Miércoles, 01 de Febrero 2023

¡Son las armas!

¿Por qué un niño de 11 años puede tomar dos pistolas y asesinar a su maestra?

Por: Enrique Toussaint

México está de luto tras el suceso de Torreón. Lo ocurrido en la escuela Cervantes reviste especial importancia porque es violencia que se acerca peligrosamente a nuestros entornos más cercanos. ESPECIAL / SUN

México está de luto tras el suceso de Torreón. Lo ocurrido en la escuela Cervantes reviste especial importancia porque es violencia que se acerca peligrosamente a nuestros entornos más cercanos. ESPECIAL / SUN

La historia es de terror. Un niño de sexto de primaria lo decreta a sus compañeros: hoy es el día. En ese momento, comienza a disparar contra su maestra y sus compañeros. Luego de asesinar a la docente, él decide quitarse la vida. Estos tiroteos escolares nunca han sido comunes en México, a diferencia de Estados Unidos que tiene que sufrir estas tragedias cotidianamente. ¿Qué explica lo que sucedió en Torreón, en el Colegio Cervantes? ¿Son los valores, la descomposición familiar, la precariedad, la salud mental o el acceso a las armas? ¿Todas a la vez o ninguna? ¿Podemos esperar que estos episodios se repitan en las escuelas mexicanas?

Vayamos por partes. Por supuesto que fenómenos como el que vimos en Coahuila tienen múltiples dimensiones de análisis. No hay una explicación hegemónica o excluyente. Es innegable que enfrentamos en México un grave problema de depresión y salud mental. De acuerdo con un estudio realizado por la UNAM, dos millones de mexicanos tienen depresión entre los 11 y los 20 años. No obstante, las enfermedades mentales siguen sin ser asumidas y enfrentadas como algo serio que necesita atención médica e incluso medicamento. Esta tasa de enfermedades mentales se deriva de modelos familiares rotos, situaciones sociales apremiantes (desempleo, precariedad),  el modelo económico, violencia, redes sociales y muchísimos factores más.

Luego hay que meter en el análisis el llamado “efecto contagio” en sociedades conectadas y globalizadas. El niño que atentó en la escuela en Torreón quiso recrear la masacre de la Escuela Secundaria de Columbine. Y estaba influido por un videojuego llamado Natural Selection, que incluso llevaba tatuado en su cuerpo. Las primeras investigaciones nos llevan a una persona con problemas psicológicos, que vivía con sus abuelos -tras la muerte de su madre- y que no había recibido la atención mental que necesitaba. Sin embargo, hay millones de mexicanos con esos problemas. Millones que pasan horas jugando videojuegos. Millones con entornos familiares y comunitarios complicados. ¿Qué diferencia a este estudiante del resto? ¿Por qué terminan ocurriendo estas tragedias?

Tras los tiroteos en Estados Unidos, ha habido un debate intenso sobre las razones que explican estos dolorosos acontecimientos. Los grupos conservadores, y aquellos que defienden que no haya restricciones en la venta de armas, dicen que es un problema de buenos y malos. Y que en algunas ocasiones, las armas caen en malas manos. La narrativa conservadora es que se debe respetar “el derecho a portar armas” para que los buenos se defiendan de los malos. Sin embargo, lo que nos dicen los datos es que hay una relación directa, casi proporcional, entre número de armas por habitantes y tiroteos. Para decirlo claramente: las sociedades más armadas son las más violentas. Las sociedades menos armadas son las menos violentas. Parece una verdad de Perogrullo, no obstante hay grupos que lo niegan.

En México, la violencia no se ha hecho presente de forma tan reiterada en las escuelas (el último suceso había sido en Nuevo León en 2017), sin embargo los datos muestran que los homicidas empiezan a edades más tempranas y la mayor parte de los muertos por la guerra entre cárteles oscila entre los 16 y los 25 años. Y esta violencia desatada, que afecta cada vez más a la juventud, la adolescencia y a los niños, está íntimamente relacionada con la cantidad de armas que existen en México. A nivel nacional, existen al día de hoy 16.8 millones de armas (cifras de Small Arms Survey); es decir, una por cada siete mexicanos. Esto convierte a México en el séptimo país más armado del mundo, la mayoría compradas en el mercado negro. Aunque muy lejos de las 393 millones de armas que existen en Estados Unidos, un país que tiene once veces más tiroteos masivos que cualquier país del mundo. La relación entre armas y este tipo de masacres es innegable.

Las armas no explican las motivaciones para matar, pero sí las materializan. Un niño de 10 u 11 años con graves trastornos psicológicos, pero sin acceso a pistolas, nunca podría hacer lo que hizo el estudiante en Torreón. Seguramente hubiera expresado su ira de otra manera, sin embargo es muy remota la posibilidad de que hubiera sido una tragedia que costara vidas. Los niños franceses, daneses, canadienses juegan los mismos videojuegos que los niños mexicanos y que los niños estadounidenses. Sin embargo, la tasa de homicidio infantil es altísima en países como México, Brasil, Colombia u Honduras, en donde es posible obtener un arma a los 10, 11, 12 años. Ya sea en el mercado negro o por acceso doméstico. No existe estrategia de seguridad en México que pueda tener algún viso de eficacia si no parte de la idea de que es urgente despistolizar al país. Podemos implementar las medidas que sean (mochilas seguras, cateos, detectores), pero si no atacamos el mercado negro y el legal de armas, será difícil reducir los niveles de violencia. El arma es lo letal, es lo que convierte una riña en un multihomicidio.

México está de luto tras el suceso de Torreón. Lo ocurrido en la escuela Cervantes reviste especial importancia porque es violencia que se acerca peligrosamente a nuestros entornos más cercanos. Muchas veces vivimos tranquilos porque nos mentimos al repetirnos que la violencia no nos va a tocar. Que los problemas de violencia sólo afectan a aquellos que se involucran en el negocio del crimen organizado. Empero, tragedias como ésta simbolizan la vulnerabilidad que enfrentamos a diario. México es uno de los países más violentos del mundo por una combinación nociva entre impunidad, dinero, drogas y armas. La coyuntura exige un drástico proceso de desarme nacional. No podremos vivir tranquilos, nunca, con 16 millones de armas paseándose por la calle.

Tapatío

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