Jueves, 06 de Octubre 2022

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“Despreciados por causa del evangelio”

Sigue habiendo profetas que, habiendo optado por Cristo y la verdad del evangelio, son perseguidos por ello

Por: Dinámica pastoral UNIVA

Así como a Jeremías, a quien no lo ha dejado morir en el lodo, así de grande será la recompensa para quien en Él ponen su confianza. WIKIPEDIA/«Jeremías», de Miguel Ángel.

Así como a Jeremías, a quien no lo ha dejado morir en el lodo, así de grande será la recompensa para quien en Él ponen su confianza. WIKIPEDIA/«Jeremías», de Miguel Ángel.

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Jr 38, 4-6. 8-10.

«Durante el sitio de Jerusalén, los jefes que tenían prisionero a Jeremías dijeron al rey: "Hay que matar a este hombre, porque las cosas que dice desmoralizan a los guerreros que quedan en esta ciudad y a todo el pueblo. Es evidente que no busca el bienestar del pueblo, sino su perdición".

Respondió el rey Sedecías: "Lo tienen ya en sus manos y el rey no puede nada contra ustedes". Entonces ellos tomaron a Jeremías y, descolgándolo con cuerdas, lo echaron en el pozo del príncipe Melquías, situado en el patio de la prisión. En el pozo no había agua, sino lodo, y Jeremías quedó hundido en el lodo.

Ebed-Mélek, el etíope, oficial de palacio, fue a ver al rey y le dijo: "Señor, está mal hecho lo que estos hombres hicieron con Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre".

Entonces el rey ordenó a Ebed-Mélek: "Toma treinta hombres contigo y saca del pozo a Jeremías, antes de que muera"».

SEGUNDA LECTURA

Heb 12, 1-4.

«Hermanos: Rodeados, como estamos, por la multitud de antepasados nuestros, que dieron prueba de su fe, dejemos todo lo que nos estorba; librémonos del pecado que nos ata, para correr con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fija la mirada en Jesús, autor y consumador de nuestra fe. Él, en vista del gozo que se le proponía, aceptó la cruz, sin temer su ignominia, y por eso está sentado a la derecha del trono de Dios.

Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado».

EVANGELIO

Lc 12, 49-53.

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra''».

“Despreciados por causa del evangelio”

La vida y la misión del profeta Jeremías nunca fueron cosa fácil. Toda su tarea se enmarca dentro de un momento muy crítico en la historia del pueblo de Israel. El pueblo constantemente ha ignorado el mensaje divino que se le ha compartido por boca del profeta y vive ahora la fatalidad del destierro. A Jeremías le toca advertir, en honor a la verdad, la inminente ruina de Jerusalén. Poca es su fuerza en comparación con el gigante babilonio. Lo más triste, peligroso y fatal de todo esto, es la decisión de los príncipes, que, en vez de reaccionar y cambiar, prefieren callar al mensajero de Dios.

¡Qué triste escena! Un hombre bueno, sincero, amante de la verdad, es echado a un pozo donde se busca darle muerte. Quien hace la opción por Dios, por el bien, por la verdad, genera en muchos casos sufrimiento, dolor, enfrentamiento y hostilidad. El mensaje divino ilumina, señala, desinstala, remueve y eso no gusta en muchas personas. Quien enarbola y defiende dicho mensaje sufre las iras de los que prefieren seguir como están o mantenerlo todo como está, aunque sea caminando hacia la ruina.

Pareciera que una situación como la que vivió el profeta Jeremías difícilmente se puede llegar a repetir en la historia de la sociedad. Sería una pena muy grande que el hombre no aprendiera de sus errores del pasado. 

Pero por desgracia, todavía hoy, la vida y la misión del heraldo de la verdad divina se ven amenazadas por el egoísmo y los mezquinos placeres de este mundo. Sigue habiendo profetas que, habiendo optado por Cristo y la verdad del evangelio, son perseguidos por ello. Es triste saber que un hombre de buena voluntad por buscar que el amor, la igualdad, la justicia y todos los valores del reino de Dios se hagan presentes en la vida de la comunidad, sea perseguido y privado de su libertad. 

De pronto entendemos un poco sobre la figura del fuego que Jesús menciona en el evangelio. Es un fuego que trae disensión y odio. Ese fuego es su mensaje, su evangelio, el Reino. Esto causa disensión y odio pues quema como el fuego sacando a la luz las intenciones del corazón humano.

¿Qué hacer, como discípulos, ante todas estas dificultades? Seguir adelante, como Cristo lo hizo en su camino hacia el Calvario. Las experiencias actuales de persecución a causa del Evangelio nos hacen comprender estas palabras de Jesús. Jesús es una opción con “riesgo”. La respuesta urge y es sí o no. No cabe tibieza ni mediocridad. Optar por Él implica valentía, osadía, la que procede de saber bien “de quién me he fiado”. El Señor nos anima porque en medio de cualquier hostilidad por su causa Él siempre es auxilio y liberación. 

Así como a Jeremías, a quien no lo ha dejado morir en el lodo, así de grande será la recompensa para quien en Él ponen su confianza. Elevemos nuestras oraciones a Dios y pidamos por quienes sufren persecución, que Dios los fortalezca y libre de sus enemigos.

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