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Sábado, 20 de Octubre 2018

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Ekaterimburgo, piel de hielo, alma de oro

Fundada en la época de Pedro “El Grande”, esta ciudad Rusa combina la arquitectura monumental con la buena gastronomía

Por: El Informador

Para los amantes de los climas fríos, Ekaterimburgo es el mismísimo Edén en la Tierra, pues vive siete meses de invierno

Para los amantes de los climas fríos, Ekaterimburgo es el mismísimo Edén en la Tierra, pues vive siete meses de invierno

Las guías de viaje te dirán más o menos lo mismo sobre Ekaterimburgo: un centro ferroviario clave de Rusia, que es la capital industrial y económica de los Urales; aquí se encuentra una de las sedes donde se disputará la Copa del Mundo de futbol. Pero lo importante de esta urbe es vivirla (y es mejor que cuando lo hagas, lleves un buen abrigo).

Para los amantes de los climas fríos, Ekaterimburgo es el mismísimo Edén en la Tierra, pues vive siete meses de invierno, aunque solamente los centrales (de noviembre a febrero) son realmente rigurosos, siendo el resto un poco más suaves. Aunque no es famosa en Occidente como Moscú y San Petersburgo, esta metrópoli de los Urales es clave para entender la historia Rusa, desde el imperio hasta la actualidad.

Está enclavada, además, en un punto geográfico destacado: justo la frontera entre la Rusia asiática y la europea (hay una línea en la ciudad para marcar los límites), por lo que si vas de viaje, podrás presumir que visitaste ambos continentes.

Lujo e historia

Uno de los puntos más interesantes de Ekaterimburgo es la Catedral de la Sangre Derramada, hermosa edificación de cúpulas doradas y muros blancos cuyo nombre se debe a que fue construida en el lugar exacto en el que murió Nicolás II (el último zar ruso), en 1918. Aunque su aspecto es un eco de las grandes catedrales rusas de los siglos XVIII y XIX, no es para nada antigua, pues fue construida entre el año 2000 y 2003.

La Casa Sevastyanov es uno de los edificios más bellos de la ciudad, y testigo del dorado pasado de Ekaterimburgo. Fue levantado por un empresario llamado Nykolai Sevastyanov en el siglo XVIII, quien se hizo rico por la fiebre de las minas de oro que vivió la urbe en aquella época.

A la distancia, la Casa Sevastyanov parece una gigantesca mansión de verano, con sus brillantes muros en verde esmeralda y una fachada adornada con hermosos patrones del neoclásico ruso. ¿Dato curioso? El dueño jamás vivió en la casa (prefería una pequeña choza a las afueras de la metrópoli), aunque sí le encantaba sentarse en el pórtico y ver el rostro sorprendido de los paseantes, algo que sigue ocurriendo hoy en día.

Los sabores de la ciudad

La comida rusa ofrece una variedad enorme de sabores, reflejo del gigantesco país que es, y en Ekaterimburgo tenemos algunos ejemplos.

Si lo tuyo son los cortes y los platos abundantes, entonces asiste al Stroganov-Grill (calle Belinskogo 55). Parrillada, churrascos, vino, postres, comida internacional y hablan inglés (lo que es de mucha ayuda, pues el menú también está en ese idioma). Todo a un buen precio y con un ambiente familiar. Te recomiendo curiosear su menú en la página www.facebook.com/stroganovgrill.

Si andas detrás de sabores más cercanos al mar, entonces visita el Moi Drug Olive (calle Bankovskiy In 10). Su barra de mariscos es exquisita, aunque también verás notas de la gastronomía italiana. También tienen vino, un omnipresente en la cocina rusa. Tip: de 12:00 a 13:00 horas tienen descuento del 50% en sus platillos.

Toma tiempo llegar

Ekaterimburgo se encuentra a mil 667 kilómetros de Moscú, y puedes llegar desde la capital rusa vía aérea. También es posible llegar en tren. Es importante que armes un itinerario adecuado para disfrutar tu paseo. 

YR

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