimo conocer los hábitos y costumbres de esta gente tan sui géneris.

La isla de Taquile, a tan solo 40 km de Puno, y el ascenso de 560 escalones para llegar a ella, merece un capítulo aparte -que la próxima vez comentaremos- dada su belleza y sus extrañas tradiciones que conservan con tanto celo. Basta con decir que su código de conducta se basa en tres premisas: ama suwa, ama llulla, ama qilla; no robes, no mientas, trabaja duro.

NB: Siguiendo la costumbre peruana, aprovecho para mandarle Titi a Isabel Orozco, y dejarle el resto a su ingrata tía Piedad. jijiji.

YR

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