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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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¿Refundar?

La refundación que propone Enrique Alfaro es, hoy por hoy, una hoja en blanco

Por: Enrique Toussaint

Refundar tiene dos acepciones: la obvia -volver a fundar algo- y, la segunda, revisar la marcha de una institución o entidad para volverla a sus principios originales. EL INFORMADOR/ J. López

Refundar tiene dos acepciones: la obvia -volver a fundar algo- y, la segunda, revisar la marcha de una institución o entidad para volverla a sus principios originales. EL INFORMADOR/ J. López

Para nadie es una sorpresa: Enrique Alfaro tiene altas posibilidades de convertirse en gobernador. No hay encuesta ni estudio demoscópico, medianamente serio, que les otorgue una ventaja menor a 20 puntos por delante del segundo lugar. Incluso, en la opinión pública, hay una sensación de que la gubernatura está casi decidida y las interrogantes se trasladan a otros espacios: la carrera por el Senado, los equilibrios en el Congreso y las presidencias municipales. Por ello, la idea eje de la campaña de Enrique Alfaro se ha convertido en el centro del debate público y ha generado, también, sus simpatías y antipatías. Cuando Enrique Alfaro habla de refundar Jalisco, ¿a qué se refiere? ¿Qué supone refundar Jalisco?

Refundar tiene dos acepciones, de acuerdo con la Real Academia Española: la obvia -volver a fundar algo- y, la segunda, revisar la marcha de una institución o entidad, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptar éstos a los nuevos tiempos. Es decir, para la Academia, refundar es un concepto que se mueve entre dos tiempos, el pasado y el futuro. Tiene una dimensión de vuelta atrás -recuperar los principios originales- y otra de escape al futuro -adaptar a los nuevos tiempos-. Esta segunda acepción es la más compatible con lo que puede propiciar un Gobierno.

La campaña de Enrique Alfaro sostiene que refundar es, algo así, como redefinir las relaciones entre los gobiernos y la sociedad, y entre los poderes. Por lo que he leído y escuchado del propio candidato, refundar significa un nuevo acuerdo o pacto social. Se aleja del reformismo por su ambición, pero se asume más conservador que la ruptura. Una especie de tercera vía entre los cambios graduales que supone el reformismo y la estridencia que implica la ruptura con el sistema. Suena bien el debate, pero quedan dudas.

Aquí expongo tres.

La primera, qué nos garantiza, como sociedad, que la refundación que promete Enrique Alfaro y Movimiento Ciudadano no es un mero reacomodo de élites. Es decir, qué garantiza, más allá de poner buzones de sugerencias para que los ciudadanos expresen su opinión, que la refundación vendrá desde la sociedad misma y que todos cabrán en el nuevo pacto social. Jalisco ha estado lleno por décadas de “grandes alianzas”, “pactos”, “supuestos consensos”. Y, al final, eran simples actos histriónicos de los gobernantes, en acuerdo con los poderes más influyentes del Estado-sindicatos, empresarios, universidades-, para instaurar el gatopardismo como apuesta velada. Simula que quieres cambiar todo como coartada para proteger el estatus quo. Ejercicios de simulación que sólo buscaban representar los intereses de unos cuantos, excluyendo a la ciudadanía en su conjunto.

La tentación de un gobernante que llega con altos niveles de aprobación es transformar las reglas del juego, pero no para beneficio de las mayorías, sino para garantizar la hegemonía de su proyecto político. Cualquier apuesta de transformación institucional, sea refundación, redefinición o reestructuración -como le queramos llamar- sólo tiene sentido si es respaldada por amplias capas de la sociedad civil. No sólo de las organizaciones sociales más reconocidas, sino también de los vecinos, los pueblos, las comunidades, los indígenas, las minorías discriminadas, las mujeres, los jóvenes. No hay “refundación” como tal, si el acuerdo no nace en la sociedad. El pacto entre élites se desmorona en un instante.

Segundo, qué mecanismo le dará legitimidad al proceso de refundación. Y es aquí donde percibo las ausencias más notables. Ni el candidato ni los hombres de más peso en Movimiento Ciudadano saben qué instrumento se debe poner en marcha para refundar Jalisco. Dicen que eso se definirá después. Empero, el instrumento lo es todo. Si detrás de la propuesta de refundación existe la idea de un constituyente, ¿quiénes los integrarían? ¿cómo lo harán representativo? ¿habrá un referéndum posterior al constituyente para ratificar los acuerdos? El instrumento para validar el proceso de refundación no es una nimiedad, sino que determina la eficacia y la legitimidad presente y futura del cambio. Un ejercicio de reformismo -enviar iniciativas al Congreso- no tendría nada que ver con el concepto refundación. El reformismo fue la estrategia de Peña Nieto, por ejemplo.

Y tercero, la amplitud de la coalición que sostiene a Enrique Alfaro. Hay algo que podemos dar por un hecho: Enrique Alfaro, en caso de que llegue a ser gobernador, no podrá reformar la constitución de Jalisco sin aliados. Tendrá que buscan consensos con el PRI, el PRD, los Wikis, el PAN o algún otro compañero de viaje.

Se necesitarán 26 diputados para hacer cambios en la Carta Magna. Y si a eso le añadimos los acuerdos que ha hecho Enrique Alfaro tanto a nivel nacional como a nivel local, la coalición de intereses que rodea al candidato es enorme. Dice la máxima en Ciencia Política: la amplitud de la coalición de intereses que llevan a un político al Gobierno es inversamente proporcional al margen de maniobra que tiene para hacer cambios. ¿Es posible que Enrique Alfaro se comprometa a refundar Jalisco incluyendo a muchos de los actores que han resistido al cambio durante décadas? La teoría, al menos, nos dice que no.

Más allá de grandilocuencias, la refundación como concepto nos permite romper los candados de cualquier discusión y eso en campaña tiene su valor. Nos permite colocar sobre la mesa discusiones que competen a derechos, libertades, exclusiones, cooptaciones, disfuncionalidad, inoperancia. Como cualquier reforma política, en el centro está el poder. Quién lo tiene y cómo se usa. Qué tan distribuido está y qué tantos contrapesos existen.

La refundación puede ser otra maroma de las élites en turno para simular el cambio mientras afinan sus instrumentos de control, o bien, una oportunidad para construir consensos horizontales y distribuir el poder. Eso determinará si la refundación será un mero eslogan de campaña o un auténtico proyecto democrático al que se convoca a toda la ciudadanía.

DR

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