Lunes, 30 de Marzo 2026

Empanadas de todos los sabores dan la bienvenida a turistas en el Centro

En total, 258 espacios autorizados aparecieron como cada año, marcando el inicio de una de las estampas más esperadas de la Semana Santa

Por: El Informador

Dulces y saladas, de cajeta, camote, piña, crema o camarón. Las empanadas se convierten en un irresistible atractivo gastronómico, que llena de sabor y tradición el Centro de Guadalajara en Semana Santa. EL INFORMADOR/ A. Navarro

Dulces y saladas, de cajeta, camote, piña, crema o camarón. Las empanadas se convierten en un irresistible atractivo gastronómico, que llena de sabor y tradición el Centro de Guadalajara en Semana Santa. EL INFORMADOR/ A. Navarro

Desde temprano, el Centro Histórico de Guadalajara volvió a oler a tradición. Entre campanadas, rezos y pasos apresurados, los puestos de empanadas aparecieron como cada año, marcando el inicio de una de las estampas más esperadas de la Semana Santa.

En total, 258 espacios autorizados transforman las inmediaciones de los templos emblemáticos del Centro, en un corredor donde conviven la fe, el antojo y el comercio. Bajo lonas coloridas, los puestos se llenan de empanadas doradas, crujientes y recién salidas del horno, listas para seducir a locales y visitantes.

Los sabores son un desfile irresistible. Para los amantes de lo dulce, no faltan las clásicas de crema pastelera, piña, fresa, cajeta, manzana y el tradicional camote, que evocan la infancia de muchos tapatíos. Cada mordida es suave, con rellenos generosos que contrastan con la masa ligeramente azucarada.

Del lado salado, el menú también conquista: empanadas de champiñones con queso, rajas con crema, atún o camarón ofrecen opciones sustanciosas para quienes buscan algo más que un antojo. El equilibrio entre masa y guiso convierte cada pieza en una comida completa para continuar el recorrido.

La escena se repite en puntos clave como la Catedral, El Santuario, La Merced, Aranzazú y San Francisco, donde el flujo de personas no se detiene. Familias, turistas y fieles avanzan entre puestos, algunos con cirios en mano, otros con una empanada.

Más allá del sabor, esta vendimia representa un respiro económico para decenas de comerciantes que dependen de la temporada. Y también una tradición que se mantiene viva: la de recorrer los templos y cerrar la jornada con una empanada en la mano.

Así, entre calor primaveral y aromas dulces, Guadalajara confirma que hay rituales que no solo se rezan. También se saborean.

CT

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