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Viernes, 17 de Agosto 2018

Suplementos

Talento contra corriente

La genialidad de José Navarro con los números lo han enseñado a restar diferencias, a sumar mente y a multiplicar aplausos

Por: Norma Gutiérrez

Ser ciego no había entristecido tanto a José de Jesús Martín Navarro como cuando le negaron la visa estadounidense hace unos meses. José ganó la medalla de oro en el concurso estatal de Matemáticas en 2017 -durante el Robomath Challenge y que fue inaugurado por el gobernador, Aristóteles Sandoval- y eso le mereció ser invitado a la NASA, en Silicon Valley (patrocinado por el Gobierno de Jalisco), sin embargo, la negativa de las autoridades estadounidenses le hicieron saber a él y a su mamá, Cuquita, que los prejuicios y limitantes hacia las personas con discapacidad siguen latentes.

José tiene 13 años y su habilidad para las matemáticas ha sorprendido por su forma de dominarlas y aprenderlas desde su infancia, desde la oscuridad en la que vive. Pepe, como lo llama su familia, no nació ciego, a causa de una negligencia en la incubadora, la falta de oxígeno y que no le cubrieran adecuadamente sus ojos, ocasionó que sus retinas se quemaran por completo.

“José tuvo problemas de respiración al nacer. Lo metieron a la incubadora y en ese tiempo no le taparon los ojos. Las mismas enfermeras me dijeron que fue negligencia, que demandara, pero preferí enfocarme en él, lo lleve al Teletón. Solo me dijeron que mi hijo sería ciego, cuando me dijeron la noticia fue muy cruel, pero tenía que buscar la manera de que mi hijo saliera adelante, no toda la vida estaré con él”, comparte su madre.

José está decepcionado. Ni en su formación preescolar ni primaria había encontrado obstáculos para sobresalir pese a su ceguera. La buena voluntad y el cariño que genera habían sido suficientes para que su crecimiento y adaptación al entorno fuera lo más parecido a cualquier otro niño ordinario. Durante el Robomath Challenge, José fue el único estudiante con discapacidad en concursar y eso también le valió ganar una computadora.

“Cuando tenía un año y tres meses lo metí a una escuela para ciegos y de ahí comenzamos esta lucha (…) al llegar al CAM 10 (Centro de Atención Múltiple), la escuela que está en Las Juntas, sentí un arropo por la directora y los maestros, en especial de la maestra Verónica, gracias a ella José comenzó a sobresalir, después tuvo que ir a una escuela ordinaria y todos los niños lo quieren, lo aceptaron, lo han motivado”.

Cuquita puntualiza que el camino no ha sido fácil, pero con el acompañamiento de su esposo y sus otros tres hijos, José ha logrado desenvolverse con gracia más allá de los números, las multiplicaciones y las divisiones que tanto le fascinan, así como su pasión por la herbolaria y el rap.

A José no hay que hablarle con rodeos. Desde los seis años comprendió su estado de ceguera y eso ha facilitado su integración a las escuelas públicas. Sabe que él y su familia es un ejemplo a seguir pese a no contar con los recursos económicos suficientes para potencializar todas sus habilidades.

“El psicólogo me decía que tenía que explicarle a mi hijo que él no vería. José creía que todos estábamos igual, que nadie veía. Para mí era muy difícil decirle a mi hijo, no sabía cómo, pero un día un niño me pregunta qué porque tenía sus ojos, lo ignoré pero me siguió insistente preguntando y me fui. José me preguntó que por qué no le había explicado a ese niño que él no veía, me quedé sorprendida, me cayó un balde de agua fría, él ya sabía bien sobre su condición”.

José tiene su pequeño huerto en la esquina de su casa, sabe distinguir plantas y árboles con solo el tacto, con los aromas. La composición es otra de sus maravillas, en su mente se formulan rimas y frases que al ritmo del rap narran un poco de lo que es su vida, de lo que es su ceguera, de los esfuerzos de su madre por hacerlo un joven exitoso. Pero sí hay algo que le da miedo es caer en una alcantarilla mal tapada en la ciudad.

“Caerme en una alcantarilla abierta me da miedo. No me ha pasado, pero he oído que una vez una persona invidente cayó y eso me da miedo, pero no me da miedo ir solo por la calle”.

Fuerza de madre

La señora Cuquita es de esas mujeres que tienen miles de anécdotas para contar sobre las peripecias y alegrías que ha vivido junto a su José. Hablar de la ceguera de su hijo es habitual, presume con orgullo que el tercero de su descendencia es como una esponja que absorbe todo tipo de conocimientos a la primera explicación, sin embargo, la garganta se le amarga cuando señala los sueños frustrados de José, de esa visa negada que tanta tristeza ha llevado a su familia.

