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Martes, 14 de Agosto 2018

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Debate y cálculos electorales

Hoy domingo, podremos observar el primer cara a cara de los cinco aspirantes a la Presidencia de la República

Por: Enrique Toussaint

Los debates son momentos importantes de una campaña porque muestran el temple de un candidato frente a la adversidad, su habilidad para defender su proyecto y su capacidad para atacar. EL INFORMADOR/ J. López

Los debates son momentos importantes de una campaña porque muestran el temple de un candidato frente a la adversidad, su habilidad para defender su proyecto y su capacidad para atacar. EL INFORMADOR/ J. López

La fecha de los debates siempre está marcada con rojo en el calendario. Nos remontamos a un lúcido Diego Fernández de Cevallos en 1994 o a un dolido Francisco Labastida frente al “bullying” que le propinó Vicente Fox en la campaña o qué decimos del histrionismo de este último cuando atacaba al PRI “a mi tal vez se me quite lo majadero, pero a ustedes lo mañosos y malos para gobernar no se les va a quitar nunca”. Hoy, paradójicamente, Fox apoya al candidato del tricolor. También nos acordamos de hechos que fueron más que anécdotas. Andrés Manuel López Obrador ausentándose en 2006 y el desabrido debate entre Felipe Calderón y Roberto Madrazo ese mismo año. Anécdotas sobran, igualmente: la edecán en 2012, por ejemplo. Los debates son puntos fundamentales en una campaña, pero ¿realmente mueven algo? ¿Pueden cambiar la tendencia de una elección?

Existe un consenso entre los analistas de la realidad política en México: Andrés Manuel López Obrador encabeza las preferencias electorales. El diferendo es la distancia. Unas encuestas lo colocan 10 puntos por encima del segundo lugar y, otras, como la que Reforma publicó el miércoles pasado, le dan hasta 22 puntos de ventaja. Otro consenso es que Ricardo Anaya es segundo lugar. La intención de voto, de acuerdo con los estudios demoscópicos y el promedio que define oraculus, se mueve entre los 26 y los 30 puntos. Esto quiere decir que Anaya dejó atrás a Meade desde inicios de marzo, pero ha sido incapaz de capitalizar plenamente su posición de retado frente a López Obrador-una explicación puede ser que el golpe de la PGR sí sacudió su campaña y su credibilidad. Meade es tercer lugar y ya casi todos los estudios demoscópicos lo ubican por debajo del 20%. Y un cuarto consenso: los dos candidatos independientes-Jaime Rodríguez y Margarita Zavala- están muy lejos de representar una alternativa de Gobierno. Ni siquiera alcanzan los dos dígitos de intención de voto. Esa es la fotografía con la que llegamos al día del primer debate presidencial.

López Obrador buscará convertir el debate en un monólogo. Si el tabasqueño ha sido poco arriesgado en estos ejercicios cuando las encuestas lo colocaban lejos del puntero-como en 2012-, imaginemos ahora que llega al debate con una ventaja holgada. Seguramente veremos que pondrá sobre la mesa algunas de las propuestas e ideas ejes que ha repetido durante su campaña-austeridad, lucha contra la corrupción, nacionalismo, reconciliación- y aplicará la máxima: “ni los veo ni los escucho”. La capacidad de López Obrador para navegar sin contratiempos depende menos de sus contrincantes y más de los moderadores. De acuerdo con lo que ha dicho el INE, los moderadores-Azucena Uresti, Denisse Maerker y Sergio Sarmiento- tendrán posibilidad de interactuar y podrán preguntar, y repreguntar, si es necesario. Es el primer experimento de un debate en donde los moderadores tienen protagonismo real. Sabemos que el cálculo de López Obrador es: si no pierdo por goleada, el debate habrá sido un éxito.

Ricardo Anaya es el que más se juega. El tiempo se le está agotando al queretano. Las encuestas muestran que ha sido incapaz de activar el voto útil y eso ha provocado que las encuestas muestren una distancia cada vez mayor entre el candidato de Morena y el abanderado del Frente. En términos boxísticos, Anaya necesita un KO. Si gana por puntos, no tendrá el impulso necesario para cerrar la brecha en las preferencias electorales. Sin embargo, al no haber sido capaz de cerrar por completo el caso que lo vinculaba al empresario Barreiro, seguramente perderá tiempo valioso en defenderse de un asunto que claramente lo ha afectado durante su campaña. Anaya saltó a la fama en un debate en el que trituró a Manlio Fabio Beltrones en la noche electoral de 2016, veremos si demuestra esa destreza en un escenario tan crítico como el de este domingo.

José Antonio Meade enfrenta una disyuntiva: ¿a quién atacar? El portal Oraculus le da 1% de posibilidades de ganar la elección. Por lo tanto, si ataca a Anaya, como lo hizo el PRI con el caso antes mencionado, estaría pavimentando el camino para que López Obrador siguiera creciendo en un escenario de confrontación entre el segundo y el tercer lugar de la contienda. Sin embargo, si se desgasta rivalizando con López Obrador, pierde cualquier posibilidad de acercarse a la segunda posición de Anaya. Será interesante ver por qué estrategia opta Meade, ya que marcará el tono de su campaña hasta el primero de julio.

Y los independientes. Ni Margarita Zavala ni Jaime Rodríguez El “Bronco” pueden ganar la elección. La ciudadanía no ha respondido efusivamente a la posibilidad de que algún independiente alcance Los Pinos. Tal vez porque ambos tienen un pasado partidista muy marcado o porque no perciben diferencias notables con respecto a lo que presentan los partidos políticos, pero Margarita Zavala y el Bronco se mueven entre los cuatro y los ocho puntos porcentuales. El “Bronco” llegó a polarizar y, por lo tanto, parece obvio que buscará el “cuerpo a cuerpo” con López Obrador durante el debate. El ex gobernador de Nuevo León abrirá las participaciones, por lo que desde ahí conoceremos sus intenciones. Zavala, por su parte, tratará de usar la carta de la mano dura en materia de seguridad, atacando a Anaya, por un lado, y a López Obrador. Analizando los datos, es innegable que Zavala sólo le puede quitar votos a Anaya y eso influirá en su estrategia.

Los debates son momentos importantes de una campaña porque dotan de información a la ciudadanía. No sólo datos y propuestas, sino también el temple de un candidato frente a la adversidad, su habilidad para defender su proyecto y su capacidad para atacar. De la misma forma, los debates son especiales porque son el espacio oportuno para los errores y las pifias. La presión de un debate que es visto por millones de personas puede propiciar equivocaciones que marquen una campaña. 

Suplemento Tapatío

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