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Miércoles, 14 de Noviembre 2018

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"La Punta: elegante y torera"

Al poniente de Jalisco,  se encuentra una histórica hacienda que ha criado a los mejores toros del lugar desde el año 1922

Por: El Informador

Tradición. Una vista de la Hacienda de La Punta. EL INFORMADOR/ F. González

Tradición. Una vista de la Hacienda de La Punta. EL INFORMADOR/ F. González

En el Norte y al poniente del Estado de Jalisco -acá por el lado de Los Altos- se encuentra acurrucada la histórica, añosa y muy torera hacienda de “La Punta”.

¿Bonita? La verdad que sí.
¿Torera? ¡Torerísima!

Su vacada brava ha estado en las mejores plazas, con los mejores carteles y con los mejores matadores. Muchos de sus magníficos ejemplares han  hecho cuajar faenas de apoteosis, ganando estos, el premio de aparecer para la posteridad colgados en alguna pared con cuernos y sin orejas, porque… quien lo ha matao es quien se ha llevao las dos orejas, y hasta posiblemente el rabo, como galardón a su arte torero y a su valor y hombría. (Lo de los cuernos ya es asunto de telenovela).    

Pero en fin, así son las ironías de la vida.

Y los señores Vaca, hasta la fecha y con gran éxito siguen criando toros. Toros de lidia: bravos, de buena estampa y dicen que… con trapío. Muchas son las corridas en las que el ganado de La Punta ha merecido el  reconocimiento de los que saben de la fiesta.    

Ese día de nuestra visita, mientras recorríamos la hacienda, pudimos ver -así como no queriendo la cosa- unos papeles que decían que un toro bautizado como el “Duende”, había sido indultado en la plaza de Saltillo; y otro de nombre el “Consentido” había corrido con la misma ilustre suerte en la ciudad de Monterrey. O sea que este par de toros de La Punta… por bravos, entrones y enjundiosos salvaron el pellejo.

Por los años del 1997, los hermanos Vaca adquirieron La Punta y... bravos como los toros de su crianza, aceptaron el reto y adquirieron de los señores Madrazo la famosa hacienda.
Tres generaciones de madrazos, fueron las que sostuvieron -a tiros y tirones- durante muchos años, a la famosa hacienda que alguna vez formó parte del enorme “Mayorazgo” de los Rincón Gallardo. Y ahora… con estos valientes hermanos Vaca, la crianza de toros está yendo nuevamente a su apogeo. Y no solo de toros, ¡habrá que ver la estupenda caballada que tienen estas gentes!

Enormes, bien cuidados y presumidos garañones se pasean de la cuerda de sus amos por la hacienda entera. Ojos relucientes, orejas atentas, grupa fuerte y brillante, equipo… como debe de ser, marcha altiva, inquieta “ma non tropo”, como en la música. Verdaderas esculturas vivientes, sin más ni más… y punto.

La hacienda misma… ni me pregunten.

Hay que tener tacto, cultura, gusto, buen capital disponible y mucho valor, para haber podido rescatar aquellos muros viejos, añosos y dolidos -sin lastimar las historias, recuerdos y memorias- para hacer de aquella casi olvidada finca del mil setecientos, un lugar de lujo en donde se pueda ir a pasar, si no una temporada, si un fin de semana agradabilísimo, con atención hotelera, spa y todos los esmeros imaginables, en un ambiente muy diferente, entre toros, vacas, toreros, historias y caballos, con el confort de un hostal de varias estrellas. Suena de maravilla ¿No?

Imagínense, desde el Siglo XVIII empezó a existir la hacienda como tal. Padeció los altercados de las guerras por nuestra independencia, las de la revolución, y para rematar… hasta las de la cristiada, que vinieron a escribir algunas letras en los libros de su historia. Imaginen los terrores (justos o injustos) que deben haber pasado los que en esas épocas habitaban la hacienda…

Pero bueno, luego vinieron mejores épocas, y se comenzó con la crianza de toros de lidia. En 1922 llegó de España una hermosa vaca llamada “Olivera”, que parió a “Olivero”, que fue uno de los sementales que inyectaron bravura a la ganadería punteña.    

Aquí en la hacienda han dormido, toreado y tentado toros… desde el gran Manolete, hasta Armillita, Chucho,  Capetillo; y en tiempos recientes, el Juli, el Sotoluco y Ortega, por mencionar algunos.

Las recámaras donde han vivido, están marcadas con emotivas placas, que añosas, parecieran querer detener los tiempos idos.

Unas tres horas en auto, se necesitan para llegar a La Punta desde Guadalajara. Habrá que tomar la carretera rumbo a Lagos de Moreno, y en seguida la carretera Aguascalientes - Ojuelos para, en el Km 42 dirección Ojuelos, encontrar nuevos señalamientos de la hacienda.

Es muy conveniente hacer reservación al 01 (449)  912 6046 o el 48 para que estén preparados para su visita.

pedrofernandezsomellera@prodigy.net.mx

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