“Él ganó su viaje y por ser un niño con discapacidad lo tuve que acompañar al trámite. La Secretaría de Educación pagaría también mis gastos del viaje, pero de nosotros dependía la visa, fuimos como cualquier otra persona, en la entrevista expliqué lo del premio de la NASA, que soy ama de casa y mi esposo obrero e inmediatamente me dicen que no soy apta para viajar”.

Ante la primera negación, Cuquita dio aviso a la Secretaría de Educación y ésta insistió en que nuevamente aplicarán para la solicitud, pero nuevamente fue negada la visa: “Me era increíble que tuviéramos que hacer otra vez el trámite, yo no tengo dinero, ya habíamos hecho el sacrificio, entre papeles e idas gastamos cerca de 20 mil pesos y nuevamente nos negaron”.

Cuquita describe las aventuras de su hijo, de cómo no le teme a las olas de mar cuando van a la playa, de cómo su hijo de 13 años es capaz de ir solo a la tienda, de cómo es un genio en potencia de las matemáticas. Cuando uno escucha a doña Cuquita es imposible no ponerse en su zapatos y pensar si uno también tuviera la misma valentía para sacar adelante a su familia, ella siendo ama de casa y su esposo obrero.

“Yo no tenía porque mi hijo no era como los demás niños. Cuando comenzó a interesarse en las matemáticas, yo no creía hasta que vi sus resultados, cuando más gente lo felicitaba, a ir a concursos y ganar y avanzaba de una etapa a otra. Desde los tres años José ya se sabía las tablas de multiplicar, ahora todo el día está en la computadora investigando, aprendiendo”.

Hablar de la negación de la visa es un tema sensible que le llena de lágrimas y una voz entrecortada, llena de impotencia. Cuquita se aguanta, sabe que el dinero que destinaron dos veces en el trámite de la visa ya no regresará, a los dos se la negaron, a ella y a su hijo, era lo único que necesitaban para ir a la NASA.

“Todos los ganadores de diferentes disciplinas se fueron, para José la oportunidad del viaje se acabó. Mi hijo entró en depresión, se quedó encerrado en su cuarto, ya no se interesó por sus plantas, por su canto, por su baile, se apagó. José está mal, algo tiene, esta raro, está triste, ya no quiere ir a la escuela, ya no quiere concursar”.

A Cuquita poco le importa si el viaje fuera solo por un día o le implicara poner en pausa sus responsabilidades hogareñas para irse con su hijo hasta el fin del mundo. José tenía la esperanza de ir a la Nasa, ya había investigado que existe un restaurante con una pecera gigante donde hay un tiburón vivo y de eso quería ser testigo a su modo, aunque no lo pudiera ver.

José ganó la medalla de oro entre más de 600 mil niños. La Secretaría de Educación trató de ayudarle hasta donde sabe Cuquita, pero en la negación de la visa todo se detuvo. Sin mayores explicaciones simplemente en el consulado dijeron que no, que no había forma de que entraran a Estados Unidos a cobrar el viaje que José se había ganado a pulso, sin la ayuda de nadie, más que con sus números, más que con sus multiplicaciones y divisiones perfectas.

Contra corriente

José cumple años el próximo 12 de mayo, cae en sábado y lo emociona. Cada año que pasa sus gustos y habilidades se perfeccionan. Aunque el acoso y los malos tratos en la escuela han sido mínimos, José sabe defenderse, sabe que pelear está mal, pero cuando alguien le hecha bronca, lejos de correr, hace frente, no se deja y en pasados días un compañero de la escuela lo peleó, lo empujó y José no se detuvo en defenderse y salir triunfante de esa riña que se generó solo por el deseo de alguien más de quererle pegar.

“Un niño me dijo que quería pelear conmigo. Me jaló de la cabeza, me solté y lo agarré. Yo pensé que él me iba a ganar, cuando me solté con mi mochila le pegué, no había nadie que nos separa. El niño me decía que ya, que me esperara, pero no me dejé”.

A José desde siempre le han gustado las matemáticas. Considera que son necesarias para poder desarrollar negocios sanos: “Lo que más me gusta son los problemas difíciles, las multiplicaciones de tres dígitos (…) las matemáticas te ayudan a saber más, saber administrarte. A los números los imagino por grupos en mi mente”.

Entre los últimos obstáculos que José y su madre Cuquita han enfrentado está la falta de libros en braile que José necesita para cursar el sexto grado de primaria. Los libros especiales para él no llegaron y la Secretaria de Educación solamente explicó que no hay.

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