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Viernes, 17 de Agosto 2018

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Los límites de la identidad

Horacio Castellanos Moya presenta “Moronga”, su más reciente novela, donde narra las vicisitudes y huellas que deja la guerra entre las personas

Por: El Informador

Esta novela trata sobre la identidad, las historias individuales surgidas de la guerra, el pasado y el presente de los personajes. EL INFORMADOR/ G. Gallo

Esta novela trata sobre la identidad, las historias individuales surgidas de la guerra, el pasado y el presente de los personajes. EL INFORMADOR/ G. Gallo

"Moronga” es la historia de Zeledón y Aragón, dos personajes salvadoreños que habitan en Estados Unidos, luego de haber vivido y sobrevivido el conflicto bélico en el país centroamericano. Novedad editorial del escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya (1957), esta novela trata sobre la identidad, las historias individuales surgidas de la guerra, el pasado y el presente de los personajes. Durante su estancia en Guadalajara platicamos con el autor sobre este libro publicado dentro del sello literario Random House.

-Un tema de la novela es la identidad, desde un personaje situado en otro país, o a la identidad propia, situados 20 o 30 años después de sus historias. Zeledón trabaja revisando correos de trabajadores universitarios, al mismo tiempo que se comunica con mensajes cifrados.

-Cada uno de los dos personajes (que son tan antagónicos) tiene su origen en otras novelas. Zeledón es un ex guerrillero que carga una culpa muy fuerte: se intuye en la novela que ametralló un coche donde iba su madre. Eso sucede en otra novela también. Es un grave problema de identidad en el sentido de que quiere pasar lo más desapercibido posible: dejar de existir en cuanto a que es un impostor esencial. Él adquiere su actual identidad oficial, que le permite tener una visa y un estatuto de persona transitoria en Estados Unidos, esa identidad la consigue después de la guerra, y es falsa. No sabemos quién es: por eso quiere pasar con un perfil muy bajo, quiere borrarse. Quiere perderse, no quiere recordar. Por eso se enchufa con las series. Cuando sus amigos le recuerdan cosas de la guerra trata de borrarse. Es una persona que huye de sí misma, quiere encubrirse.
Es un problema de la contemporaneidad: la vigilancia, la falta de privacidad actualmente. No es un problema de un país, es un problema civilizatorio. Es un trabajo que le sale casualmente. Él en la guerra fue un hombre de acción: y los hombres de acción son victimarios. Es la única forma de sobrevivir en una guerra: no siendo matado, y matando. Es un trabajo que es la negación de lo que fue antes: él era vigilado. Ahora la vigilancia es legal: no solo eso, además nosotros como seres humanos ponemos toda nuestra información sin mayor problema, en manos de corporaciones.

-Al estar en otro país se menciona la otra vida: para los personajes también es otra vida, al estar situados en otros libros, tiempo después. ¿Cómo retomó las voces de los personajes?

-El caso de Aragón fue una consecuencia natural de mi novela anterior (El sueño del retorno). La novela sucede 20 años después: es 1991 y 2010. Aragón tiene 19 años más, es un hombre que va a cumplir 50 años, un hombre más maduro, o adulto. Pero sus rasgos de personalidad se acentúan, como dicen: los vicios con los años crecen. También los vicios mentales, las formas de comportamiento y pensamiento. Se va quedando más pegado, se cosifica. Su voz me vino naturalmente cuando comencé a poner al personaje en esa nueva situación, como profesor invitado que da algunas clases. Añejé un poco la voz, no de que tenga otra voz: es más amargo, un poco más culposo. Con los años tiene más conciencia de su incapacidad de relacionarse con el mundo de una forma natural. La voz de Zeledón es treinta años atrás, fue mucho más compleja en su creación. Esa vez era un chico, narrado en tercera persona. No reflexiona mucho: era un chico de acción. Ahora es un hombre derrotado que no cupo en la estructura de poder que formó la guerrilla al meterse al gobierno. Es consciente de su culpa, y eso lo esconde para sobrevivir. Lo mete hasta el fondo de su conciencia, pero lo atormenta: lo mantiene en un estado de tensión permanente. Pese a ser silencioso, a no hablar de su vida, a no querer recordar. La novela está en primera persona para mostrar esa combustión interna, que parece que va a explorar pese a su silencio.

-Los estilos varían: en esa primera parte, con Zeledón, se nota un poco más moderado; la segunda parte, con Aragón, parece más desbocado. Hay una parte más fragmentada.

-No es tanto la fragmentación: son oraciones cortas. Zeledón es un tipo que tiene mucho control mental, no deja que su mente se le escape: porque podría enloquecer. Aragón no controla: la frase es larga, oraciones subordinadas, párrafos inmensos. Estamos frente a un tipo silencioso y a un desbocado. Un tipo que no para de pensar, quizá no de hablar, pero no deja de pensar. Mientras que Zeledón es un tipo que habla poco: la oración es más breve, el párrafo más corto, todo se silencia. Con el otro todo se alarga.

-¿Retomar personajes que vivieron la violencia en Centroamérica es seguir señalando las consecuencias que vivieron los ciudadanos en los distintos países?

-Yo tengo un universo narrativo definido: Aragón forma parte de un grupo de novelas, de la familia. La mitad de mis novelas tienen que ver con esta familia. Aquí es una continuación de ese grupo. Con esas novelas se ve la historia contemporánea del país, muy subjetivamente porque es una ficción. Es importante, los personajes están marcados por el conflicto bélico. Pero de distinta manera: Zeledón es un hombre de acción que cometió inequidades. Aragón es víctima, o se siente víctima. Es más una especie de intelectual: primero es un periodista, luego historiador. Da unas clases en un collage, que no es una universidad grande. Los dos tienen un poco de derrota, con el peso de la historia del país: uno la quiere olvidar, otro hurga en ella con la vida de Roque Dalton, tiene obsesión con el conocimiento, con saber.

-Que Aragón investigue a Roque Dalton es también una llamada para los que no conocen al poeta.

-Roque siempre está presente en algunas de mis novelas. Cuando Aragón lo va a investigar es porque le parece el caso más paradigmático en términos de un intelectual salvadoreño. Hay miles de asesinatos en El Salvador: y cientos de dirigentes políticos, sindicales. Pero en el ámbito intelectual Dalton es el caso paradigmático no resuelto, y además controvertido, porque lo matan sus propios colegas.

DR

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