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Martes, 22 de Mayo 2018

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La chía: un tesoro de Acatic

Del suelo de un pequeño lugar perdido entre las barrancas del Río Verde en Jalisco, brota una semilla sumamente alimenticia y que acompaña casi cualquier platillo

Por: Pedro Fernández Somellera

Desde hace milenios nuestros ancestros ya la cultivaban, consumían y comerciaban, junto con el maíz, el frijol y el amaranto como parte básica de su dieta. EL INFORMADOR/ P. Somellera

Desde hace milenios nuestros ancestros ya la cultivaban, consumían y comerciaban, junto con el maíz, el frijol y el amaranto como parte básica de su dieta. EL INFORMADOR/ P. Somellera

La idea, ciertamente, era buscar el pueblo de Acatic; un pequeño lugar perdido entre las barrancas del Río Verde aquí en Jalisco. Nos habían dicho que en ese lugar es donde se cultiva exitosamente la pequeñísima semilla de Chía, ahora famosa en el mundo entero.

Siendo así, decidimos agarrar carretera para, investigar la planta en su mismo sitio: su floración, su semilla, su método de cultivo, su hábitat natural, el modo de recolección de esas minucias, que a pesar de su tamaño son tan impresionantemente alimenticias.

Ese día, en el que tuvimos la oportunidad de realizar nuestra investigación, el cielo estaba medio encapotado, y la carretera un poco resbalosa. En nuestras mentes comenzábamos a imaginar lo que supondría viajar por una carretera larga y enfadosa cuando… un letrero de de la carretera (a tan solo 60 km de Guadalajara) nos anunciaba que Acatic estaba ¡tan sólo 50 metros adelante! Vuelta súbita, caseta barata, caminito limpio y sosegado, y un bonito pueblo sin prisas ni bochornos, era lo que pacientemente nos esperaba un poco más delante. Era tiempo de elotes tiernos.

En cuanto intentamos preguntar, ya llegando al pueblo, por nuestro amigo el súper reconocido, simpático y dicharachero cronista del lugar, él mismo era quien estaba frente a nosotros esperándonos. No recuerdo haber mediado una sola palabra con nuestro anfitrión, cuando ya estaba trepado (no sé cómo) en nuestra camioneta, dirigiéndonos hacia su cuamil, antes que nos llegara el chaparrón.

Imposible sería negar que para elotes recién cortados y cocidos -a buen hervor con todo y hojas- en un gran cazo que se balanceaba sobre la leña ardiente en uno de los  recodos de su cuamil… no hay más allá que los elotes del vigoroso y divertido Miguel Loza.

Imposible sería pasar por alto que si los elotes de Acatic están más que buenos,  las hembras de por allá no se quedan ni un tantito atrás. Buena crianza a todas luces vista, se aparecen sin agua va, hasta en la esquina más olvidada de Acatic. Si una vez alguien dijo que por una mujer “París bien vale una misa”, por crianzas como las de ahí, hasta un vía crucis le agregaría sin esfuerzo alguno.  

Las nubes iban y venían. Las que traían agua nos ensopaban; y las otras que nomás pasaban, nos dejaban tan solo una rociadita en ropas y sombreros, mientras esperábamos que se cocieran los elotes que -casanga en mano- Miguel acababa de cortar nomás por el gusto de estar ahí en el campo entre las milpas, cobijados con un endeble poncho, y la nariz goteando los recuerdos de la lluvia pasajera, mientras mordisqueamos unos granos tiernos con sal y limón. Verdaderas delicias de los dioses campiranos.

Pero lo más importante de Acatic es el cultivo de la  Chía (Salvia hispánica). Una extraña planta de casi un metro de alta que luce elegantes flores hermafroditas azuladas, que alojan a las pequeñísimas semillitas (dos milímetros) altamente nutritivas, que desde hace milenios nuestros ancestros ya la cultivaban, consumían y comerciaban, junto con el maíz, el frijol y el amaranto como parte básica de su dieta. Bernardino de Sahagún narra que el cultivo de ella fue combatido hasta casi su extinción por considerarse sacrílego al ser usada en las ofrendas de los nativos a los dioses regionales. (¿?)

Es una delicia tomar la Chía, con agua de limón o con jugo de naranja, porque las semillitas al exudar mucílago se convierten en ricas esponjitas flotantes, que además de mejorar el tracto digestivo, son sumamente alimenticias por la gran cantidad de proteínas, grasas, carbohidratos, aminoácidos esenciales y ácidos grasos polinsaturados de la serie Omega 3.

Al rociarlas sobre las ensaladas, se le agrega un cierto saborcito a nuez. Lo mismo en el plato de cualquier cereal. O bien así tostaditas y con un poco de sal como botana. O bueno, ustedes tienen más imaginación culinaria que quien escribe, que no tiene más gracia que viajar, observar y compartir lo que consideró que sería interesante.

¡Échense una vuelta a Acatic; sé que lo disfrutarán! Compran su costalito de Chia a buen precio. Gozan del pueblo y sus bellezas. Saborean un elote tatemado en la plaza. Visitan los hornos donde fabrican las tejas artesanales tan características de por allá. Y pasan momentos pueblerinos de los que ya no se usan…  

Todo esto allí en Acatic, tan cerquita de Guadalajara.

pedrofernandezsomellera@prodigy.net.mx

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